Diego Reyes se folla el culazo peludo de Paco en “Talented” | Men At Play

El control de calidad de los trajes que fabricaban en el taller en el que trabajaba Diego Reyes, le pilló un poco por sorpresa. Se quedó alucinando cuando estaba tranquilamente colocando los trajes en los percheros antes de que los mozos se lo llevaran directos a la tienda y vio que Paco, su jefe directo más inmediato, se quedaba en bolas y se enfundaba al azar uno de esos pantalones con camisa, chaqueta y corbata.

Diego no podía quitarle la vista de encima, aprovechando que no se estaba dando cuenta, o eso creía él. Con los pantalones en la mano que se quedó embobado con el cuerpazo de ese macho alfa, tan fuerte, unas piernacas musculosas y potentes, torso peludo de lobo. Le gustaba vestir a los hombres y ver cómo se vestían y por eso le molaba ese trabajo, porque de vez en cuando se hacía el coleguita de los clientes que más le gustaban y terminaba pasándoles ropa directamente al vestidor. Sus habilidades seductoras ya hacían el resto y más de una vez acabó bien follado tras las cortinas.

Por supuesto que Paco estaba observando que su empleado no le quitaba ojo, pero dejó que se recrease la vista mientras se ponía las medias o cuando hacía ese movimiento final acomodándose la corbata, un gesto de masculinidad que a buen recaudo ponía cachondo a cualquier tío. Y cuando lo tuvo todo puesto en su sitio, acudió a camelarse a ese guaperas.

Avance “Talented”

 

Dudó de si llevaba calzones, porque menuda tienda de campaña se había montado él solito. Diego agarró la cabeza de Paco con fuerza y la empujó hacia abajo obligándole a sacarle el pollón de la bragueta y a comérsela entera. Menuda tranca tan larga. Diego se volvía loquito sintiendo el apretón de los gordos labios de ese macho cabrón tragándose su enorme polla. El tio no escatimaba en mimos para su rabo y el roce de la espesa barba le tenía el rabo a punto de nieve. Descubrió que una de sus especialidades era comer huevos.

El jefe se fue bajando los pantalones, descubriendo su hermoso, peludo y gran culazo. Diego iba a tener que dar la talla. Le había puesto tan cerdo con la mamada que se creía capaz de todo y mucho más, así que acudió como una fiera a meterle dos dedacos por el ojete. Cómo se los comía el tio y qué calorcito hacía ahí dentro. Le quitó la comida de la boca y se la metió por el culo, le agarró de la chaqueta del traje y se lo cabalgó como un vaquero del oeste.

Perdió la polla en el interior de ese culo tragón y al ver que desaparecía, se obligó a sí mismo a meterla con más rabia. Si entraba holgada, había que aplicarse más follando duro. Paco gemía siendo penetrado por ese chulazo, pero algo tenía en esa mirada de vicio que Diego necesitaba metérsela en plan duro, sin contemplaciones, hasta los huevos.

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