Qué magia tenían las palabras para ponérsela bien dura. Bastaba con colocar en el lugar exacto una «polla» o un «follar» para que Angel Rivera terminara amasándose el paquete, bajándose los vaqueros, con el rabo tan tieso en la huevera que los laterales de los calzones quedaban abiertos y se le salían las pelotas. La conversación con Malik Delgaty le había puesto super cachondo, así que se dedicó a hacerse unos deditos esperando a que él llegara de trabajar, imaginando que sus dedos eran su enorme polla rozando el agujero del placer de su acogedor y tierno culito.
Le dejó los pantalones y toda su ropa interior desde la puerta de entrada ahí tirados. Sabía que cuando hacía eso, al final Malik cruzaba la puerta de la habitación con la tranca ya firme y preparada, dibujando un buen cultaco bajo sus pantalones, con el rabo apuntando y sobresaliendo por el forro de los bolsillos. Escuchó la puerta, luego sus pasos, luego silencio. Imaginó que se la estaba magreando observando el culo que se iba a trajinar y al chaval que lo portaba, con las pelotas colgándole entre las piernas. Todo para él.
Le gustaba ser eso y simplemente eso, un agujero donde su compi de piso pudiera descargar al llegar a casa. Le encantaba sentir su cipote durísimo y caliente restregándose contra la raja, abriéndose camino hacia su interior, todo desnudo y sin condón. Una maza gorda, larga, dura y caliente que le rellenaba enterito el ano dejándole la mar de satisfecho en todos los sentidos imaginables.
Ese día Malik llegaba con la pija más dura que nunca y se la estaba clavando a base de bien, dándole un masaje anal inolvidable. Qué bueno estaba su compa. Guapo, atractivo, cachas y bien dotado. No había zona de su cuerpo por la que no suspirara. Regalarle su culo todos los días a todas horas cuando él lo necesitara era lo mínimo que podía hacer por él, por estar tan rico de pies a cabeza.
Normalmente no solían mirarse a los ojos cuando estaban follando. Angel tenía asumido que era un agujero y Malik que ese era un culo para follarse. Pero ese día Malik había llegado tan salido que necesitaba dar y regalar amor a espuertas. En otras circunstancias, Malik se habría corrido encima de sus nalgas y se habría largado a tomar una ducha, pero ese día salió de su culo y en lugar de correrse encima, fue con toda la picha tiesa y en alto, bien vigorosa, a dar de comer rabo a Angel.
Lo que deseaba meterse ese pirulón en la boca, tan grandote y majestuoso. Se la chupó a fondo, dejando que ese cipote gordo y deslumbrante se le colara un poquito por la garganta hasta sacarle un par de arcadas. Se la pajeó un rato con la mano mientras recuperaba el aliento y entonces se dio cuenta del tamaño de esa pija larga y gruesa como ella sola.
Por rabacos así merecía la pena atragantarse, llorar y verter saliva como un condenado. Se abrió de piernas y por primera vez lo hicieron cara a cara. Sentir de nuevo esa polla zambulléndose en su interior y ver el cuerpazo de ese cabrón que se lo estaba follando, puro músculo y tan guapo, le hizo sentir un tipo afortunado. Su arte moviendo las caderas, enculando, enfilando su arma de gran calibre dentro de su cuerpo. Para volverse loco.
Se veía que Malik cada vez se sentía más cómodo enchufándola dentro de ese agujerito. Poco a poco se fue encabronando y terminó llevando todo el control, subiendo una rodilla a la cama, avanzando un paso al frente y haciéndose dueño de ese culo, agarrando a Angel por los muslos, abriéndole de piernas y penetrándole con toda su fuerza.
Lo que Malik tenía de buien empotrador lo tenía también de buen amante. Nadie hacía la cucharita como él. Con qué cariño cogía la pierna de Angel elevándola para hacerse un hueco y meterle todo el pene por detrás para encamarle y encularle bien. En qué horita se le ocurrió a Angel domar a esa fiera cabalgando sobre sus piernas ensartado en su pirula.
Se fijó en sus piernas fuertes y largas, musculosas, poderosas. Miró hacia abajo y vio sus pelotas subiendo y bajando, el pene introduciéndose dentro de su culo. A Angel se le puso bien dura, a punto de explotar de gusto. Se la empezó a pajear con la intención de mojar las sábanas, corriéndose entre las piernas de los dos y así lo hizo, pero sin manos. Esperó a que saliera el primer chorro de lefa y luego se la soltó de las manos. Su polla pegó un brinco y siguió expulsando semen ella solita, sin ayuda.
Se la volvió agarrar para sacarse todo el caldo y porque le estaba dando mucho gusto. Se palpó las bolas para comprobar que las tenia bien duras, se encargó de sacar el rabo de Malik de su culo y se lo empezó a mamar. Malik tenía las mejillas sonrojadas, también la punta de la nariz. Estaba borracho de placer. Se agarró la polla, se la machacó y justo cuando Angel estaba preparado con la boca abierta, le enchufó un buen chorrazo de lefa que se le quedó al chaval pringando de la nariz y del bigote.
Al sentir toda esa descarga, Angel soltó una sonrisa de felicidad. Siguió un ratito con a boca abierta, expectante, hasta que un lechazo le cayó sobre la lengua y la cerró para saborearlo. Besó la polla de Malik por todas partes, sus dedos, la base del rabo, todos los lugares que habían quedado mancillados con ese esperma cargado de lujuria. Se sentía feliz y realizado con el semen de otro hombre sobre su cara, sucio, puteado. Agarró el rabo y se dio unos pollazos con él sobre la cara, se lo restregó por encima. Relajaditos después de una buena sesión de follada, también por primera vez durmieron juntos en la misma cama. Quizá después de ese día dejara de ser un simple agujero para Malik.









