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Ridder Rivera mete su gran puro cubano sin condón a Anteo Chara | Fucker Mate

Tú sabes cómo la tenemos los cubanos, ¿no?“, le dijo Ridder Rivera a Anteo Chara cerrando el puño y levantando el antebrazo para mostrarle que era tan grande como todo ese trozo. El chico se paseó la lengua por los labios, así que por si no le había quedado lo suficientemente claro, Ridder le cogió de los cachetes del culo, se los separó a lo bestia dejándole el ojete al descubierto y le volvió a repetir: “con mi enorme polla te puedo destrozar este culito que parece tan virgen“.

Anteo se puso a cuatro patas y le suplicó que por favor lo hiciese, pero antes tenía que trabajárselo. El cuerpazo de Ridder le hizo ponerse cachondo, con esos músculos tan fornidos, grandes pectorales y enormes biceps. Si aquello fuera un baile de fin de curso, ya habría corrido alguna profesora puranista a separarles esa distancia prudente a la que deben estar las parejas para evitar el contacto físico, que no es otra que la medida del miembro viril.

Pero a ver qué distancia es esa con un cubano así, que por debajo de la tela trempando, logra empinarla hasta colársela al chaval por entre las piernas. Anteo se la toca por encima y gime como una putilla, se le pone dura su propia polla y se le hace la boca agua deseando probarla. Se agacha y la saca de los calzones. Un mazacote enorme, gordo y morcillón sale despedido hacia su cara.

Ridder tiene dudas acerca de si ese chaval será capaz de tener tanta polla dentro porque lo ve en apariencia delgadito, pero le da una oportunidad de demostrar su valía y vaya si la aprovecha. Empieza tímidamente abriendo la boca a tope y se mete todo el cipote dentro. Un par de caladitas y, sin morder, el cabrón se mete la polla de golpe casi rozándole los huevos con la barbilla.

Si hay algo mejor que follar con un tio, es que ese tio esté deseando merendarte el trabuco como si no hubiera visto cosa igual en su puta vida. Le retira los pelazos rizados hacia atrás, dejando al descubierto su carita fina y a medio afeitar y le agarra del cogote por detrás con las dos manos obligándole a tragar un poco más de la cuenta.

Al tio se le dibujan las venas del esfuerzo pero ni se queja, al contrario, sigue forzando la máquina, por lo que Ridder le tumba en el sofá, poniéndole la cara en el borde de un cojín, se mete su cabeza entre los muslos y le pega una folladita en la jeta metiendo su enorme puro cubano hasta el fondo.

Anteo se incorpora como si nada, con los morros encharcados en babas y relamiéndose, poniéndose a cuatro patas para que Ridder le enchufe ya el culo. Antes va a aprender cómo se acaricia un ojete con la lengua y es que Ridder es experto comiendo agujeritos y haciendo que se abran como almejas. Le basta un repasito dulce, un lametón, seguido de la puntita perforando el hueco suavemente para rematar con un chupetón de los buenos.

El ojete de Anteo se deshace en honores ante esa maravilla. Primero se abre y cierra latiendo como un corazón y después se queda perenne con un par de centímetros de agujero dilatado. Ridder se levanta con el trabajo bien hecho, le planta la mazorca a lo largo de la raja del culo, después le mete la punta y de una culeada se la inserta toda a pelo.

El chaval empieza a gemir como una perra, mirando hacia atrás como si no pudiese dar crédito a que por fin tuviera dentro de sus entrañas esa pedazo de polla cubana que tanto le apetecía. Enseguida se tumba boca arriba para gozar de las vistas de ese macho empotrador perforando su bien más íntimo. Le aprieta tanto su propio pito contra los calzones, que tiene totalmente empalmado, que manda a tomar por culo los calzones y se queda follado con las piernas abiertas y su pito duro contra el cuerpo a punto de correrse.

El cabronazo tiene buen rabo y Ridder lo mira desde arriba gozándolo también. Tentaciones de cogérsela y meterle una calada, pero eso le obligaría a sacar su rabo que está tan calentito ahí dentro, así que decide amarlo en la distancia y seguir metiéndosela a saco. Le coge en volandas hecho casi un ovillo como le tiene y se la mete de pie, empujándole hacia arriba y dejando que el culo caiga empalmado en su fuerte y duro rabo una y otra vez.

Recupera fuerzas sentándose en el sofá y dejando que Anteo le pajee la polla con el culo. Cómo lo disfruta el pillín, no se lo traga, es que directamente se lo devora, cada vez que se sienta le aplasta todos los huevos, metiéndose hasta el último centímetro de cilindro morenote. Se da la vuelta, le da la espalda y Ridder aprovecha para retomar su papel como empotrador, encajándole por sorpresa una taladrada de rabo que hace que el chaval rebote sobre sus piernas.

Justo le pilló haciéndose una paja, así que el cerdete empezó a soltar lefa por todas partes mientras no paraba de gemir, chorrazos bien espesos, alguno de los cuales Ridder no duda que por inercia resbaló entre los cachetes de su culo y le sirvió de lubricante para meterle la batida final. Recompuesto de la corrida, Anteo acudió a comerle la polla. Ridder se la pajeó y le avisó al punto por si quería comer.

Acercó tanto los morros al cipote que se lo llevó calentito. La lefa no salió de su boca y los restos se quedaron dando brillo a un cipote con capuchón que estaba bien rico así de dulce. Anteo se separó un poco de la pollaza para verla así de grandota y reluciente, se paseó la lengua por los labios y sintió la felicidad que sólo el sabor de un puro cubano te puede dejar en la boca.

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