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Koldo Goran penetra el culo de Anteo Chara sin condón y le mete todo el semen por la boca | Fucker Mate

El ejercicio matinal era algo que no podía faltar en la dieta de Anteo Chara. Se abría de piernas en ángulo de ciento ochenta grados y estiraba el cuerpo a un lado y a otro mejor que su admirada Eva Nasarre, de la que había cogido el hábito. Tenía otro secreto muy especial en su dieta, que le encantaba montarse sobre la polla de su chico cada mañana, aunque eso no se lo había enseñado ella, lo había descubierto él solito.

Cuando Koldo Goran se despertaba y entraba en su habitación, le saludaba con un buenos días haciendo el pino en vertical, poniéndole las piernas a la altura de los hombros y dejando que le recogiera hasta quedarse colgado de él, momento en el que se dedicaban a juguetear con sus lenguas y morrearse mientras se les amorcillaban las pollas por ahí abajo.

Para cuando Anteo se puso de rodillas con la cabeza a la altura del paquete de su chico, este ya tenía el palo a puntito de reventar las costuras. Koldo era de los que rellenaba cada centímetro de unos calzones de principio a fin. Vamos, que los diseñadores de gayumbos podían sentirse bien orgullosos de tener ese modelo de rabo con sus dos pelotas.

Antes de sacársela, Anteo se frotaba la cara contra el paquetón. Ponía la mejilla a un lado e iba girando la cabeza, arrastrando con ella el dibujo de la larga y sugerente polla que tiraba de la tela hacia abajo. Estaba tan dura que, cuando le había puesto la otra mejilla (como dictan los mandamientos), el rabo volvía a su posición rebotando con fuerza.

Hora de tirar de la goma de esos maravillosos y rellenitos Andrew Christian. Unos pelitos, la base de un rabo gordo, tan gordo que casi tapaba por completo las dos pelotas que tenía detrás, la mitad del rabo ya fuera y la polla fuera por completo. Si hubiera estado tiesa, le hubiera dado un buen hostiazo en toda la jeta, pero todavía estaba morcillona y se quedó colgando ahí abajo como una diosa.

A Anteo le molaba que estuviera así, para poder agachar la cabeza y metérsela en la boca por la puntita, para sentir el sabor saladito de la meada que Koldo se acababa de pegar en el baño, el calor de un rabo gordo penetrándole las papilas gustativas. Era como sobar a un tio que estaba dormido. Pero no duraría mucho en ese estado, porque en unos segundos esa bestia crecería el doble dentro de su boca y ya no habría quien se la tragara por completo.

Y ahí estaba Koldo, arreando nalgazos a ese cerdo cabrón, dándole su dieta preferida, haciendo que se atragantase cada vez que le metía un buen pollazo directo a la garganta, aunque no le entrase por la boca ni la mitad de su gigantesco rabo.

El chaval no tiraba hacia atrás la cabeza, al revés, se le veía con ganas de comer cuanto más mejor, así que Koldo siguió dándole rabo con fuerza hasta que al tio le salió la saliva por la boca como a un perro rabioso. Koldo era consciente de que su enorme rabo despertaba la pasión de los tios, pero pocas veces había visto a uno con tantas ganas. Se tumbó. El muy cabrón siguió mamándosela con la cabeza entre sus piernas, rebotando como una pelota cuando Koldo empujaba el culete desde abajo hacia arriba y le encajaba el cipote hasta el fondo. Seamos sinceros, eso ya era puta gula.

Cuando Anteo tuviera que ir al confesionario y contar al padre sus pecados, le encantaría retirar la rejilla que les separase y mirar bajo la sotana del cura. A qué hombre no se le pondría dura. Lo suyo era amor por los rabos y lo demostraba acicalándolos hasta dejarse un paño de lágrimas si hiciera falta. Y con rabos como ese, no es que hiciera falta, es que era la única forma.

Para hacerse pajillas, el ricitos disfrutaba zurciéndose el nabo y metiéndose los dedados por el ano. Era increíble el placer que un tio podía sentir ahí atrás. Ya daba gustito tocarse la entrada, pero meterse un dedo y explorar las bondades del interior en profundidad, era una delicatesen. Mejor que un dedo era la lengua de Koldo, experta en dejarle el ojal del culo hecho al diámetro de su gran polla.

