Carlos Leao empotra a pelo los culazos de Timarrie Baker y Louis Ricaute | Fucker Mate

Eran los últimos clientes de esa noche en el The Moon Night Club. Louis Ricaute había perseguido a la parejita durante toda la velada y se había quedado hasta el final a solas con ellos a pocos metros de distancia, porque el brasileño Carlos Leao le había echado antes alguna miradita. Aunque estaba con su chorvo Timarrie Baker dándose el lote, todavía conservaba la esperanza de que le dejasen participar en cualquier momento.

Tras una interminable sesión de morreo, Carlos se dio la vuelta y esta vez le hizo una señal para que se acercase. Los tres machos musculosos se quitaron las camisetas mostrando sus espectaculares torsos, después los pantalones. A Louis se le fue la vista automáticamente a los paquetes que lucían en los calzones esos dos, unos bultos impresionantes con los que no hacía falta ser adivino para vislumbrar que tras la tela se escondían unos rabos largos, gordos, pesados, rodeando unos huevazos cargaditos de leche.

Los tres se sacaron las pollas y se hicieron una paja de colegas muy cerquita unos de otros. Louis pudo ver cómo esos rabos largos y gordos crecían sin medida delante de sus narices. Eran jodidamente grandes. El de Timarrie apuntaba bien alto y estaba duro, mientras que el de Carlos todavía estaba morcillón y superaba todo lo imaginable. Su novio se agachó y empezó a hacerle una mamada para ponérsela dura del todo y prepararla para lo que estaba por venir.

Louis también se llevó parte de la mamadita, aunque se centraba más en la de su chico. No se lo reprochaba, teniendo en cuenta que ese pollón de chocolate estaba para repetir una y mil veces. Hasta él se agachó para compartir la porra a dos bocas. Primero mamaba uno, después el otro, pero en ocasiones también había espacio para los dos, entonces Timarrie se quedaba chupando rabo mientras Louis lamía los huevos y la base con la lengua.

Su pensamiento racional se perdió chupando polla y cuando lo recuperó, antes de volver a perderlo, se encontró comiéndoles los rabacos. Los dos tenían el mismo color, deliciosos con el capullo rosado. La de Timarrie era especialmente larga y menos gruesa, lo que hizo que pudiera metérsela dentro de la boca hasta hacer tope con los labios en la base.

Se levantó y se midieron de nuevo las pollas en una lucha de sables entre caballeros. A partir de aquí, Louis no tenía muy claro lo que iba a suceder, sobre todo cuando Timarrie se abrió de piernas y su chico se quedó lamiéndole el ojal y haciéndole unos deditos. Pensó que se quedaría de sujetavelas como un pajillero mirón, pero de momento Carlos le invitó de nuevo a participar y se comieron a Timarrie por delante y por detrás. A Louis le tocó rabo. Timarrie ya lo tenía impresionantemente largo de frente, pero viéndolo así colgando entre las piernas, la visión era espectacular, mucho m´s la sensación al meterse esa banana dentro de la boca.

Una cosa le quedó clara a Louis, y es que en esa parejita ya sabía quién ponía le culo. Timarrie se estaba preparando para el ataque, acicalando cada rabo, cada vez más rápido chupando, disupuesto a abrirse de piernas, pero lo que Louis quería era que le dieran bien por el culo esos dos machotes, así que relevó a Timarrie, sentó a los dos en el sofá y les preparó las pollas.

Pues ni uno ni otro, sino los dos. Carlos les hizo darse media vuelta, ensalivó las rajas de sus panderos y como macho de la manada se apropió de esos dos culazos. A su chico se la clavó a pelo de una tacada. Louis pudo ver su cara de gusto cuando se la clavaba. También miró a la entrepierna de Carlos. El tio estaba en cuclillas en una posición extraña para follar, y se le veían todos los huevos gigantes colgando. Menudo toro.

Louis pensó que escucharía el ruido del plástico de un condón antes de llegar su turno, pero eso nunca sucedió. Tal como la sacó del culo de su chaval, la metió en el suyo también a pelo. Al principio hacía un poquito de daño, pero estaba tan calentita y era tan suave, que enseguida consiguió abrir ojete a tope y que se la clavase hasta el fondo. Sentir el impacto de esos cojones en la raja del culo no tenía precio.

Así se los folló a uno y a otro. Parecía el macho de un harén protegiendo a sus esposas. Louis pudo asistir hasta en el parto de Timarrie, porque vaya gemidos profería por su boca el cabrón cuando Carlos le empaló el ojete boca arriba. Louis se quedó agarrándole la cabeza, intentando calmarlo mientras veía esa gigantesca polla de chocolate brillante clavársele hasta por las anginas.

Carlos volvió a hacerle otro gesto, esta vez para algo impensable, relevarle para follarse le culo de su chico. Dentro de ese culo daba igual el tamaño. Era fuerte y agarraba y succionaba las pollas de lujo, fuese la que fuese. Si la suya ya entraba apretadita, no quería ni imaginar la de Carlos. Normal que Timarrie gimiera como un puto animal cada vez que se la metía en plan bestia.

En los minutos finales, Louis se quedó mirando follar a la parejita de pie mientras Timarrie le chupaba el rabo. Carlos obligó a su chico a ponerse de rodillas para recibir la lefa e invitó a Louis a acercarse y dársela en todo los morros. Nada más ver los chorrazos blanquitos de leche saliendo por el pollón de Carlos, sobrevolando la cara viciosa de Timarrie que abría la boca y sacaba la lengua suplicando jarab de hombre, a Louis se le nubló la vista y unió su leche a la del brasileño.

El cabrón de Timarrie, con la jeta lefada, acudió raudo a lamer los rabos como un cerdete cuando aún se estaban corriendo, intentando dejarlos limpios y que no se le escapase ni una sola gota. Con la polla de su chico dentro de la boca, se cascó un pajote y dejó su impronta en la zapa de Louis. No se la limpió hasta llegar a casa. Entonces se la quitó, sacó la lengua y disfrutó del saborcito de leche made in USA como brindis por la primera vez que se metía en medio de una pareja.

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