Juan Dav da rabo a Christiam Titan en el glory, se folla sin condón su culazo peludo en el sillón rojo y le deja preñado | Fucker Mate
Raw and Caged
Qué tenían esos lugares hechos para satisfacer los deseos más recónditos de cualquier hombre, para que nada más entrar Juan Dav se pusiera realmente cachondo. Era la primera vez que visitaba El Sillón Rojo, que hacía honor a su nombre por los sofás de cuero del mismo color que estaban tras unas rejas que supuso estaban destinadas a que un montón de hombres se agarraran fuerte a ellas mientras les empotraban.
Si algo le gustaba a Juan de su cuerpo esa era su polla, sobre todo cuando estaba morcillona y contenta. La tenía bien larga y gruesa como para estar orgulloso, así que se aproximó a una pared, se pegó a ella de frente y sacó su miembro por el agujero que había justo a la altura de su entrepierna, esperando que su picha fuera el anzuelo perfecto para pescar un buen zagal.
Y vaya si lo pescó. Era Christiam Titan, un tio guaperas, con el pelo rapadito por los lados con unas líneas afeitadas, bastante cachas, con un arnés ceñido al pecho, destacando su musculatura. Y una boquita, qué boquita. El tio se agachó, cogió con su mano el pene de Juan, lo sostuvo en ella un rato, lo esniño y luego lo metió entre sus labios.
Joder qué buena chupada, Juan se puso contento y su rabo empezó a crecer de forma desmedida, volviéndose más grueso, más venoso, más largo. En apenas unas caladas, Christiam se encargó de convertir ese rabo morcillón en un enorme pollón durísimo, descomunal, perfecto para pasarse el rato mamando. Qué rica, qué dura, qué larga, gorda, formidable, venosa, una polla con la que entraban ganas de hacer de todo.
Christiam se la tuvo que sacar también y se puso a cascársela mientras se la chupaba. Lo que más le gustaba era arropar ese enorme cipote entre sus labios y mamar a fondo. Se quedó a menos y nada de plantarle los labios en la base, a costa de una arcada. Había devorado muchas pollas por los agujeros, las había hecho correrse sobre sus hombros, su pecho, su cara, pero la de este… la de este tenía que disfrutarla más todavía, tenía la necesidad de conocer a su dueño.
Se levantó y cruzó la línea entre el anonimato y algo más. Tras la pared se escondía un chaval jovenzuelo, más alto que él, de cuerpo atlético y definido. Se besaron, se tocaron las pollas y Christiam le propuso a Juan intercambiar los papeles. Ahora sería él el que colaría el rabo por el glory. Juan se puso de rodillas al otro lado de la pared, vio cómo Christiam sacaba su larga pija morenota y suave por el agujero y se la chupó.
A Christiam le gustaban sobre todo los chicos abiertos de mente. Ponerle de rodillas a mamar no había sido sino una prueba para saber si se merecía que le entregara el culo. La pasó con creces. Volvió a cruzar la pared, se puso de rodillas sobre el sofá de cuerpo, mirando hacia el respaldo rojo y dejó que Juan hiciera lo que quisiera con su pandero.
El culazo de Christiam era excitante. Grande, peludo, con un buen agujero. Juan se lo trabajó a conciencia, no obstante tenía un gran rabo y necesitaba preparar los agujeritos antes de meterla. A juzgar por cómo le latía a este el ojete y el diámetro que se generaba al darle un repaso con la lengua, supo que no habría problemas, pero por si acaso le dio cera.
Se puso detrás de él y lo penetró sin retroceder, metiendo cada centímetro de polla hasta tener el culazo pegado a sus caderas, escuchando los gemidos de placer de Christiam, que se estaba acostumbrando a algo tan grande dentro de su ano. Tras amoldarse a su interior, le arreó duro y sin contemplaciones, empotrádolo por la retaguardia, estampándole los cojones en la raja, penetrando fuerte ese agujero cargado de vicio.
Christiam se sentó sobre las piernas de Juan dándole la espalda, clavándose a pelo su enorme pija. Se la culeó bien antes de que Juan tomara la iniciativa y le hiciera un ovillo acorralándole contra el sofá, dejándole a su merced con las piernas abiertas. Se besaron, se miraron fijamente deseándose, le hizo el amor allí mismo.
Vuelta a las andadas. Esas rejas tenían otro uso destinado al morbo más absoluto. Christiam sería el rehén y Juan el poli malo que iba a colar su gran polla entre las rejas para darle de comer. Chris se la jaló, esta vez sí pudiendo tragársela hasta las bolas, luego se giró y le dio el culo tras las rejas. Juan empoderó las caderas hacia adelante, permitiendo que todo el pene pasara al otro lado y se la encajó por el hueco, follándose ese culazo peludo.
Las rejas le impedían darlo todo, pero ya lo arreglaba Christiam desde el otro lado, culeando de atrás a adelante tragando rabo. Regresaron al sofá, donde Juan lo reventó en la misma postura. Esta vez no paró. Chris le pidió leche y él se la dio, corriéndose dentro de él, preñándolo. Joder, cómo le gustaba encontrarse con tios tan cerdacos que le pidieran precisamente eso.
Nada era inigualable a correrse dentro de un culo apretado, sentías que se te iba la vida por la cabeza y perdías el control de tu ser. Pidió a Christian que le enseñara la corrida. Chris abrió y cerró varias veces el ojete para enseñarle cómo salía su esperma de dentro. Menudo cerdo, cómo le gustaba ese guaperas mamón y con culazo. Eperaba encontrarle ahí para él todos los días.









