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Franklin Acevedo cubre el culazo de Kike Gil a pelo con su descomunal polla y se corre en su cara | Fucker Mate

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Irrumpió en la habitación dando los buenos días. Mejor incluso que un amanecer soleado, era ver el cuerpazo de Kike Gil, musculadito, con ese imponente torso peludo y varonil, rellenando los vaqueros con su desado culazo. Especialmente guapo, más todavía, dándole esa pintaza de malote, estaba esa línea curva cruzando su pelo y superponiéndose a la que surcaba su ceja. Franklin Acevedo se puso tontorrón y supo al instante que acabaría follándoselo esa mañana, como todas las mañanas.

Nada le excitaba más que los preliminares, cuando Kike le colocaba la mano caliente sobre el paquete y bufaba y agarraba sabiendo el pedazo pollón que había ahí debajo. En ese momento no se corría de milagro, imaginando sus labios arropando su polla, el raspado de su barbita, la forma en la que le miraba siempre desde abajo con esos ojitos de cachorro mientras le comía todos los huevos y el rabo se le quedaba sobre la jeta tan guapa.

Al cabrón le gustaba siempre juguetear antes un ratito, mordisqueando la marca de la enorme polla que se dibujaba por debajo de los pantalones, empapándosela con babas y dejándole la parte delantera como si acabara de mearse encima. Fuera pantalones, hacía lo mismo sobre la tela de los calzones, solo que ahora podía sentir el calor de su boca y de su aliento.

Con un par de deditos, sacándosela como si fuera a mear, Frank se la sacó por el lateral. La polla gigantesca y gordísima se quedó apretada contra su muslo derecho, con el cipote a punto de reventar. Kike, a pesar de disfrutarla cada día, no dejaba de sorprenderse de que un tio pudiera tener una minga de semejante tamaño. Miró a Franklin, le sonrió halagando su trompa y se puso serio para rechupetearle el pollón.

Se volvió loquísimo, se puso cachondo como una perra haciendo resbalar sus labios húmedos por toda esa barra enorme que parecía no tener fin. Se la cogió con una mano para sacársela entera, se dio unos golpecitos sobre la mejilla para sentir su grandeza y se emborrachó la boca con el flipante y despampanante capullo. Luego le bajó los calzones y volvió a admirar su grandeza.

La pedazo polla se quedó dura, tiesa, cilimbreando al viento, tan larga que la tenía un poco torcida hacia la derecha. Ya se encargó Kike de enderezarla y darle amor. Franklin le hizo levantarse, le quitó los vaqueros y con la mano le fue buscando el culo. Deseaba esas nalgas musculosas y peludas. Estaban tan pegados y Frank era tan alto, que la gigantesca polla quedó entre los dos cuerpos. Kike la cogió del revés y la masturbó con una mano antes de volver a ponerse de rodillas y agradecer con una buena mamada a quien quiera que hubiera creado esa polla hecha para hacer felices a los hombres.

Desde que conocía ese rabo, no quería otro, si acaso otro pero que fuera igual. Uno así de enorme y gordo, bien descapullado para poder pasar el cipote desnudo por los alrededores de su boca, para frotarlo con los pelos de su bigote y de su barba, para sentir el calorcito en su mejilla, sus ojos, su frente y su oreja cuando se dedicaba a comerle la huevera.

Comerse un pollón así, capaz de rellenarte la boca sólo con el cipote y saber que por delante quedaban más de veinte centímetros de placer que jamás podrías llegar a comerte enteros, era como tener una mesa de varios metros, sobre ella montones de platos con tu postre favorito y saber que por mucho que te gustaran, nunca podrías llegar a degustarlos todos. Pero saber que estaban ahí, aunque fuera solo para comerlos con la vista, le hacía el hombre más feliz del mundo.

No se podía decir que Kike no pusiera empeño en mamarla. Mientras otros tios te la chupaban con la boca y nada más, él ponía todo su cuerpo en marcha para dar placer, hasta el punto de que más de uno se había corrido encima, superados por tanto amor. Eran sus miradas llenas de vicio, la forma con la que repasaba la polla de abajo a arriba con la lengua, cómo acercaba el pechote peludo para restregarlo contra los huevos o los certeros lengüeteos que profería al frenillo, consiguiendo a cambio una perla de precum que satisfacía de momento sus ansias de semen.

Pocas cosas más excitantes y morbosas había que tener a un tio desnudo abierto de piernas sobre tu cara, para poder admirarle la raja del culo, las bolas colgando y la pija. Así se puso Franklin para follarle la boca a Kike para poco después flexionar un poco las rodillas y dejar que le diera placer en las pelotas, incluso que le tentara el ojete con la nariz. Y Kike estaba retozando, en el paraíso de los machos, con toda esa dote rebozándose por encima de su jeta.

Se la dejó bien chupada y llena de saliva, se dio la vuelta quedándose a cuatro patas sobre la cama, ofreciendo su hermoso y despampanante culazo, Franklin usó el pulgar para inclinar su gigantesco pollón dirigiéndolo hacia el agujero y le fue penetrando sin condón poco a poco. Kike gimió de gusto y dolor al notar eso tan grande joderle el ano y a la primera la rechazó, echando el cuerpo hacia adelante y dejando a la polla sola y abatida.

Pero no derrotada. Al segundo intento, nada más sentir el pedazo cipote entrando por el hueco, Kike negó con la cabeza, pero aguantó y tuvo su recompensa, nada menos que veintitrés centímetros de polla dura y gorda desentrañando todos sus misterios. Del gusto que daba algo así de grande, no podía ni pensar. Se sentía poseído, de repente un pie pisando su cabeza, haciéndole inclinar la espalda y besar las sábanas mientras la polla le hacía todo el trabajo duro en el trasero.

Franklin acababa de subirse con él a la cama y le tenía ya arropado el culazo entre los muslos, protegiéndole bien y metiéndole toda la polla hasta cascarle los huevos. El momento más íntimo se producía cuando Frankñin se tumbaba sobre la cama y Kike se sentaba sobre sus piernas tragándose todo su rabo con el culo, haciéndolo rebotar una y otra vez mientras ellos se quedaban abrazados y mirándose frente a frente.

Tener bocarriba a Kike sobre la cama era un placer para la vista. Tan guapo, tan musculoso, tan masculino y abierto de piernas. Empotrarlo con su enorme polla era lo mínimo que Frankñin pensó que se merecía por estar tan bueno y en cuanto le vino el gustillo, le sacó el rabo del culo y se lo fue pajeando andando hasta llegar a su cara. Allí se la meneó y el muy cerdo estaba con la boca abierta y la lengua por fuera esperando el semen. Cada vez que Frank se estrujaba la polla, una hilera de leche blanca y caliente caía a chorro dentro de su boca hambrienta.

Del gustazo de ver cómo se la tragaba, a Frank se le doblaron las piernas justo cuando caía otro chorrete que le ensució el pelo, el bigote y la barba, perdiendo la puntería, pero dejándolo tan sucio que le encantó hacerlo. Kike le agarró la polla, la lamió y la restregó por su cara llena de lefa, aprovechando la cerdada para cascarse pajote, con tanta potencia que parecía una manguera descontrolada mojando todo a su paso, quedándose lleno de corrida por todas partes.

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