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Leo Levine cubre a pelo el culazo del barman Joey Mills en la barra del bar | MEN

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Apenas quedaban ya clientes en la barra. Joey Mills se puso a limpiar algunas copas con el paño dando la espalda a Leo Levine, el último hombre en pie, sin darse cuenta de que al hacerlo, estaba desjando al descubierto un secretito demasiado íntimo, y es que a Joey no le iban los calzones normales, sino que le gustaba más ponerse tangas y braguitas. Nada le gustaba más que sentir el roce de una tira rozando su ojete y por supuesto tenía claro que eso volvía locos a algunos tios, que veían en esas braguitas un elemento tremendamente morboso.

Así fue para Leo, que nada más ver eso y encima las horas que eran, las de irse a la cama y cascársela, decidió adelantar la tarea allí mismo en la barra del bar, cascándose un buen pajote. Parapetado tras un par de botellines, en cuanto Joey se giró y los retiró, Leo se corrió encima, pringándose la camiseta oscura y hasta le brazo con toda la leche que le salió de las pelotas.

Su larga y gordísima polla era enamoradiza, más así en ese estado, completamente mojada de lefa y a plena potencia, dura com una roca después de haber soltado toda esa descarga. Joey estaba acostumbrado a limpiar de todo, pero nunca había imaginado que tendría que lidiar con una corrida en el trabajo. A grandes males, grandes remedios. A ver, lo primero era que el chaval se quitara la camiseta, lo cual Joey no sabía si era mejor o peor, porque menudo torso de escándalo. Lo otro ya era más complicado, pero Joey tenía un remedio. Entre ir al baño a por papel higiénico y limpiarle le sable, optó por lo segundo a todas luces.

Se subió a la barra, Leo se levantó poniéndose de puntillas y Joey empezó a chupársela. Lo normal era comerse un rabo y luego ya probar su leche un rato después, pero en ese caso tan especial fue justo al contrario. Los labios de Joey se deslizaron suavemente por la polla lefada y saboreó el semen de ese chaval a la vez que le comía todo el tronco.

Se fijó en su cuerpazo tatuado y le entraron más ganas de comérsela, así que terminó jalándose esa polla con besos de tornillo, dejándosela bien mamada. Le sorprendió que, en lugar de rebajarse, el rabo permaneciera duro. Al final lo único que había conseguido era limpiársela, porque le había dejado preparado para cascarse otra. Esperó que no lo hiciera y que esta vez tomara lo que tanto placer le había proporcionado su vista. Joey se bajó los pantalones, dio la espalda a Leo mirando e inclinándose sobre la barra y esperó a que ese guaperas fuera hacia él.

Aunque últimamente Joey estaba más en pro del amor, le encantó que Leo no se andara con preliminares y fuera a saco. Lo tenía justo detrás. Escuchó cómo se lanzaba un escupitajo en la mano, la misma que luego se llevó al rabo para darse lubricante natural esparciéndolo por cada centímetro, luego sintió cómo buscaba la entrada de su agujero paseando la punta de la polla por toda la raja del culo, una mano en su nalga, desplegándola y por fin sintió dentro de él a ese cachorro de ojos azules.

Ahoras las dos manos de Leo se aferraban fuerte a sus caderas, atrayéndolo hacia él, empujando, metiendo la polla sin condón dentro de ese culito tan apretado, blanco y redondo que era una fantasía. Leo tomó asiento sobre la barra y Joey lo siguió dándole todavía la espalda y sentándose sobre sus piernas. Para no perder el equilibrio, le pasó un brazo por detrás de los hombros y empezó a saltar clavado en su verga.

A Leo le dio por mirar un poco hacia abajo y lo que vio le dejó boquiabierto. Resultó que el barman tenía una pija descomunal, más grande incluso que la suya, ahí rebotando a cada salto, grandiosa. No quiso mirar mucho más, porque entre los rebotes de esa pollaza y el culo que le estaba desvirgando el nardo, se le estaba empezando a nublar la vista de tanto placer.

Lo hicieron encima de la barra. Joey se subió a ella a cuatro patas y Leo le cubrió por detrás. Qué vicio su cuerpo musculado de perfil follando, los biceps en tensión, los bamboleos de su culete endiñando. Obligado a doblar las rodillas para penetrar, la verdadera fantasía estaba entre sus piernas abiertas, con una V peluda invertida, naciendo en su raja y perdiéndose por el interior de sus muslos, sus pelotas grandes y cargadas de leche meciéndose al compás de la penetración, la polla dura y grande, hermosa, haciéndose un hueco.

Se echó hacia atrás, apoyándose con las manos en la barra para ver bien ese culazo blanquito. Se tomaron un respiro durante el cual Joey le chupó el rabo por detrás del mostrador y luego volvió a darle culo por última vez, no sin antes fijarse en los abdominales de ese cabronazo, de hierro, bien marcados, seguro de que quería darle todo.

Así las cosas, Joey se cascó un pajote y se dejó la leche en la pared interior de la barra justo cuando Leo, que seguía con el miembro metido dentro de su culo, tieso, enorme, se inclinó un poco para decirle que se iba a correr dentro. Sintió su pene firme, más grande y abultado, expandiendo su ojete mientras lo preñaba por dentro. Una descarga sin fisuras, los dos unidos y Leo bombeando leche ahí dentro.

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