Sir Peter se folla a pelo el impresionante culazo de PJ Knox sobre los neumáticos del taller con su gigantesco pollón | Raging Stallion

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La ola de calor hacía que en esa época del año el taller agrícola se convirtiera en un puto invernadero. Entre eso, aceite, herramientas, vehículos y neumáticos esparcidos por doquier, era fácil perder la cabeza y dejarse llevar por las manos del fornicio, más si los compañeros de curro que tienes son como Sir Peter y PJ Knox tiarrones con una musculatura increíble, pectorales de infarto, de pelo en pecho, barbita, con una pinta unos de empotradores y otros de tener un culazo de la hostia que ya si encima iban con camiseta de tirantes o directamente desnudos de cintura para arriba, entraban ganas de sacársela y no parar.

El sudor empapaba ya sus cuerpos incluso antes de haber dado el primer paso, quedarse frente a la mesa de herramientas desnudos, apenas con los gayumbos puestos, mirando sus increíbles cuerpos, chocándolos frente a frente, haciendo velcro, robándose algún que otro morreo por el camino que juntó sus espesas y abundantes barbas de macho.

La cara de PJ al meter un agarrón al paquete de Sir Peter ya lo decía todo. Ese semblante serio, bufando al agarrar con su mano un pito que le parecía descomunal en tamaño y que ya empezaba a sobresalir hacia un lado y hacia arriba, abriéndose camino por la goma de los calzones. Se agachó para mirarla de frente cuando la sacara, tiró de la goma hacia abajo y al verla soltó un gemido de sorpresa cargado de gusto. Miró a Sir Peter, luego su rabo, como diciéndole lo grande que la tenía, como si no lo supiera ya.

Tan jodidamente grande y gorda que cuando PJ se la metió en la boca se quedó con los labios rodeando la base del cipote, con todo el capullo dentro rellenándosela, incapaz, de momento, de tragar más. Pollas como esa convertían a los hombres en auténticas putas capaces de todo. La saliva de Sir Peter también ayudó, inclinándose para soltarle un gapo de vez en cuando, también que Sir Peter le agarrara la cabeza y le follara la boquita.

Llegó a tragarse media polla antes de quedarse sin aliento, algo que, hablando del tamaño de la de Sir Peter, ya era todo un logro. Se la siguió templando cuando Sir Peter se sentó sobre una pila de neumáticos, lo que obligó a PJ a ponerse a cuatro patas sobre el sucio suelo del taller, ahí con el pandero desnudo y en pompa y Dios qué pedazo de culo bestial, grande, peludo y redondo como él solo, una puta pelota de playa de las grandes.

Solo cuando le subió a los neumáticos, pudo Sir Peter apreciar del todo sus bondades. Enorme, peludito, blanco, con la raja rosácea, y a pesar de lo grande que era, estaba super apretando, tanto que apenas le cabía el pulgar. Y si no le cabía ni el pulgar, Sir Peter no quería ni pensar en cómo sería capaz de taladrarle con su gigantesca verga. Recursos no le faltaban, pero necesitaría de la ayuda de PJ y confiar en su hambre de rabo para llegar a buen puerto.

Uno de los más cerrados que había visto en su vida, en serio. Quizá ayudara sacarle el rabo y las pelotas, pasarlos entre sus muslos y masturbarle como si le estuviera sacando la leche a una vaca. Sir Peter optó por el camino más directo aparte de hacer eso, que fue meterle el pulgar y no ceder, pillar a PJ en un renuncio en el que aflojara el esfínter para seguir metiendo el dedo hasta el fondo.

Al final lo que más ayudó fue ponerse detrás de él, abrazarle y dejar que sintiera su poderoso y caliente tronco restregándose por las nalgas, por el interior de la raja. No es que se le abriera como una almeja, pero sí lo suficiente como para aprovechar y clavársela sin condón, estuviera o no preparado. Vale, le costó lo suyo meter el cipotón, pero una vez lo tuvo dentro y a salvo, toda la polla fue detrás, deseando follarse ese pedazo de culo infernal.

Le dio por culo sobre los neumáticos, a veces poseyéndolo, subiendo una pierna para darle más duro y más a fondo. El cabrón de PJ se quitó los gayumbos y se quedó completamente desnudo, sólo con las botas puestas, se tumbó sobre la pila de neumáticos y se abrió de piernas para Sir Peter, empujando el interior de los muslos hacia arriba con las manos para dejar bien abierta su raja.

Nervioso perdido, deseando penetrarle, Sir Peter se escupió en la mano y llevó esa misma mano al ojete de PJ para restregarla con todas sus babas encima. Tras lubricarle, le enchufó la verga y empezó a follárselo a pelo ante la mirada atenta de PJ que asentía con la cabeza, dándole su consentimiento para follarle más duro, metiéndole toda esa barra de carne ingente hasta los huevos.

El placer se tornó en dolor y el dolor de nuevo en un gusto extremo. Con el culazo que tenía, PJ no solía encontrar a tios tan dotados como ese que dieran en el clavo de su punto G. Pero ahí estaba uno de ellos, dándole todo el rato con la minga donde más le gustaba, rozando ese punto todo el rato con su cipote.

A sabiendas del gran espectáculo que suponía su culo, PJ no dudaba en sacarle partido. Puede que la naturaleza no hubira sido del todo generosa con otras partes de su cuerpo, pero ya que de todas era su culo lo que más destacaba, lo usaba para dejar a los hombres a punto de caramelo, cabalgándoles dándoles la espalda, dejando que vieran cómo ese culazo del copón, despampanante y prodigioso, se tragaba sus pollas por muy grandes que fueran, sin contemplaciones.

Lo bueno es que PJ descubrió en Sir Peter a un hombre que no se amedrentaba, ni siquiera con un trasero como el suyo. En lugar de quedarse quieto, sintiendo cómo se le llenaban los huevos de vitamina cada vez que ese hijo puta le bombeaba la polla con el culo, Sir Peter se encaramó a PJ colocando las piernas sobre sus muslos y arreándole de lo lindo desde abajo, culeando.

Después de mamarle la polla, PJ volvió a las andadas abriéndose de piernas, dejando que Sir Peter lo usara como juguete. Sie Peter aguantó hasta que sus pelotas dijeron basta, entonces se aproximó a la cara de PJ, se hizo una paja sobre ella y, con un gemido profundo de macho que precedía a la perdición, le dejó unas buenas perlas blancas sobre la lengua y la barba frondosa.

Ahí estaba PJ, con todas sus cachas al desnudo, abierto de piernas, con el semen de otro tio poblando sus morros y su barba, rechupeteando el cipote para sacar miel, convertido en lo que era, un auténtico cerdo.

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