Apolo Adrii y Guillaume Wayne se follan sin condones al grumete Occitan Prince y le dejan la boca chorreando semen | Stag Homme X Carnalplus

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Mientras Hugo Dupre se lo montaba con el capitán para ganarse una plaza en el barco, su colega y compañero Occitan Prince tampoco perdía el tiempo. Tan importante era ganarse la confianza del capitán como de la tripulación a bordo. En ese barco eran todos unos pervertidos y estaban cachondos, algo que casaba a la perfección con el espíritu de ambos, que no dudaban en regalar sus cuerpos desnudos a la vista de otros hombres si con eso podían conseguir crédito.

Esperando a Hugo, Occitan estaba sentado en uno de los sofás cuando Guillaume Wayne empezó a echarle miraditas y a llevarse la mano a sus partes íntimas, mirándole cada vez con más lascivia. El tio estaba todo buenorro. Era alto, delgado pero corpulento, con uns constitución atlética y una pinta de empotrador que lo flipas. Es más, el tio sacó el móvil y empezó a grabarle, acción que impulsó a Occitan a enseñarle todo lo que tenía.

¿Quieres material para pajas? Pues toma. Se dio media vuelta y empezó a bajarse los pantaloncitos mostrándole el culazo. Se puso de rodillas en el sofá mirando hacia el respaldo, con todo el trasero redondito y flipante hacia afuera, el rabo y las pelotas colgando entre sus muslos. Escuchó de lejos los repetidos clicks de la cámara de fotos del móvil y se giró para comprobar que Guillaume apenas podía sostener ya el aparato en las manos de lo nervioso y excitado que estaba al ver esas dos bombonas enormes y desnudas frente a él, porque el aparato del que ahora tenía que hacerse cargo, empezaba a crecer a lo largo y a lo ancho impulsando hacia adelante el frontal de sus pantalones.

Abandonó la cámara y se acercó al chico, rozando con sus manos su suave pandero. Al sentir el contacto, Occitan gimió de placer. Le gustaban los hombres como ese, con brazos largos, fuertes, varoniles, peluditos, manos grandes con dedos largos y curtidos. Después de sobarle un rato, Guillaume se levantó y liberó la polla de sus pantalones. Debía apretarle bastante, normal con lo larga y grande que la tenía. Occitan escuchó cómo se desabrochaba el botón del pantalón, giró la cabeza hacia atrás y le pilló rabo en mano, acariciándose la verga mientras le comía el culazo con mirada.

Le metió una paliza con la polla en la nalga izquierda, quizá comprobando lo bien que quedaría su rabo dentro de ese pedazo de culo. Luego el muy cabrón le agarró por los pelos largos rizados y le hizo agacharse para comerle la polla. Era larga y estaba super tiesa, apuntando hacia su cara. Ni siquiera la tuvo que enderezar con la mano para conducirla hacia su boca, le bastó con agachar la cameza y meterla entre sus labios.

Las travesías de los barcos solían ser largas, puede que días, semanas e incluso meses sin arribar a un puerto ni ver tierra firme. Los que iban a bordo eran los que estaban y, o bien te dabas a la paja contigo mismo, o la necesidad por meterla en un agujero te llevaba a adoptar roles que jamás habrías imaginado. A bordo de un barco donde todo eran rabos, el más activo podía llegar a ser la putilla de la tripulación, los amigos follaban con los amigos y sus pollas, culos, bocas y cuerpos estaban al servicio de los demás. Esa fue la idea con la que Occitan y Hugo fueron a la entrevista. No cerrarse a nada, darlo todo.

Al posar sus labios sobre el pene erecto de Guillaume, este lanzó un gemido de gusto. Se ve que hacía unos cuantos días que no se la chupaban, cosa que Occitan no entendía, porque a un tio así no debían faltarle agujeros, tenía que tener lista de espera. Sí, al principio a todos les gustaba sentir unas buenas caricias en el rabo, suaves y húmedas, pero luego acababan sacando su lado perverso, como Guillaume, que le agarró por la cabez ay le obligó a tragar más de la cuenta, atragantándose por el camino al sentir que la verga le traspasaba el fondo de la garganta.

Por si no tenía suficiente con una, otro tio de la tripulación les sorprendió y en lugar de largarse se quedó a participar. Occitan le echó un vistazo y se enamoró al instante. Era jodidamente atractivo y guapo, con una sonrisa cautivadora. Llevaba un polo verde bien ajustado a su musculatura y por la bragueta se sacó un pedazo de rabo alucinante, bien largo, gordito y en forma de plátano apuntando hacia la izquierda.

