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Victor Ferraz se folla el culazo de Andy Star sin condón y se corre entre sus labios | Fucker Mate

Brazil Squared

Eran todavía unos adolescentes imberbes descubriendo la sexualidad cuando tuvieron aquel encuentro en los vestuarios del instituto, pero ni Victor Ferraz se había olvidado de sus ojazos y ese culo ni Andy Star había podido sepultar en el olvido el tamaño de la verga de ese guaperas con carita de ángel que aquella tarde le dio de comer rabo como nadie.

Todo ocurrió un viernes a la caída del sol, después de los entrenamientos. Andy había acudido de espectador, buscando ver chulazos corriendo detrás de un balón. Cuando creyó que ya todos los jugadores habían salido de los vestuarios, él se coló dentro, buscando algún calzón furtivo, algunos calcetines, cualquier prenda que esnifar, con la que hacerse una pajilla pensando en ese once inicial de machos fornidos y dejarla completamente inundada con la leche de su polla.

Pero encontró algo mucho mejor, un chulazo rezagado que todavía estaba tomando una ducha. Andy se sentó en el banco y se dedicó a mirar cómo el agua resbalaba por ese cuerpazo musculoso y caía por la piel de una polla larga y enorme que no paraba de dar bandazos de un lado a otro. Hipnotizado, a Andy se le puso durísima, se la sacó de la bragueta y comenzó a hacerse una paja, hasta que Victor le descubrió, le invitó a ducharse con él y los dos acabaron gozándolo entre el vapor caliente.

Mmmm, qué gusto poder tocar otra vez esa polla. En lugar de saludarse con las manos, Andy le saludó directamente con la mano directa a su paquete al reencontrarse de nuevo. La huevera estaba fofa, porque toda la barra gruesa y enorme del pene la tenía cargando hacia la izquierda. Le llegaba hasta la cadera al muy cabrón. Andy se quitó la camiseta y se quedó en vaqueros. Después de unos cuantos años, su figura se había vuelto más musculosa, fibrada y de tez morenita, irresistible para cualquier tio.

Se puso de rodillas y Victor se sacó la verga. El aroma dulzón de rabo encerrado llegó hasta las napias de Andy y lo llenó de alegría infinita desplegando todos sus sentidos. Le chupó el cipote a modo de bienvenida y empezó a trabajarle el manubrio a mamadas. Miró hacia arriba, hacia ese chico guapo y encantador de ojos claros, miró hacia abajo, hacia la polla que se estaba comiendo. Le ponía tan cachondo comérsela a un tio así, gamberrete, capitán de equipo, que automáticamente dio marcha atrás en el tiempo e imaginó que todavía estaba bajo el agua de la ducha, disfrutando del placer de una de sus fantasías cumplidas.

Pollas gigantescas así de cilíndricas y gordas merecían de él que lo diera todo, hasta que las lágrimas aflorasen en sus ojos por tragar demasiado. Cuando Victor se puso a grabarlo todo con su móvil haciendo un directo para sus colegas y seguidores, le puso más empeño todavía, tragando como si fuera una carrera de fondo, sonriendo, dejando que ese pollón se frotase por encima de su cara guapa mientras le comía las bolas. Con un poco de suerte, esa noche a lo mejor pillaba a todo el equipo y se convertía en la puta de todos con ese sneak peek que había dejado a sus coleguitas.

Soltó el móvil y se dedicó a disfrutar del encuentro. Tenía que haber dejado a sus amigos más calientes que un horno con ese primer vistazo de lo que estaba haciendo, un tio guapo y fornido masturbándole y comiéndole el miembro. Andy no se cansaba de chupar esa verga, de sentir el calor y lo dura que estaba entre sus manos, el grueso y suave cipote intentando abrirse camino hacia el interior de su garganta.

Pocos se resistían ante sus encantos y muchos eran los que acababan corriéndose en su boca cuando se las chupaba por primera vez, algo totalmente normal viendo lo bueno que estaba. Los mejores eran los segundos asaltos, los tios viciosos que estaban ya acostumbrados a meter rabo día y noche en bocas y agujeros exquisitos, con aguante para resistirse a todos los encantos que un chulazo pudiera tener.