Nunca sabía cómo podía entrar la larga serpiente que a Koldo le colgaba entre las piernas cuando la rozaba contra la raja de su culete, pero ni condones ni hostias, ni lubricante, apenas un poco de saliva bastaba para que el pollón le atravesara el agujero y se quedara ahí, como un puto molde ajustado a los bordes.

Los primeros gritos de Anteo estaban más que justificados. Joder, era como si te hicieran un agujero y te colaran una herramienta por dentro. Esa polla era super gorda, tremendamente gorda. Le había metido tres tercios de rabo, más de lo que su boca pudo tragar y ahora Koldo estaba haciéndose hueco meneando el culete en círculos, raspando para meterla entera.

Ahora el que gemía era Koldo, que sentía el placer en cada centímetro de su polla atravesando ese culo caliente ta apretado. Anteo seguía quejándose de dolor, pero Koldo no le hizo ni puto caso. Ya se había follado muchos como para saber que al final se terminaban acostumbrando y deseando su miembro bien dentro. Y así era, unos cuantos pollazos y hasta los mismísimos huevos que se la estaba tragando.

Después de la primera traca, Anteo había empalmado bajo los calzones. Se notaba cómo la picha le tiraba hacia arriba intentando salir, pero él estaba concentrado en seguir tragando rabo. Koldo se tumbó en la cama, preparó su polla tiesa apuntando hacia el techo y Anteo se sentó encima de ella clavando su culo. Ya no gritaba el muy cabrón. Al contrario, bombeaba ese rabo con el trasero como un perrito contento mientras besaba a Koldo con ansias, dándole las gracias por darle tanto gusto y por tenerla así de grande.

Todavía le habían quedado por completar unos minutos de la rutina diaria de ejercicios antes de que entrase Koldo por la puerta, así que aprovechó la follada para finalizarlos. Koldo hizo de alfombra y Anteo le dio la espalda volviendo a sentarse sobre su polla, cada brazo al lado del costado de Koldo y empezó a subir y bajar el culo por el rabo con amplios movimientos y sentadillas, aprovechando la longitud del pollón.

Eso sí, le estaba dando tanto gusto que se rendía, haciendo el puente o ladeando un poco el trasero cuando Koldo lo cobijaba por detrás entre sus piernas y se la metía hasta el fondo. Se lo estaba poniendo difícil el mamonazo, pero Koldo no iba a desistir de taladrarle el ojal a punta pala.

Rendido sobre las sábanas, penetrado, Anteo ya se había deshecho de los gayumbos y ahora unos buenos cojones y una gruesa y venosa polla aparecían entre sus piernas. Cuando Koldo le sacaba la polla del interior para cambiar de postura, ya su agujero no se cerraba. Fue pasando de postura de perro a estar tumbado boca arriba pivotando sobre la polla de forma natural y casi sin enterarse. Cuando quiso darse cuenta, estaba haciéndose una paja mientras Koldo se lo follaba. Una decena de pajotazos le valió para que su rabo se convirrtiese en una fuente de esperma, volviendo a gritar, esta vez por el gusto de la lefa saliendo de sus cojones.

Koldo se acercó a su cara con su larguísima y gruesa polla en la mano. Anteo tenía la boca tan abierta y le vio con tanta hambre que, en lugar de escupir sobre su cara, Koldo le depositó el cipote sobre la lengua y le alimentó metiéndole todo el semen a chorrazos directamente dentro de la boca. Un chorro largo de leche tras otro desfilaban sobre la lengua del chaval y desaparecían dentro de su garganta, hasta la última gota, que por el movimiento natural de la corrida, se quedó pegada a su labio superior y formó una deliciosa y lechosa hilera al retirarse el rabo.

Le taponó la boca metiéndole el rabo recién ordeñado para asegurarse de que se la tragaba toda. Anteo siguió lamiendo ese rabo que tanto le gustaba, abrió la boca y sacó la lengua mostrando que había sido un buen chico y que se lo había comido todo. Dieta de ejercicio, rabo  y proteína era lo que mantenía a Anteo así de sano y a todos los que le rodeaban y le daban amor.

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