Hayden Harding cubre a pelo el culete de Bunker sobre la mesa de la biblioteca y se corre en su cara empañándole las gafas con su lefa | MEN
Book Slut
Ser el chico nuevo en el instituto no era nada fácil para Bunker. La mayoría de grupitos de amigos ya estaban hechos y al final, como no te aceptaran a la primera, uno se convertía en la oveja negra que iba a todas partes solo y se sentaba solo a la mesa del comedor, con todos mirándote como si fueras el rarito. Por suerte siempre había alguien que empatizaba y quería acabar convirtiéndose en tu colega, y ese fue el encargado de la biblioteca Hayden Harding, un tipo que a todas luces estaba buenísimo, con su porte de tio cachitas, guapo y con barbita.
Muy amablemente, Hayden mostró a Bunker cómo funcionaba la adquisición de los libros y la ranura por la que tenía que devolverlos a tiempo. Con lo que no contaba Bunker era con descubrir que la ranura de libros, a falta de agujeros en los cuartos de baños de los chicos, servía también a la muchachada en plena efervescencia sexual con las homonas a tope, como un glory improvisado en el que comer pollas a horas intempestivas. No fue tanto una idea para que los jóvenes desfogaran a gusto, sino para incentivarles a la lectura.
Sí, ese instituto era el que más chicos acudían a la biblioteca, pero la administración no sabía que el motivo era la puta ranura de entrega. Hayden se coló detrás de la pared y le mostró a Bunker cómo se las gastaban allí. Cuando Bunker fue a introducir el tomo por la rendija, Hayden se la apartó de un manotazo, Bunker se inclió para mirar por ella y ver qué había sucedido y se encontró a Hayden completamente desnudo, sentado en una silla dentro del cubículo haciéndose una paja.
A continuación se levantó, se dirigió empalmado hacia la ranura y coló por ella su larga, venosa, dura y palpitante polla con un cipotón bien grande que enseguida Bunker se apresuró a cobijar entre sus labios y meterse por la boca. Chuparla apretando bien le hizo sentir en los labios las protuberancias de esas venas gruesas que recorrían todo su pene. Le encantaban las vergas duras con unos buenos tropezones.
¿Era impresión suya o al sacarla por primera vez de su boca para poder deshacerse de la chupa tejana y la mochila, Hayden la tenía más larga todavía? Ahí, de rodillas y con los cascos abrazados al cuello, Bunker le hizo una buena mamada a fuego lento, deleitándose con la textura, el tamaño y el sabor de ese pollón bien duro. Frente a esa experiencia, lo de quedarse hasta tarde en la sala de informática los viernes cuando apenas había nadie, irse al último pasillo y cascársla viendo fotos guarras en el ordenador sin que nadie se enterara, era un jueguecito de pajilleros iniciados. Quién iba a preferir eso cuando podías comerte una polla así de buena de un tiarrón que estaba buenísimo.
La rendija pillaba justo a la altura de sus caderas, así que Bunker se dio la vuelta, se bajó los pantalones por detrás y dejó bien pegado el culo a la ranura. Al instante tuvo la polla de Hayden metiéndose entre sus carnes, a pelo, agujereando su ojete. Al sentirla, a Bunker se le puso bien dura, d ehecho se le escapó el precum, que salió como un dulce de leche de la raja de su cipote para colgar como la miel cayendo de una cucharadita sopera.
Aprovechando que el último alumno había abandonado ya la biblioteca, uno que se había quedado sopa y no se había percatado de nada, Hayden metió una mano por la rendija y señaló a Bunker su siguiente destino, junto a la estantería principal. Al ver el cuerpazo desnudo de Hayden, Bunker se enamoró enseguida y se lanzó a sus brazos.
Estaba buenísimo, musculado, con esa virilidad que imponía el pelo en su pecho y la cadena de oro colgando de su fornido cuello, aparte de esa cara guapa con barba que le daba apariencia de daddy jovencito y empotrador ante el que cualquier chaval se abriría de piernas. Entre el pupitre delante de la pizarra y un asiento junto a la estantería, Bunker le dio la espalda, se abrió de piernas y dejó que Hayden le comiera el culito.
Ojos en blanco al sentir el aliento de ese tio colándose por su ojete ardiente, al sentir el raspado de su barba y su lengua húmeda alcanzándole lugares que le daban un placer intenso cercano a la locura. Hayden tomó asiento en el banco, Bunker hizo una sentadilla sobre él y, antes de que pudiera bajar lo suficiente como para tomar su polla, Hayden elevó el culete y le enganchó desde abajo penetrando su culete.
Una vez dentro, volvió a dejar reposar sus posaderas en el asiento y agarró a Bunker por la cadera para que bajara con él. Entre los dos hicieron movimientos para encajar y disfrutar juntos, si bien fue Hayden el que tuvo el control casi completo de la situación, usando el poder de sus muslazos y su trasero de futbolista para focalizar toda su atención en el culete de ese mamón.
Bunker le pasó una mano por detrás del cuello y le miró a la cara mientras le follaba. Cómo le gustaban los tios así de duros, cuya misión en esta vida era la de follar de esa manera y hacer disfrutar a chicos como él, aparte de alegrar la vista. Al salir de su interior, Bunker se fijó en su picha. La seguía teniendo bien dura, larguísima y con ese cipote tan grande y agradable de ver coronando el cimbrel.
Hayden despejó la mesa de los profes a la que Bunker se subió poniéndose a cuatro y con el culete en pompa. Hayden se las apañó abriéndose lo suficiente de piernas y doblando las rodillas para alcanzar el ojete con la polla, La hundió dentro de su ano sin condón, se inclinó sobre el chaval y comenzó a endiñarle dándole mucho amor, bombeando su culo con pasión.
Cachondito perdido, animó a Bunker a abrirse de piernas para él sobre la mesa. Un toquecito en la cadera fue suficiente para que Bunker cayera en su juego. Se abrió a tope y dejó hacer a Hayden todo lo demás, que se encargó de forzarle las piernas hacia arriba y hacia afuera, le elevó el pandero, soltó un escupitajo certero justo en su hueco y de nuevo le encajó la polla dentro.
Con ese pedazo de maromo encima fornicándole y sintiendo la polla larga y dura dándole donde más le gustaba, Bunker se pajeó el rabo a toda hostia, hasta que se le puso duro como una roca y terminó corriéndose encima soltándose unos buenos lechazos hasta el cuello. Hayden avanzó un par de pasitos al frente polla en mano, hasta masturbándosela justo encima de la cara de Bunker.
La leche blanca y espesa salió de la raja de su cipote cayendo encima de la carita de Bunker, el primer lechazo le mojó el labio superior y la mejilla, chorreándole por los pelos de la barba. Un movimieno de cadera por parte de Hayden le dejó en la posición justa para hacer que el siguiente lechón cayera sobre la lente izquierda de las gafas, colgando por encima de la montura, espesito, rozando y resistiéndose a caer sobre la ceja de Bunker. Estaba claro que Hayden tenía leche de calidad y con buena consistencia.
La administración del instituto creía que Hayden era bueno en lo suyo, atrayendo a nuevos y jóvenes lectores. Que era bueno en lo suyo era innegable, aunque no en el sentido en el que ellos pensaban. Hayden esperaba que los estudiantes mantuvieran la boca cerrada si querían seguir disfrutando todos de ese entorno privado en el que aliviarse de la tensión de los estudios.







