Vadim Romanov penetra el culazo de Sergio Jobbel y se corre en sus labios | Fucker Mate

Huge and Raw

La mayoría de tios soñaba con hacérselo con un futbolista (bueno, para ser realistas, con varios de ellos, a ser posible en los vestuarios y las duchas), pero la pasión de Vadim Romanov era penetrar el terso y redondito culito de un surfero rubio, melenas y guaperas. Que cuando le metiera la polla con fuerza, le ondulara la melena. Ver su cara de circunstancia al tener que manejarse en los mares profundos de su gigantesca pollaza.

Sergio Jobbel era el surfero perfecto. Con una sonrisa jodidamente encantadora que lograba empitonar a cualquier macho, le sacaba unos centímetros de altura, pero esperaba estar a la altura con lo que tenía que estarlo, con su rabo. Qué guapo estaba el cabrón con esos oyuelos, pero mucho más con los morritos pegados a su polla gorda.

Habría quien diría que todas las mamadas son iguales. Vadim era de los que pensaba que más bien eran parecidas, pero que de alguna forma cada una era particular en su esencia. El grado de fuerza con los labios, la succión, el trabajo con la lengua y lo profundo que uno quisiera llegar a metérsela, eran detalles que marcaban las diferencias. Por eso no, no todas las mamadas eran iguales.

Aquel machote se la estaba chupando de vicio. Empezó cogiéndole tímidamente el rabo con dos dedos por la base y chupando cipote. Le sorprendió tragándose casi toda la barra de carne. El tio fue lanzado, se inclinó y tragó y tragó hasta que casi se puso las pelotas por montera. Vadim, al que nada podía ponerle más cachondo que el que un tio se comiera su rabo entero, con lo grande que lo tenía, se vino arriba y empezó a follarle la boca.

Cogió esa carita guapa de la barbilla y la condujo hacia sus labios para besarlos. El sabor a su propia polla estaba impregnado ya en su boca. Le dio saliva, aunque no la necesitara, para que siguiera devorando su nabo. Tras ese pequeño parón demostrándole su cariño, Sergio se dedicó a su cipote. Vadim se levantó. Su enorme polla cayó por su propio peso rebotando en el aire, cerca de la cara del chaval, que no dudó en volver a atraparla entre sus labios.

Algunas veces, cuando veía pelis guarras de heteros con sus colegas, para machacársela con los maromos que salían en ella, Sergio era el único de la pandilla que entendía esos momentos de giro en el guión en que el hombre, con su polla erecta, agarraba a la chica de la mano y la llevaba donde él quería. Sergio entendía perfectamente cómo un hombre era capaz de mermar en ese molmento la fuerza de voluntad de una tia en la cama, porque había rabos de tal calibre que se hacían irresistibles al paladar.

Por eso siguió a Vadim al sofá. Por eso se arrodilló delante de él. Por eso coló la cabeza entre sus piernas y le comió todo el falo tan viril. Y no era cuestión de perder el honor, era cuestión de rendir tributo a los frutos y placeres de la naturaleza.

La polla estaba cada vez más grande, más dura y venosa. El surfero cabeceaba entre sus piernas como un experto en aguas salvajes. Le dejó la barra bien mojada y los huevos comidos. Qué cariño depositaba en ellos, chupandolos y tirando de cada uno de ellos con la fuerza justa para empinarle la polla. Entonces la nariz rozaba el rabo y los pelitos rubios del flequillo le daban un suave masaje en el capullo.

Le descubrió meneándose la polla mientras se la chupaba. El chaval estaba muy bien dotado, aunque es algo que Vadim ya había supuesto al verle con el neopreno. No sólo se había declarado a él por nalgón y guapo, también porque quería sentir el golpeteo de su rabo cuando saltase sobre él en pleno acto. De momento le tumbó sobre el reposabrazos del sofá, le elevó las piernas y comenzó a trabajarse su agujerito.