Le bastó girarse para empezar a chupársela y se la mamó hasta los huevos. Ahora que habían llegado refuerzos, Guillaume aprovechó para ponerse detrás de Occitan, se levantó un poco la camiseta enseñando sus abdominales, se escupió en una mano rociando su polla con las babas, con el pulgar forzó la erección dirigiendo el pene hacia el ojete del chaval y con un empuje de caderas se la metió sin condón.

Apolo Adrii se levantó y entre los dos le follaron los dos agujeros sin compasión, uno por la boca y el otro por el culo. Dios, qué bueno, qué buenos estaban, qué fuerza tenían, menudas pollas. ¿Así iban a ser todos los días a bordo? Cobrando y follando, lo que más le gustaba en el mundo, dejar que los hombres le usaran para abandonarse al placer.

Una vez Guillaume acabó de reventarle el culo, le dieron la vueltecita en el sofá para que el guapo de Apolo le endiñara. Después de escuchar un escupitajo, sintió los dedos de su mano alrededor del agujero, luego su enorme tranca atravesándole el esfínter sin protección, desnudita, toda caliente, carne con carne. Ahogó semejante gusto metiéndose la polla de Guillaume por la boca y tragando a marchas forzadas, porque este no dejaba de agarrarse de los pelos y de dominar su cabeza.

Consciente de las bondades de su flipante culazo, Occitan les mostró lo que tendrían todos los días si le contrataban. Aprovechó que los dos estaban en el sofá mirándole rabo en mano, sobándosela, para joderles bien la polla con el culo, bombeárselas hasta sacarles toda la leche que tenían dentro. Primero fue con la de Guillaume y luego con la de Apolo.

Le excitaba regalar su culo a los hombres de esa manera, que vieran el bombeo de cerca, ese culazo grande y precioso rebotando una y otra vez, tragándose sus enormes pollas, llevarles al límite. Hacerlo de dos en dos le daba un plus de morbo. Le encantaba ver cómo el que estaba al lado miraba con interés esperando a que llegara su tirno y se la pelaba a fondo.

Tras las cabalgadas, le cogieron cariño, demasiado. Le pusieron de pie y dejaron a Occitan entre los dos, regalándole besos y caricias por todo el cuerpo, miradas lascivas. Occitan estaba en la gloria, con dos pares de manos y dos bocas agasajándole, el roce de esas dos enormes pollazas todavía bien duras y tiesas rozándole los muslos, una a cada lado.

Ponerse de rodillas entre los dos fue su perdición, pero era lo que necesitaba en ese momento, mirar hacia arriba y ver las caras de esos dos hombres, asociar el tamaño de sus rabos a ellas, sentir cómo se pajeaban sobre él, cómo le forzaban a comer polla, cómo le azotaban con las vergas en toda la cara, cómo incluso Apolo llegó a agarrar su propia polla y la de Guillaume frotando ambas sobre los morros del chico.

Qué largas, qué grandes, qué calientes estaban y qué buenorros. Apolo quería tomarle una vez más. Le levantaron y Guillaume le ayudó poniendo al chaval mirando hacia él y elevándole una piernecita para que Apolo pudiera entrar mejor dentro de él. El ojete del culo le quedó un poco alto, nada que Apolo no pudiera solucinar con su ingenio y con las ganas que tenía de empotrar. Se puso de puntillas y le penetró.

Le dieron la vuelta y Guillaume también tomó su culo en posesión. Después Occitan volvió a agacharse y supo que la fiesta estaba a punto de terminar cuando los dos se acercaron el uno al otro con la cabeza de Occitan entre ellos, rozándole con los cojones en las mejillas, pajeándose a toda hostia sobre su cara. Apolo empezó a gemir y por la punta de su rabo empezó a brotal la lefa, todo pegotes blancos, grumosos. Occitan tenía la boca abierta y la lengua por fuera, dejándose impregnar por esa sustancia. Estaba rica.

Al ver tanta leche, a Guillaume se le contagiaron las ganas y le soltó tralla, lechazos jugosos que cayeron como miel sobre su boca dejándole la pasta de dientes encima, en tal cantidad que Occitan se vio obligado a cerrar la boca y sacar todo ese esperma que le estaba atragantando, por lo que la leche le salió brotando de la comisura de la boca, resbalando por su cara y colgando por la mandíbula.

Qué gustazo, el sabor de esos dos machos en su boca, sus mecos resbalando ahora por el cuello, dos buenos regueros a cada lado de la nuez. Apolo miró a Guillaume, le sonrió, le dio una palmada en el cuello diciéndole que ahora tenían que volver al curro y se largaron dejando a Occitan de rodillas, desnudo, con la cara, la boca, el cuello y los pectorales llenos de esperma. Occitam se relamió saboreando a esos dos, observando cómo se retiraban meneando sus culitos respingones, todavía con un serio problema entre las piernas. Sólo esperaba de ellos que le halaran bien de él a su jefe. Aunque si no era así, eso que se había llevado.

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