William Seed se lo hace rico y a pelo a Seb Leblan en la lancha | Raging Stallion
Shore Things
Un paseo en lancha por el lago, es lo que le prometió William Seed a Seb Leblan para ponerse en forma por las mañanas. Con el motor ya encendido surcando las aguas de ese paradisíaco paisaje, Seb le miró a la cara y le preguntó si estaba seguro de que uno podía ponerse tan cachas como él con un simple paseo. Él le devolvió una sonrisa picarona de las suyas, contentándole que iban a pescar y que estaba muy seguro. Seb no las tenía todas consigo, a no ser que Will se refiriera a otro tipo de pesca.
A mitad de camino, el motor de la lancha empezó a fallar y se quedaron varados en mitad del lago. Will llamó a los guardas pero la ayuda tardaría en llegar. La única preocupación de Will no era ni la falta de agua ni de comida, sino que no llegaría a tiempo a casa para que alguien le hiciera una mamadita, así que preguntó a Seb si podía hacérsela él, algo a lo que accedió muy gustosamente.
Un tiarrón como Will al lado, corpulento, cachas, guapísimo y encima sabiendo que estaba ya empalmado. Se inclinó, le bajó la parte frontal de los calzones descubriendo su pollón y sus pelotas, la pajeó mirándola de cerca, enamorándose de su forma y de su tamaño y se la empezó a zampar a bocados. Qué gorda, pero eso no le iba a frenar, tenía my claro qe a tios así de buenorros había que hacérselo rico para que volvieran a probar otro día y Seb quería no otro día, sino todos los días.
No podía parar, la polla se convirtió en su obsesión en ese momento. Le encantaba chuparla y sentir cómo seguía creciendo y poniéndose más dura dentro de su boca, con cada caricia de sus labios. Le molaba la entrepierna de Will y se lo hizo saber sobándole también los huevos. Will a veces se dejaba hacer con los brazos esrtirados a lo largo de la barandilla del borde de la lancha, otras le cogía por la cabeza a dos manos y dirigía el mamadón y lo que le volvió loco fue que Seb se la tragara a fondo besándole las bolas.
Sentir cómo su polla enorme penetraba la garganta de ese mamón fue increíble y es que a Will le gustaban los lugares apretaditos. Pensó en ello y dirigió sus manos hacia el trasero de Seb, destapando su culito blando y redondito mientras este seguía a lo suyo. Will se lo acarició notando la suavidad de sus nalgas, su redondez. Coló la manita por la raja y se puso cachondete al palpar que estaba llena de pelitos.
Apenas pudo preparar la jugada, porque enseguida Seb se sentó sobre sus piernas haciéndose con el control de su verga para dirigirla hacia el interior de su ano. Bien sabe Dios que Will intentó pararlo. Le colocó las manos en los muslos intentando frenar, mirándole para preguntarle si no prefería que cogiera un condón de la guantera de la lancha, que siempre los llevaba encima, pero Seb siguió adelante y cuando se hundió la polla dentro, ya estaba el pescado vendido.
La osadía de Seb le puso fino. No solía follarse a los tios a pelo la primera vez, pero ya poco podía hacer, así que se dedicó a hacer lo que mejor sabía, fornicar. Le porculeó con fuerza elevando el pandero y ahora era Seb el que le colocaba la manita en el muslo para pedirle que lo hiciera con más calma. Eso le pedían todos, pero Will sabía que cuando un tio en la cama le pedía que fuera con más tacto, quería justo lo contrario.
Eso era lo que tanto enganchaba a los tios de su forma de follar, la intensidad, el ritmo y las ganas que le ponía. Seb le dio la espalda y siguió cabalgando, o más bien dejándose cabalgar, porque algo le decía que Will tenía pilas para rato. Menuda forma de follar a lo loco. A Seb se le había puesto bien dura y su rabo no tenía nada que envidiar a los mejores. Lo tenía largo, grueso como un buen salchichón y con unas buenas pelotas.
Qué hombre, pensó Seb cuando Will se puso enfrente de él. Un especimen perfecto. Guapo, atractivo, fuerte, buenorro, decidido. Lo tenía todo, así que cómo no abrirse para él. Seb se agarró a la barandilla, Will le cogió en volandas por los muslos, lo atrajo hacia él y le metió la polla dentro. Qué fuerza. Seb no podía dejar de mirarle la cara guapa, enamorándose de él, de lo concentrado que estaba fornicándoselo, de sus brazos fuertes, de su torso imponente.
Parecía que no era suficiente para él, así que Will se aseguró de que lo fuera elevando las piernas de Seb, colocándolas encima de sus hombros y chingándoselo una vez más, esta vez más apretado que nunca. Sin darse cuenta, habían llegado al muelle. La marea les había llevado hasta allí y ninguno de los dos había sido consciente del tiempo que llevaban follando.
En tierra firme, Seb le dio culo mirando hacia la barandilla de la lancha. No podía creer que un hombre pudiera ser tan salvaje follando. Sus embestidas eran alucinantes. Encima Will se inclinó un poquito sobre la espalda de Seb, que si ya estaba caliente, ahora tenía que lidiar con la respiración agitada y los gemidos de ese macho cerca de la oreja. Así ocurrió, que no aguantó más y comenzó a brotarle semen de la polla nada más tocársela.
Fue un placer para Seb agacharse y mirar a ese hombretón desde abajo. Era perfecto. Su pelo revuelto, su atractiva cara gozando del sexo, sus pectorales, los abdominales bien marcados en su torso, sus brazos fornidos y tatuados. Le dejó la cara bonita. Un primer chorrazo salió despedido, dibujando una curvatura debida al viento y le dejó la semilla bien plantada encima de los pelos de todo el bigote.
El segundo disparo salió con una potencia que le dejó ciego, literal, el semen disparado contra su ojito izquierdo, empapándole hasta las pestañas. Misma trayectoria que el primero pero con más leche y mejor cargado, lo que hizo que la lefa se le quedara pegada a la cara entre el bigote y el ojo y entre el ojo y la oreja, además de caer sobre su hombro. Vaya con el leferito. Al parpadear, Seb sintió el peso de la lefa en su ojo izquierdo, con el esperma pegado a sus pestañas. Se quedó así, mirando a Will mientras este se sacaba hasta la última gota y el cuerpo le temblaba de gusto.
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