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El venezolano follado a pelo por dos camioneros de pollas lecheras | Latin Leche

Es la hora de cumplir uno de tus putos sueños y además con extra, porque no sólo te lo vas a hacer por fin con un camionero buenorro, sino que vas a tener dos, ahí sentados en el sofá, preparados para que seas tú el que descubras sus pollas bajándoles los vaqueros, con el ruido de fondo de los camiones en marcha, porque en cuanto te dejen la cara llena de semen, se irán por la puerta igual que han venido. Así que aprovecha para sacarle toda la leche que puedas de las pijas, mamón.

Estás super caliente, sabes que estás tocando los paquetones de dos machos que sólo han tocado manos femeninas, hasta ahora. Los tienes a tu merced, para poder hacer lo que quieras con ellos. Al de los pantalones negros le aprieta demasiado y se la saca. Gorda y larga como era de esperar de un camionero. Cubres el cipote con tus labios. Lo tiene suave el cabrón y te inunda el olor a horas de viaje de polla apretada que te pone cerdo.

Quién dijo que los hombres no podemos hacer más de una cosa a la vez. Más despacio que si tuvieras que concentrarte en una sola cosa, mientras chupas verga, la mano la aprovechas para ir desabrochando los botones de los vaqueros del otro maromo. Descubres que este está pelado, que no hay matorrales en el bosque y atisbas ya, aunque esté morcillona, que este tiene un cipote de punta de flecha más largo que el otro.

Tu lado más puto sale a relucir. Si por ti fuese, pararías todos los camiones en la carretera y te montarías en ellos para hacer mamadas sin parar, regalando felicidad a esos camioneros que ya nunca más tendrían que hacerse pajas en sus cabinas, intentando aliviar interminables horas de viaje sin poder meterla en ningún agujero, nada más que repostando en clubes de carretera de mala muerte.

Tienes a esos dos camioneros locos por ti, zarandeándose los rabos sobre tu jeta. No quieres que desalojen sus escrotos tan rápido, quieres más. No es uno de esos clubes de carretera, pero lo conviertes en uno. Les enseñas la raja de tu culo y miras hacia atrás. Están sentados sobre el sofá cascándose las pollas, deseando poseerte por detrás.

Sin condones, tan guarro como lo habías imaginado, uno te la cuela por el ojete mientras el otro te atraganta la boca. Dos machos haciendo equipo para inundarte los agujeros. Después de la gran follada, pones la cara y que salga el sol por donde quiera. La lluvia de lefa contenida durante varios días en esos cojones sobrevuela tu cara. Sientes el semen calentito cayendo sobre tu cara y te pones cerdo viendo que los dos se disparan con fuego amigo.

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