Ahora era él el que perdía la dignidad arrodillándose en el suelo, colando sus morros en la raja del culo, con una estupenda vista frente a sus ojos de unos buenos huevacos y al fondo la cara del chaval, guapísimo, que no dejaba de gemir y mirar hacia abajo. A Vadim le encantaba juguetear y como quien no quiere la cosa, se levantó y pasó su polla rozando justo por su ojete. Sabía que eso le ponía cachondo a cualquiera y era una forma de dilatar las pupilas de los ojos bonitos.

Le lanzó un escupitajo en la parte baja de los huevos que bajó deslizándose por toda la raja del culazo. Le quitó por completo los calzones y lo puso a cuatro patas encima de la mesa que había frente al sofá. Así que el muy cabrón tenía tatuado en las nalgas la palabra “fóllame“. Aquello debía ser una invitación exclusiva para los que llegasen a verlo.

Vadim hizo uso de su pase vip. Se puso detrás del chaval, condujo la polla hasta su apretado agujero y se la fue insertando lentamente, quizá demasiado para lo que Sergio esperaba, que tomó las riendas doblando las rodillas y conduciendo su trasero hacia atrás para que esa pedazo de polla gigantesca estuviera cuanto antes dentro de su culo.

Eso era vida. Por fin penetrando en la mente de un surfero. Sus nalgas le servían como punto de apoyo para no perder el equilibrio. Sobre ellas posaba las manos y le metía un buen apretón por detrás con la polla completamente a pelo. Super ajustadita, tanto que, de haber sido ese encuentro un casual entre dos amiguetes no muy duchos en el tema, ya le habría dejado una preñadita.

Vadim volvió a poner sus posaderas en el sofá por orden de Sergio, que ya quería montarle la polla. El chavalito se sentó sobre sus piernas insertándose el trabuco y empezó a pegar pequeños saltitos acompañados con un meneo de culete pajero que le sorprendió para bien. Cómo le gustaba eso. Un tio guapo saltando sobre él, su larga polla rozando su estómago, sus abdominales usados como sábanas para una pajilla. Úsame, guapo, úsame.

Le agarró las nalgas y se las apretó hacia adentro. Así tenía el poder de decidir la presión que las paredes del culazo del chaval ejercían sobre su polla. Joder con el chavalín, menuda minga. Cuando se levantó para darse la vuelta se la vio. Larguísima, morcillona, como una pitón. Quizá después le pusiera el culo.

Si quedaba algo de timidez en el surfero, esta ya se había evaporado por completo. Sergio se sentó de nuevo sobre las piernas de Vadim dándole la espalda y siguió pajeándole la polla con el culo, dejándose caer hacia atrás para abrazarse a él y mirarle bien a la cara mientras se lo hacía. Vadim necesitaba dejarlo en una mejor posición para cuando el chaval se sacase la leche.

Le hizo un ovillo contra el sofá, poniéndole las rodillas contra el pecho y penetrándole desde arriba. Así podía ver mejor la paja. Menuda puñeta se hizo, rápida y con fuerza. Vadim siguió cascándole la polla a pelo dentro del culo hasta que el chaval juró por su corrida. Ni a chorrazos ni como lava, sino charcos de lefa cayendo blancos y espesos en gran cantidad alrededor de su ombligo, impregnando la suavidad de su torso.

Con la leche encima, Sergio miró fijamente a Vadim. Quería su leche. Se retorció sobre el sofá hasta dejar la cabeza en el reposabrazos, justo a la altura a la que Vadim se la estaba pelando. Toma, guaperas! Un primer chorrete de lefa cayó como un hilo comenzando por su barbilla, subiendo hacia la comisura de sus labios, internándose en su boca para volver a salir por la otra comisura del labio y de ahí otra vez a la barbilla. Como un artista, vamos.

Le metió el cipote en la boca para que le rechupara toda la miel y, una vez recuperado de la intensa corrida, bajó a lamer los morritos del chaval impregnados con toda su lefa. Otros seguirían empeñados en probar culo de futbolista, pero Vadim seguiría recorriendo las playas para buscar a surferos capaces de domar las olas de su polla.

 VER HUGE AND RAW EN FUCKERMATE.COM

 VER HUGE AND RAW EN FUCKERMATE.COM

Mostrar más
Botón volver arriba
Cerrar