Tendencia

Diego Summers empala a Joaquin Santana con su gorda y enorme polla | Fucker Mate

Cum Upstairs

Cómo no iba a subir varios pisos con rapidez si en lo alto de las escaleras le estaba esperando Diego Summers, tan musculos, atractivo y varonil, con su camiseta de Adidas bien guapa, ajustada a todos esos músculos, las mangas potenciando sus robustos biceps y con nla enorme y gorda polla dura y tiesa formando un ángulo de ciento treinta grados por lo menos.

Joaquin Santana se apresuró a hincar las rodillas en el descansillo, la agarró con timidez por la base con sus dedos, que era deditos comparados con el tamaño de esa gigantesca polla y primero se la colocó en los labios, con el cipote rozando su nariz, sintiendo todo el calorcito que desprendía, para después pegar la primera calada.

La atención que prestaba al rabo, no conseguía distraerle de otras cosas que sucedían a su alrededor, comenzando por el vecino, del cual estaba seguro que estaba mirando por la mirilla tocándose. Pensando que eso era verdad, se puso más cariñoso todavía mamando el rabo. Nada le gustaba más que ser una buena puta cuando había que serlo.

Se retiró para coger perspectiva, miró hacia arriba y se topó con los ojazos de Diego, con el cuerpazo que tenía ante él. Le encantaba estar chupándosela a ese macho. Diego se quitó la camiseta. Ya se intuía lo que había debajo, pero a Joaquin le gustó tanto que se levantó para ser arropado entre unos fuertes brazos que lo aproximaran a ese torso desnudo. Mientras lo hacía, el pollón se rebozaba por encima de su cadera, rozando su camiseta, durísimo como una roca.

Dobló el brazo, se la masturbó un poco y bajó de nuevo a chupársela. El vecino tendría que esperar a la próxima sesión o ponerse a escuchar tras las paredes, porque ya se iban a meter dentro del piso. Joaquin se adelantó, mordiéndose los labios mientras cogía con su mano el enorme rabo de Diego que lo seguía detrás, pensando la de guarradas que iba a cometer aquella tarde con ese mango.

En la tenue oscuridad del descansillo de las escaleras, se sentía casi como en un cuarto oscuro, uno donde la magia estaba en no verlo todo y tener que imaginar cosas. Ahora en el salón iluminado, podía ver mejor a su macho y a su polla, sin posibilidad de imaginar, pero sí de soñar. Diego se la agarró por la base, forzando con el pulgar por la parte de arriba para rebajar un poco el empinamiento y se la metió dentro de la boca para follarle.

Era tan grande la cabrona que no le entraba nada más que la mitad o un poco más. Joaquin se levantaba de vez en cuando porque le molaba sentir la dureza del pollón rozándole el cuerpo, los alrededores del ombligo. Era algo que le ponía cachondo como una perra para después bajar y mamar con más ahínco. Se tumbó en la cama y Diego lo persiguió de rodillas para darle rabo.

No había ido a la cama para seguir comiendo, sino para ser devorado por ese león. Menudito como era, diana para tios grandotes como ese, se puso en una postura difícil de resistirse para los machotes, recogido de manos y piernas hecho un ovillo boca arriba. Eso les encantaba a los más pollones, porque tenían por delante la difícil y respetable misión de horadar un orificio pequeño con sus enormes trancas.

Antes de eso, Diego le plantó los morros en la raja del culo. Con la nariz le acariciaba la base de los huevos y sus labios formaron una ventosa en torno a su agujero por el que hábilmente metía la lengua para joderle el ojal como un experto.

Por si la polla se había quedado reseca después de tanta comilona, Joaquin le hizo sentarse en la cama y se la volvió a chupar, dejando claro que su saliva era el único lubricante que quería para ser follado. Diego estaba tumbado a cuerpo de rey sobre la cama, estirado, con los brazos detrás de la cabeza, disfrutando de la mamada. Joaquin se subió a la cama, justo en el borde. Fue haciendo una sentadilla. Cogió el duro rabo por detrás y lo condujo a la entrada de su agujero, depositando el cipote justo a la entrada. Dejándose caer, sintió cómo uno a uno iban entrando en su interior los centímetros de esa enorme polla que se hundía dentro de su cuerpo.

No había perdido el conocimiento, pero tener toda esa ingente cantidad de rabo perforándole el ojete sí le había transportado a otro Universo de felicidad y éxtasis. El gemido que soltó por su boca al hundirse la polla entera dentro de su culo, lo demostraba. Se quedó encorvado hacia adelante, besando a Diego, meneando su cuerpo como intentando abarcar más de lo que ya tenía dentro, que era toda la tranca entera.

Diego lo devolvió a la realidad culeando desde abajo, haciéndolo rebotar sobre su torso una y otra vez ensartado en su polla. Entonces Joaquin se agarró a los muslacos y le regaló una paja, masturbando ese joystick dentro de sus nalgas, saltando sobre él, haciendo resbalar sus pelotas y su pija con cada salto sobre el cuerpo de ese enorme machote super dotado.

El pollón era inmenso. Se ajustaba como un guante a su ano y realmente era una maravilla verlo entrar y salir apretadito y gigantesco contra las paredes de su culo tragón. Sin sacársela, Joaquin pivotó sobre la polla y dio la espalda a Diego saltando de nuevo sobre ese enorme palo duro, haciendo el puente sobre su cuerpazo, unidos ya sólo por esa polla que se alzaba y se clavaba entre sus nalgas con vicio.

Se había recreado tanto dando gusto a esa polla, que se había olvidado de un clásico imposible de dejar pasar por alto teniendo a un tiarrón así en la cama. Joaquin se puso a cuatro patas y dejó que Diego le diera duro y profundo por detrás como un buen macho. Se rindió totalmente cuando sintió las fuertes manos de ese hombre acomodándose en sus caderas, penetrándole por detrás como un cabrón.

Aunque cayó de bruces encima de la cama por el ímpetu con el que se lo follaba, no cedió con el culo ni un centímetro. Diego ya estaba encima de él, dándole por el culo sin parar. Sentir su aliento y sus gemidos apagados en la oreja le volvieron loco. Cuando Joaquin volvió a abrir los ojos, ese capullo ya se había puesto en postura de flexiones sobre él y disfrutaba metiéndosela por su aparente virginal agujerito.

Diego le dio la vuelta y siguió follándoselo a pelo con la misma energía. Joaquin aprovechó las vistas de ese tiarrón dándole duro y con los músculos en pleno apogeo para cascarse un buen pajote. Fue un placer sacarse la leche mirando una cara de vicio y de rabia, unos brazos fuertes separando sus piernas, ese pedazo hombre metiéndose en su interior. La leche salió con un buen disparo por debajo de su brazo hasta su axila y el resto se lo dejó por encima.

Le dio por culo hasta que le salió la última gota, entonces Diego se tumbó a su lado y se pajeó soltando unos gemidos de animal cuando la lefa empezó a salir de su capullo en cortos chorretes blancos que se quedaban zigzagueando en su cipote hasta que el movimiento de la paja y la cantidad los hacían caer cerca de su ombligo. Joaquin miraba de cerca para no perderse el espectáculo, sintiendo cómo el vientre de Diego subía y bajaba a cada espasmo. Acercó la boca cuando aún se la estaba pelando y pegó varias caladas a ese cipotón mojado, cerrando ese capullo entre sus labios y chupando el néctar que quedaba en la raja.

 VER CUM UPSTAIRS EN FUCKERMATE.COM

 VER CUM UPSTAIRS EN FUCKERMATE.COM

Botón volver arriba
Cerrar