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Rico Marlon se folla el apretado culazo del guapísimo Souzza Ramon sin condón con su gordísima polla y juegan con la lefa entre sus bocas | Fucker Mate

Hot Summer

En lo profundo de la selva, dos tios guapos y con cuerpos esculturales se internaban dispuestos a hacer guarradas. Iban como tarzanes, medio desnudos, apenas con un fino taparrabos que les marcaba unos buenos bultos, sobre todo a Rico Marlon, que se ve que la tenía tan gorda, grande y pesada que le tiraba en demasía hacia abajo y se le podían ver los pelos de la polla por encima de la goma de los gayumbos.

Pararon al llegar cerca del lago, juntaron sus musculosos cuerpos frente a frente y comenzaron a morrearse y a tocarse. Rico fue directo a palpar el culazo de Souzza Ramon, bonito, redondo y apretado, sus pectorales, sus tetillas. Luego levantó un brazo, agarró a Souzza por detrás del cuello con una mano y lo atrajo hacia su sobaco para que se lo lamiera y esnifara. El chaval era tan guapo y estaba tan bueno que necesitaba entregárselo todo.

Antes le relamió de abajo a arriba como si fuera un dulce caramelo, volviendo una vez más a sus tetillas, tiesas y firmes, señal de que el tiarrón macizo que tenía enfrente le molaba y le hacía tilín. Souzza plantó una mano en el tolón, en una polla que cada vez se expandía más hacia el lateral de los calzones y que no podía ser más gorda. Al sentir esa manita caliente deseando su rabo, a Rico se le puso el pito más duro y desplegó el culito de Souzza como si fuera un plátano bajándole la gomita, descubriendo su espectacular pandero.

El guapito bajó hacia el rabo, relamiendo por el camino el peludito y definido torso de Rico, deteniéndose un rato en sus firmes pectorales. Le pegó un bocado al paquetón y por fin descubrió todos sus secretos al tirar hacia abajo de los calzones. Una polla dura y gordísima salió rebotando frente a su cara y, sin perder un solo segundo, Souzza se la zampó.

Era un pollón rellena bocas, imposible de colárselo por la garganta de lo grueso que era. Eso no evitaba que Souzza lo intentara y se dejara la piel, nutriendo al pene con toda su saliva, acariciándolo con sus dulces labios. Rico le ayudaba cogiéndole la cabecita entre ambas manos y escupiendo directo a su boca para proporcionarle más babas, otras veces escupía desde arriba acertando en la punta de su descomunal cipote.

A Rico también se le habían puesto las tetillas firmes y no era para menos. Le encantaba ese chaval, guapísimo, esa rallita dibujada en el pelo corto y moreno que le daba un aire de malote, tan servicial recibiendo con agrado cada uno de sus gapos, que no fueron pocos. Se hubiera corrido encima de su bonita cara si no fuera porque de hacerlo habría tenido que aguantar los diez o quince minutos reglamentarios que todo hombre debe guardar entre tiempo y tiempo de un partido que se pretende jugar en dos partes.

No lo hizo, pero que el chaval relamió algo más que babas de eso estaba seguro, pues sintió por un momento cómo un chorrete de leche caliente brotaba del manantial de sus caldeados huevos hacia la punta de su polla. Aprovechó y enseñó a Souzza un poquito de lo que le esperaba cuando le diera la espalda. Le agarró con ambas manos del cogote, impidiendo que echara la cabeza hacia atrás y le empaló la jeta con su nabo.

Tardó poco en darle la vuelta y empujarle contra el tocón que había cerca. Al estar de espaldas a él, se perdió el meneíto de rabo colgando de dieciocho centímetros de Souzza. Le bajó los calzones con fuerza, haciéndole saber lo mucho que deseaba estar dentro de su cuerpo y en cuando se abrió de piernas para él y vio su cerrado culito, se agachó para intentar abrirlo aunque fuera un poco.

Jugó con la punta de la lengua, lo besó, lo lamió, pero el cabrón estaba cerrado a cal y canto, no se le abría ni un puto milímetro. Rico no desistió, pero lo tomó como un reto, aparte de culazos así eran toda una gozada penetrarlos a la fuerza bruta, aunque llevaran tu polla al límite. Ya que los besos y caricias no servían, decidió emplear su arma de destrucción masiva.

Se levantó, enderezó el pito y acarició el agujerito con su brillante y suave cipotón. Ni con esas. Iba a costar. Empujó con las caderas y logró meter el cipote, que ya era mucho decir. Caderazo a caderazo, pasito a pasito, embadurnando su polla a escupitajos desde arriba para que entrara más fácil, unico al hambre de rabo que tenía Souzza, la polla terminó entranto entera y sin condón.

Desoyó los gemidos de dolor de Souzza, a sabiendas de que ese pollón era descomunal, demasiado grande para un culito tan apretado. Poco a poco esos gemiditos cambiaron de tono e intensidad y se convirtieron en gozo. Rico se lo folló con ganas, aprovechándose de la fuerza de su generoso trasero y de su fuerte y musculoso torso para arremeter ese culazo con toda su furia.

Por los movimientos de Souzza, se veía que ya lo estaba disfrutando. Él también ayudó a la follada, meneando el culete hacia atrás y sonriendo del placer que sentía. Si había algún voyeur cerca, se lo estaría pasando de vicio, viendo a esos dos chulazos guapos, buenorros y dotados follando como animales, la minga de Souzza rebotando alegre entre sus piernas mientras Rico le daba por culo.

Rico se sentó en el tronco de la valla y Souzza hizo lo propio sobre sus piernas, clavándose su enorme rabo dentro del culo para montarlo. Frente a frente la follada subió de nivel, cuando se enamoraron de sus ojos, de sus preciosas caras, de sus musculosos pectorales, de sus marcados abdominales. Estaban calientes y cachondos. Rico tuvo que parar esa situación que a lo único que conducía era a la perdición, a una preñada segura.

Colocó a Souzza con una pierna a cada lado de la valla y le folló el culo por detrás, luego le hizo apoyarse tumbado sobre ese mismo tronco de la valla y lo reventó a pollazos hasta que el gusto le recorrió la espalda. LLamó la atención de Souzza para que se agachara delante de él y se pajeó delante de su cara. El primer lefote salió disparado hacia un lado mojándole el bigote y la barba, el resto de leche pegajosa se quedó en su boca y entre sus labios, colgando, deliciosa.

Al verlo tan guapo y con su leche encima, Rico bajó a relamerle todo y a jugar con él a las bolitas de nieve, recogiendo, intercambiando y pasándose el grueso de lefa de una boca a otra. Souzza apretaba los labios y la lefa le salía a presión por la comisura, con unos buenos lechazos colgando de su barba que Rico se apremiaba a recoger con la lengua para llevarlos de nuevo dentro de su boca, en un jueguecito guarro y delicioso.

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