
Manuel Skye celebra el día del padre follándose a sus chavales Stig Andersen, Jake Washington y Jake Nobello | MEN
La mayoría despertaba el día del padre recibiendo los típicos regalos, la felicitación de turno y una tarjetita. Los hijos de Manuel Skye no eran como los de los demás, estos eran especiales y en su gran día le llevaban a la cama, cada uno lo mejor de ellos mismos. Este año no fue diferente y Manuel lo agradeció de buena gana.
El más madrugador fue Stig Andersen, que se adelantó a todos los demás para preparar un delicioso desayuno a su padre y llevárselo a la cama. Unas tortas cubiertas de fresas y nata. Eran para comer, pero no de la forma tradicional, sino de una forma algo más picante. Stig sabía bien lo que habría debajo de las sábanas al retirarlas después de despertar a papi. Una polla tiesa, enorme y dura. Cogió con el dedo la nata, la depositó en el cipote y se pegó una comilona de cipote con nata.
Jake Nobello estaba impaciente desde la noche anterior por enseñar a su padre el regalo que guardaba debajo de su cama. Se presentó en la habitación de su padre mientras su hermano le comía la polla y le enseñó el juguetito con el que quería que jugase con él todos los días, un dildo de acero. Jake se quitó la ropa, se puso delante de su padre con las piernas abiertas y le enseñó a metérselo. Era muy sencillo y aprendió enseguida.
Manuel tenía al hijo más rezagado de los tres, Jake Washington el que no se enteraba de nada. Se presentó allí al escuchar el ruido de los gemidos. Como para no hacerlo, puesto que de los tres era el más pajillero y se tragaba toda clase de porno a todas horas. Cayó en la cuenta de que era el día del padre y por primera vez, dada la imaginación que el porno había construído en su cabeza, se le ocurrió una brillante idea, que los tres hermanos le comiesen la polla a su padre a la vez y se los follase en la cama grande de papá.
Como polluelos se arremolinaron alrededor de la polla chupando fuerte, agarrándole la mancuerna, comiéndole la huevera, encontrando hueco y turno, dejándole la polla brillante de saliva y vicio. Parecían hambrientos los muy cabrones, vaya panda había criado. A punto estuvo de soltar la leche en sus caras.
Uno, dos y tres culitos preciosos a cuatro patas y con unas más que generosas rajas se meneaban ahora delante de él. Lástima no haber sido hombre engendro de circo de tres rabos para poder follárselos al mismo tiempo, pero sólo tenía uno y debía dosificarlo. Fue pasando de uno a otro como el que tiene varios postres delante de la jeta y no sabe cuál escoger, pillando cacho de uno y otro con desesperación y ansia.
Tersos y suaves, cada uno de esos culazos le recordó al suyo en sus tiempos mozos. Los chavales se besaban mientras papi les metía el trabuco por detrás, se apilaban unos encima de otros para ofrecer a Manuel un festín inolvidable y después disfrutaron de un gran espectáculo, los tres tumbados en fila, uno al lado del otro, para ver a papá hacerse un pajote lechero, deleitándose de cerca con los chorrazos que salían por la punta de su polla. Feliz día del padre!
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