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Roald Ekberg se folla sin condón al guapísimo Maori Mortensen y le mete los lefazos directos en la boca | Bel Ami Online

El chico de campo atraído por el chico de ciudad. Roald Ekberg, con camisa blanca de manga corta de motero y unos cómodos tejanos azules, se ruboriza fácilmente cuando está cerca de Maori Mortensen. Confiesa el motivo: el chaval le gusta mucho. No es para menos. Repeinadito, guapo, ojazos con una mirada que quita el hipo.

La cara de Roald ya no puede estar más roja que un tomate cuando Maori se quita la camiseta. Él tampoco tiene nada que envidiarle. Los vaqueros de cintura baja hacen que su torso morenito y plano parezca interminable. Los dos están cachas y se aventura una follada de miedo, solo que antes deben perder la vergüenza que aún les queda.

Roald está acostumbrado a lidiar mejor con estas cosas. En el campo las reglas son distintas y tampoco hay mucho donde elegir. La ciudad es distinta, si hoy no es uno, mañana será otro, o un minuto más tarde, montones de tios por todas partes a cualquier hora en cualquier lugar. Su compi está desnudo. Entre las piernas ya se puede ver cómo le cuelgan los cojones. Él se agacha y le da unas palmaditas en el culete.

Frente a frente se pegan un morreo. Roald sigue amarrado a esas nalgas. Si esto fuera el baile de fin de curso, un profesor ya habría puesto al menos veinte centímetros de por medios. Que corra el aire. Aquí no es porque les obliguen, es que es necesario, para dejar que choquen como espadas sus dos largas y enormes pollas que se van poniendo dura al contacto.

Menuda porra tiene Maori, gordísima. Su cipote no hace más que rozar la cintura de Roald de lado a lado y al final Roald termina sentándole en la cama para comerle el pepito, para chuparle las pelotas. Hábilmente con la lengua le levanta las bolas y vuelve a dejarlas caer. Le empuña el rabo y lo pajea duro mientras con la lengua se entretiene en la raja de su cipote.

Quiere que el chico guapo de ciudad pruebe barra de pan de pueblo. Empezó por la polla y acaba abriéndole de piernas, jugando con la lengua dentro de su apretado culito. Se la mete toda bien larga y sin condón. Maori se casca una paja mientras recibe la follada por detrás.

Después se tumba para que le siga follando y la finaliza soltando una buena salva de lefazos. Roald no puede contenerse y se agacha para probar los últimos mecos que le salen por la polla. El chico de campo se ha puesto bien cerdo. Se la vuelve a meter, esta vez sin medida, metiendo y sacando hasta que le viene el gustillo. Entonces corre raudo y enfila el rabo directo hacia la boca de Roald. Uno tras otro los chorrazos se van colando dentro de su boca. El chaval sonríe, sigue estando igual de bueno, igual de guapo, solo que ahora más, con la boca llena de semen.

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