Que Andy se había hecho más de una paja en los baños públicos abusando del chorro limpiador de agua era un hecho, por eso le gustaba sentarse encima de la cara de un tio y dejarse comer el culo, hacer una sentadilla y sentir cómo una lengua húmeda y caliente le empapaba la raja entre las nalgas y se introducía entre ellas hasta alcanzar su apretado agujerito.

Victor era de los que les gustaba dejar el agujero bien empapado antes de meterla, porque le encantaba hacerlo sin condón. Andy tenía ya el ojete chorreando cuando él le presentó el cipote en todo al hueco como si fuera un pincel, restregándolo por encima, dejando que notara su calor, su fuerza, penetrándole con la cabeza hasta que se la dejaba dentro y empujaba poco a poco hasta meterle todo el trabuco largo y grueso hasta el fondo.

Tener ese enorme pollón dentro a Andy le hizo recordar. Su cara roja, su culo empachado por algo gigante. Después de penetrarle hasta los huevos, Victor era un hacha follándose a los tios, adecuándose a cada tipo de ojete como si fuera un experto. Sabía cómo y hasta dónde meterla para hacer disfrutar a un hombre y con el agujero de Andy estaba haciendo maravillas. Una penetración suave y lenta pero constante, metiendo la mitad del rabo, masajeando el contorno del ojete con su gordísima herramienta de macho.

Y cuando ya se estaba acostumbrando a esa caricia con el pene, Victor empujaba fuerte con una buena enculada y metía toda su vara fusilando el culo hasta cascarse los cojones, haciendo que Andy gritara al tiempo de gusto y dolor sin poder contenerse. Y a partir de ahí, martillo neumático, las manos de Victor cogiéndole por los hombros y arreándole con unos buenos pollazos sin control, sin pausa.

No era una pistola, se había puesto así de contento al verle. Victor se sentó en el sofá y Andy fue en su busca para cabalgarle la verga. Hizo una sentadilla mientras le cogía el pene intentando enderezarlo hacia arriba. Le costó lo suyo, porque después del primer contacto a pelo, ese pollote estaba más duro que una roca. Andy logró calzarlo dentro de su agujero calentito y saltó sobre las piernas de ese chulazo, clavado en su enorme pene.

Intentando no mirarle a la cara para no correrse, Victor fijó la mirada en la zona de contacto, observando cómo su rabo desaparecía y volvía a aparecer una y otra vez, pajeado hasta la saciedad por un culazo que era uno de los mejores que sin duda había probado en su vida.

Apartó las manos del cuerpo dejándose hacer todo lo que Andy quisiera. Y lo que Andy quiso fue volver a sentarse en la tranca pero dándole la espalda, dejando que ese machote se sintiera realizado con su polla surcando unas buenas nalgas. Victor salió de su estado pasivo para volver a machacar el culo de Andy como se merecía, agarrándole por las caderas y dándole una buena enculada desde abajo.

Los dos estaban buenísimos y no pudieron resistirse a mirar sus cuerpos brasileños mientras lo hacían. Andy regaló su trasero poniéndolo en el reposabrazos del sofá, tumbado bocarriba, a la altura perfecta para que Victor llegara y le metiese la minga sin condón. Hipnotizado de nuevo por esos ojazos claros, por esa carita de ángel y su cuerpazo dándole duro, Andy se sacó la leche desperdigando su semen por todas partes, desde los brazos hasta sus muslos, mirando cómo una hilera espesa de lefa rebotaba en su dedo pulgar a punto de caer, acompañada por el movimiento de la follada.

Victor se tiró una paja sentado de nuevo sobre le sofá. Andy estaba lamiéndole las tetillas cuando Victor soltó unos gemidos profundos que anunciaban la corrida. Acudió a tiempo para degustar toda la lefa de ese macho en su boca, la tinta de su pincel enamorándole los labios, pegajosa, sus pegotes blancos en el bigote, la lengua encharcada de néctar y el goce de escuchar a ese cabrón gimiendo y sacándose todo de las pelotas.

Andy le chupó la polla llena de semen, cerdeando sobre su rabo con el bigote lleno de pegotes de lefa, intentando limpiarle hasta la última gota que le saliera del capullo. Esta vez no tendría que ir rápido al lavabo para limpiarse los morros para volver rápido a casa, esta vez se quedaría allí, abrazado a ese capitán de equipo, relamiéndose toda la leche que le había dejado encima y sonriendo por ser tan cerdo.

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