Jay James pilla a Theo Ross haciéndose una paja y acaba con el culo bien follado | MEN

El grito no es sólo el título de ese misterioso cuadro, es algo que sucede cuando tienes miedo, cuando te llevas un sobresalto, una especie de alarma que nuestro cuerpo impulsa de forma natural a través de la garganta para clamar a todos que algo nos pasa o le sucede a alguien que está cerca. Un gemido es un sonido mucho más interno, que tiene que ver con la respuesta a un estímulo, por lo general en nuestro propio cuerpo y que puede llegar a convertirse en un grito si esa estimulación es demasiado potente o si te las hacen pasar putas.

Theo Ross estaba gimiendo en su habitación. Adoraba ese día de la semana llamado sábado, cuando se levantaba y tenía todo el tiempo por delante para ponerse una escena guarra en el portátil y cascarse un pajote. Para no molestar a su compi de piso, se ponía los cascos. Escuchar otros gemidos mucho más intensos, le ponía todavía más cachondo.

Empezaba a masturbarse por debajo de las sábanas y acababa a pajas sobre ellas, con un buen chorrazo de lubricante en la palma de la mano con el que embadurnaba un pollón de goma que se disponía a meterse por el mismísimo culo. Joder, a veces era tan difícil darse placer. Demasiados elementos en la cama, el dildo terminó enredado al cable de los auriculares que se desconectó del portátil y cuando su compañero de piso entró en su habitación, no pudo desenredar el lío a tiempo, así que se encontró una escena de lujo, desnudito, empalmado, agarrando con la mano un dildo enorme y de fondo el sonido de dos tios follando como perros en la peli del ordenador.

Jay James se quedó de piedra y durante todo el día apenas pudieron mirarse a la cara de la vergüenza. Mira que Jay veía a Theo como un empotrador y galán con las chicas, pero descubrir que le molaban los rabos fue alucinante, más que nada porque era lo que le iba a él. Aprovechó que Theo salió de casa para rebuscar entre sus cosas en su habitación hasta que encontró lo que andaba buscando. El tio era un cerdete morboso y nada le apetecía más que meterse por el culo el mismo dildo que su compi usaba para metérselo por el suyo. Sí, era una cerdada compartir algo tan íntimo, pero no tenía por qué enterarse.

Lo encontró sobre uno de los armarios. Miró el dildo frente a frente y pensó que menudo pedazo de cipotón abre culos. Se lo llevó a su habitación, se puso a cuatro patas y se lo encasquetó por detrás, cerrando los ojos e imaginando que su colega Theo era el que se la estaba metiendo.

No tuvo que imaginar mucho tiempo, porque igual que Jay había hecho antes, Theo irrumpió en su habitación y le pilló con su dildo dentro del culo. Desde ese momento, para qué iban a fingir más. Jay le contó lo que le gustaba y Theo se acercó a enseñarle cómo usar un rabo de goma de ese tamaño. Le ayudó a metérselo por el ojete hasta que se puso cachondo y se sacó su rabo calentito por la bragueta.

Jay acudió a mamárselo. No tenía un cipote tan asombroso como el del dildo, pero de tamaño iban parecidos. Volvió a ponerse a cuatro patas sobre la cama y esta vez lo que entró por su agujero no fue una polla de goma, sino una de verdad, bien grande y gorda, con su condón bien puesto y enfundado

Desde ese día, los sábados por la mañana fueron mucho mejores para Theo. No tuvo que renunciar a sus juguetes para acoplar a su jugueteo mañanero a su nuevo amigo. El dildo hacía su trabajo metiéndose por ambos culazos, el portátil cumplía su labor poniendo la banda sonora de fondo de hombres follando y ellos intercambiaron su soledad pajera bajo las sábanas por diversión en compañía.

 

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