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Kebsho Black le mama todo el pollón morenote a Alex B en el asiento del conductor y se deja follar a pelo | Latin Leche

I Only Wanted a Ride So I Could Suck My Driver’s Big Cock

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Acababan de conocerse en el gym. Normalmente Alex B se fijaba ahora mismo, en esta etapa de su vida, en chicos de su edad, igual de cachitas que él, pero las miraditas y la insistencia de Kebsho Black en los vestuarios terminaron por convencerle. Eso y que cuando no miraba nadie, se le acercó, le agarró el paquete y le dijera que tenía ganas de rabo. Ante eso Alex no podía decir que no.

Al montarse en el coche, Alex le preguntó dónde residía para ir a su casa a hacerlo, porque él todavía vivía con sus padres, pero Keb le dijo que condujera. Menudo cabroncete, sí que sabía. Lo llevó hacia la zona de cruising, un lugar más apartado rodeado de árboles y maleza, a salvo de miradas pero con el morbazo de que cualquiera pudiera verlos.

Antes de apagar el motor, Keb ya estaba otra vez con la mano en el paquete de Alex, que ya la tenía bien dura. Fue Keb el que tomó la iniciativa, el que se moría por chuparle el rabo. Se pegaron un buen morreo, alentados por esos bigotes que tenían los dos, rozándolos, disfrutándolo. Después Alex se puso cómodo levantando los brazos por detrás de la cabeza y dejó que Keb le hiciera el trabajo sucio.

Tras sacarle la polla bien larga, morenota y dura del bañador, se inclinó y empezó a mamársela justo frente al volante. Menuda cigala tenía el chavalote. Además de ser un guaperas con cara de malote y estar riquísimo, que la tuviera así de grande era un plus. Alex agarró por los pelos a Keb, subiendo y bajando su cabeza, obligándole a tragar rabo, metiendo una marcha más a la mamada.

Cerró los ojos escuchando el sonido gutural de su polla intentando penetrar la garganta de ese mamonazo. Melodía para sus oídos. En cuanto se lo soltó de la boca, el pollón salió de ella todo durísimo, lleno de babas e imponente cayendo a saco sobre la camiseta negra de Alex. Sólo entonces fue consciente Keb de lo que se acababa de meter en la boca.

Verla así le despertó mucho más el apetito, esperó a que Alex se bajara el bañador hasta los tobillos y entonces tuvo doble diversión, la polla y los pedazo cojonazos que se gastaba el zagal. Keb sintió que empezaba a perder la cabeza por ese chico, que se estaba empezando a enamorar de esa pedazo de polla impresionante que no paraba de crecer, ahora descomunal, gorda y durísima.

Dios, qué momento más cerdo, cuánto se alegró de haberlo conocido. Estaba chupándosela, para ser más exactos atragantándose con esa pollaza, a un chulazo guaperas y bien dotado en el asiento del conductor. Tan largo tenía el rabo que, haciendo palanca hacia adelante, tocaba con holgura el volante. Alex volvió a agarrarle de los pelos, esta vez para subir su cabeza y meterle otro morreo. Así, chico, prueba el sabor de tu propia verga, que te encanta.

Keb volvió a las andadas, aunque esta segunda vez todo fue más cerdo. Le subió las pelotas con las manos y, con la ayuda de Alex, intentó tragarse esa tranca hasta los huevos. Se quedó cerca. La temperatura dentro del coche estaba siendo ya insoportable. Salieron fuera, se desnudaron y Keb se agachó para seguir mamando. Lo que le gustaban el tamaño y la forma de ese pollón no estaba escrito.

Al levantarse volvió a dejarse impresionar por el tamaño del rabo, mojadito con su saliva, moreno, descapullado, con el cipote rosáceo brillante, la verga firme y poderosa. No lo dudó ni un momento a la hora de darle la espalda, apoyarse contra poste partido en el camino que tenía enfrente, abrir ligeramente las piernas y entregarse a ese chico. Alex no se andó con rodeos, fue apuntar hacia la raja y metérsela sin condón, sacando un gemido de placer de la boca de Keb.

Esperaba que le durase más, pero un chaval de esa edad experimentando esos caminos por los que Keb le llevaba, poco habituales, acabaron por entusiasmar a Alex, que tras un par de minutos de follada, terminó sacando el rabo del culo, pajeándose y soltando su lechecita en las nalgas de Keb. Qué pena, cuánto le habría gustado disfrutar más de esa pedazo de polla dentro de él.

Error. Ese día Keb aprendería que un chaval fuera joven también podía sorprenderle. Alex volvió a empalarle con la polla corrida por dentrás y se mantuvo todo el rato duro dentro de él. Qué bueno, que no necesitara ni esos diez o quince minutos para recuperarse y meterle otro polvo, que recién descargadas sus pelotas volviera a la carga. Se lo zumbó, la lefa despegándose entre el culo y los pelos de la base de su polla.

Volvió a sacarla del culo y a pajearse. Esta vez Keb se agachó y puso la cara bajo ese delicioso pene, degustando la lechecita que salía por él, recibiendo los manotazos de la paja de Alex en la barbilla. Y no había dos sin tres. Ese chaval era un portento. Se lo llevó a un lugar más apartado y volvió a empotrarle contra los troncos de los árboles.

Joder, cómo podía tener tanta leche en los huevos. El cabrón volvió a correrse en sus nalgas y, cuando Keb se agachó para chupársela, todavía se estaba corriendo, dándole tiempo a recibir un lefazo en todo el bigote, impregnándose los morros con su semen. Cómo le gustaba ese tio. Se llenó la boca con todo el rabaco gordo, haciendo resbalar sus labios por encima, mirando a los ojos a Alex, diciéndole con la mirada lo mucho que le molaba. Al apartarse un poco, por primera vez vio esa polla sin estar dura del todo, morcillona, larguísima. Apetecía levantarla de nuevo.

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