Trace Lewis dona su semen a la hambrienta boca de Aaron French | Cum Club

Aquel guaperas llamado Trace Lewis no le engañó cuando le avisó de que era la primera vez que un tio le comía la polla. Lo adivinó por lo durísima que la tenía incluso antes de empezar a chupársela y cuando le miró a la cara, con esos ojazos observando de cerca la gran obra que la boca de Aaron French estaba haciendo con su gordo y largo rabo. Solía ocurrir que cuando se la chupaba a un tio por primera vez se le corrían dentro de la boca nada más empezar, pero Trace aguantó como un campeón, apenas soltando alguna gotita de líquido preseminal que estaba bien rica.

No era de estos tios de su edad a los veinticinco que estaban mazaos marcando musculitos. Trace no era rata de gym y estaba la mar de contento con su cuerpo. Como para no estarlo, un tio fuertote y con algo de barriga cervecera con una cara de guapete que quitaba el sentido. Sonrisa matadora. Lástima que fuera tan tímido. Aaron decidió quitarle toda la timidez de encima de un plumazo acicalándole la polla como mejor sabía hacerlo.

El chavalote más dura no podía tenerla. Aaron llegó a pensar que se correría en cuanlquier momento, porque era pasarle la lengua por el escroto y la parte baja del rabo y al tio se le empinaba toda dura, el rabo cobraba vida propia y convulsionaba él solito como si estuviera a punto de soltar toda la descarga de leche.

Las marcas de la camiseta de manga corta sobre su cuerpo marcaban la diferencia entre el moreno de sus brazos y su cuello y el blanco de su torso peludo. Menudo macho, lo bien que daba por culo y sudando como un pollo, gozando mientras metía la polla por el culazo tragón de Aaron. Fue un placer para Aaron dejar que le follase la boca para terminar. Cuando vio su cara ruborizada, sudor en la frente, se la agarró con la mano y no paró de pajeársela hasta que le soltó todo el lechal encima.

Un chorrazo abundante de semen caliente pasó volando ante sus ojos, dejando una parte en las sábanas y una hilera blanca cruzando la cara de Aaron y terminando en el interior de su boca. Le siguieron otros chorretes que fueron directos a la comisura de sus labios y a la lengua. Mientras se corría no dejaba de mirar la cara de ese tio guapo. Le encantaba probar los lefotes de tios así de entregados.

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