Bo Sinn penetra a fondo el culazo del guaperas Seth Knight en el maletero del coche con su gigantesco pollón | BROMO

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Tiró millas andando por el margen de la carretera. Con lo temprano que se había levantado esa mañana, prefirió ir andando para comprar hasta el pueblo más cercano antes que coger la moto. Cuando hacía la vuelta, un coche paró a pocos metros de él y dio marcha atrás. Seth Knight pensó que a lo mejor ese turista lo estaba confundiendo con un autoestopista.

Eh tio, ¿quieres montar?“. A Seth se le escapó una sonrisita nerviosa contestando a Bo Sinn. Ese chaval estaba buenísimo. Se fijo en su cara de machote tatuadita, en sus ojos de mirada retadora, en su ancha nariz con piercing. Cuando le preguntó de nuevo que qué podía ofrecerle a cambio de llevarle, Seth se bajó la parte delantera de los pantalones enseñándole la chorra colgando con una buena pelambrera en los huevos. Bo asintió, aprobó el percal y le abrió la puerta.

Por supuesto que no le llevó de nuevo al pueblo de inmediato. Antes hicieron una paradita internándose en el campo, cerca de una cabaña perdida. Bo aparcó el coche, se desabrochó la cremallera y se sacó la gigantesca verga. A Seth casi se le salieron los ojos de las órbitas al ver el tamaño de ese pollón. Era larguísima, enorme, gorda, lo más grande que había visto jamás entre las piernas de un tio. Al cabrón le costó sacársela de los vaqueros.

Igual que su instinto le hizo enseñarle la polla para subir a dar un paseo en coche, Seth encorvó la espalda en su asiento de copiloto y le practicó una buena mamada frente al volante que continuaron fuera del coche. Bo se quedó de pie y parapetó al chaval dejando abierta la puerta por si alguien pasaba y les veía. Le agarró la cabeza con las dos manos y le animó a atragantarse con su rabo.

El socorrido maletero fue el lugar en el que se lo folló. Como era de suponer no llevaba ni un puto condón en los bolsillos. Lo tumbó, se puso detrás de él y se la metió a pelo hasta los huevos. Joder, qué polla y qué bien follaba, como un animal, metiendo y sacando la gigantesca y cilíndrica barra a su antojo, pegando unas buenas culeadas, que bien podía permitirse con las dimensiones de ese pollón.

Sacando a relucir su vertiente dominante, Bo ató a Seth por los pies dejándole el culo abierto. Se escupió en la mano, se embadurnó el rabaco con su propio lubricante y volvió a sumergirla dentro del culazo de ese guaperas. Seth alucinaba con el tamaño de esa polla y estaba encantado con que un tiarrón así le follase el culo sin condón. No terminó tan contento cuando lo llevó de camino al pueblo atadito, con las piernas abiertas y el agujero del culo lleno de semen.

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