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Andy Onassis se folla el culazo de Ken Summers sin condón con su enorme y gordísima verga | Fucker Mate

Movie Time

Qué bien conocemos esos nervios, esa ansiedad que siente Ken Summers en los momentos previos a las vacaciones, cuando todos están a punto de irse y él se queda en casa, deseando que salgan por la puerta, las ganazas de coger su colección de pelis porno, quedarse en bolas sin temor a que nadie entre por la puerta sorprendiéndolo con las manos en la masa y cascarse un buen pajote hasta quedarse nuevo.

Los nervios y las putas ganas le hacen precipitarse. Casi ni acierta a elegir la peli, porque con cualquiera de ellas con esos tios pollones reventando culos a pelo le vale. Avanza justo a la parte en la que un maromo arropa a un zagal con sus brazos en mitad del bosque y con las manos le abre los cachetes de ese culo que se va a follar. Ken ya tiene la mano sobándose el pito y no se ha dado cuenta de que Andy Onassis, el amigo de su padre, todavía está en la ducha después de haber visto el partido.

Con otra forma de ser, Ken se hubiera achantado al ver a ese macho fornido en gayumbos entrar por la puerta de su habitación, pero el amigo de su padre le mola tanto y está tan caliente en plena paja, que sigue tocándose ante su presencia y le sonríe intentando que caiga en sus redes. Ken es un conquistador nato y donde pone el ojo, pone la bala.

A punto de girar la pantalla del portátil. “Melones y chochitos, qué sinvergüenza. Las que nos hemos cascado así tu padre y yo“, le dice Andy. Ken vuelve a sonreir, porque la pantalla está a punto de girar. “¿Te gusta lo que tenemos los hombres colgando entre las piernas?“, dice, como con miedo a pronunciar la palabra rabo, pero él también se toca el paquete.

Invita a Ken a cerrar el portátil, porque promete hacer con él una de esas escenas inolvidables para una película. El primer beso les levanta la polla. Ken parece un chavalín a su lado, la cara del chico se reboza por el bigote y la barba de ese machote que acaba de meterle la lengua por la boca y le está dando un buen repasito. Ken cae de bruces con la cabeza a la altura del paquetón, vuelve a subir sintiendo de cerca el calor que desprende el cuerpazo peludo, los pectorales curtitos de esa bestia folladora.

Vuelve a caer. Agarra el paquete con la mano y lo hace rebotar. Ahí no sobra nada, toda la tela rellena de rabo y pelotas. Grande, muy grande. Lo esnifa, huele a rabo, a huevera. Se ha puesto los mismos calzones que llevaba antes de ducharse. Se la saca. Un mazo gordísimo y gigantesco entre sus manos. Ken siempre ha querido perderse entre las piernas de un hombre así de bien dotado.

Arropa el capullo y la piel entre sus labios. Sabe que esas pollas así de grandes necesitan un tiempo para crecer hasta su máximo exponente, pero domina la técnica para lograr que se pongan duras en tiempo récord. El secreto está en propiciar la mamada en la parte baja del frenillo y en tragar hasta el fondo, porque cuando un cabrón así ve desaparecer su enorme rabo en un hueco estrecho, se vuelven unos salidos.

De blandita pasa a morcillona. La menea de lado a lado mirándola de cerca y después mira a Andy halagando su hombría. Las palabras de ánimo y más siendo verdaderas, son también importantes para que el miembro crezca. El pollón ya se sostiene solo. Ken se quita toda la ropa y se pone como un gatito en celo a cabecear chupando pija, dejando que Andy vea su blanquito, suave y en apariencia inmaculado trasero meneándose por ahí abajo, a la espera del gran rabo.

Ya está casi completamente dura. Terminará de estarlo cuando le penetre el ojal, de eso está seguro. Empapada en su saliva, Ken necesita dejar descansar la mandíbula. Se da la vuelta poniéndose a cuatro patas sobre la cama y hace una ofrenda de su culo agachando la espalda y separando las piernas. Otra vez siente el repaso de esa lengua enorme, pero esta vez dándole un enorme placer raspándole suavemente la raja del culo.

¿Y si invita a ese macho a quedarse todas las vacaciones allí con él para pasarse todo el puto día, todos los putos días follando como cerdos? Al cabrón le gusta comer culos. Se sienta en el suelo y pone la cabeza en el borde de la cama. Ken sólo tiene que hacer una sentadilla y postrar sus posaderas sobre esa boca hambrienta. Le saca jugo a la barba meneando el culete y frotándolo contra ella. De puta madre.

Da unos pasos hacia atrás bajando de la cama. Vuelve a hacer la sentadilla, esta vez para clavarse polla. Tiene el ojete tan abierto y acierta a la primera dejando que ese mastodóntico trabuco se le cuele por el agujero sin condón. Demasiado gordo incluso para él, tanto que le hace gemir como nunca. Se lo saca y le relame el cipote, le escupe encima. En el nuevo intetno se la inserta enterita y le flojean las piernas. Sentadito en las piernas de papi.

Tarda un rato en recuperarse de ese primer y grandioso encuentro. recupera la fuerza necesaria en las piernas para posar los pies en el suelo y saltar sobre el pollote. Nunca habían estado tan cerca. Jamás hubiera pensado que iba a estar tan enganchado a la pollaza de ese hombretón que se presentaba en casa para ver el fútbol, mientras él jugaba con la consola. Agarrado a su cuello, follado, abandonado a los placeres de un buen pedazo de carne que tanto gusto le daba.

Tras la paja porculeadora, le dejó sentirse hombre. Se tumbó como una perra en la cama, se abrió de piernas y el tiarrón empezó a taladrarle el hueco. Con los huevos de corbata del gusto, intentó mirar hacia otra parte para no correrse, pero aún podía sentir esa pequeña barrigota cervecera sobándole las pelotas cada vez que se la colaba por el ojete.

Le estaban dando por culo como nunca en su vida. Regresó a la posición a cuatro patas y llamó a su papi que lo siguió y se puso de rodillas en la cama para metérsela. Miedo a comvertirse en estatua de sal, miedo a echar la vista atrás y ver a ese hombre de torso descomunal follándose su agujerito. Andy era un dios y él un simple mortal sucumbiendo a los designios. Una mano gigante se posó sobre su cabeza y le agarró de los pelos.

Cada vez que ese enorme pijote abandonaba su entrepierna, el culazo de Ken chorreaba. Volvió a saltar sobre la jodida verga y bufó como un energúmeno cuando se soltó el pajote. Apoyó la cabeza sobre la barrigota cervecera. Andy le posó la mano calentita sobre el cuello. Ken tenía ese pollón a dos centímetros de la jeta y seguía vehementemente con sus ojos los fuertes y rápidos movimientos de la masturbación de la mano.

Un gemido de corrida, un cipote que se volvía de color rojizo y alcanzaba su mayor tamaño, la leche blanca y calentita mojando sus labios, pequeños chorretes cayendo sobre los pelos de la verga. Feliz de haber presenciado de cerca cómo era la corrida de un macho, como la suya pero más intensa. Cogió la polla todavía tiesa y relamió la raja del capullo depurando la leche mientras la banda sonora de un vozarrón de hombre resonaba cerca.

Juguetón, sonrió a Andy con la lefa colgando de su lengua, hizo una sentadilla y volvió a meterse esa polla cargada de leche dentro del culo. Mientras lo hacía, Ken aprovechó para compartir el semen con su dueño. Andy sacó la lengua y Ken se la cogió entre los labios mojados de esperma.

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