Pajote de camping con Brad Hunter | Bentley Race

Iba paseando tranquilamente como un dominguero por una charca. Brad Hunter se bajó los boxer. Tenía la polla tan blanca como el cuerpo y destacaba soberanamente, tanto que los ojos se me iban a ella directamente. Entonces se agachó y posó su culo en la charca. Apenas le cubría de forma que su culazo y los huevos quedaban cubiertos de agua. Y empezó a cascarse una paja delante de mí.

Al rato se levantó. El agua brillaba bajo la luz del sol, resbalando entre sus muslos, goteando de sus pelotas. Se puso a la sombra del maletero del jeep y allí, ajeno a miradas impertinentes, siguió dándome un recital de paja que no se me iba a olvidar. Se puso las gafas de sol, haciéndose el interesante, y comenzó a insinuar su polla y lo mucho que le apetecía que me acercara para tocarla.

Nada me apetecía más. Totalmente dura, era un pollón gigantesco y desproporcionado. Acudí a su encuentro. Liberé su mano y la intercambié por la mía. Sin duda su rabo era ahora mismo el punto más caliente en kilómetros a la redonda en esa montaña perdida. El tio se tumbó a cuerpo de rey y dejó que le masturbara la polla. Tarde o temprano tenía que ocurrir. Encorvé mi espalda para chuparsela y juré que no iba a incorporarme a no ser que fuera con la boca chorreante de lefa.

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