Hoyt Kogan, Torsten Ullman y Nils Tatum se hacen un pajote entre colegas junto al fuego de la hoguera | Bel Ami Online

Hasta los seres de las leyendas navideñas tienen sus necesidades. A ver si te crees que los reyes magos no hacen más de una paradita para mear antes de pasar por tu casa. Si te acercas un poco al papel de regalo, hasta es posible que sientas el aroma de sus rabos, rabos mágicos como ellos. Ahora coge un trozo de carbón, ese que te han dejado por ser un chico tan malo. Pega un mordisco y saborea. Sabe bien dulce, ¿verdad? Pues te vas a relamer del todo y chupar los dedos cuando sepas la receta.

El secreto del sabor del carbón de los tres reyes magos Hoyt Kogan, Torsten Ullman y Nils Tatum no reside en el sacrificio del esfuerzo, sino en el placer del descanso. Después de machacarse durante horas yendo al bosque a coger leña para soltarla en el fuego, los tres acaban exhaustos, con los cuerpos negros y sucios del carbón, descansando cerca de la hoguera donde se forjan los sueños.

Sus cuerpos sudorosos y sucios, el calor del fuego, sus caritas guapas, sintiendo sus cuerpos perfectos unos tan cerca de otros. Sus largas pollas pasan de estar reposando encima de los huevos a descansar hacia un lado sonre unos de sus muslos a medida que van creciendo, hasta que se izan hacia arriba y se ponen firmes como mástiles.

Hoyt se anima y les coge las pollazas a sus colegas. Ellos retiran los brazos para dejarle hacer y se concentran mirando como unas manos ajenas descapullan sus vergas. Arriba y abajo. Arriba y abajo, sin descanso. Nils no deja que Hoyt se quede sin su paja. Como buenamente puede, cuela un brazo por debajo del de Hoyt y le coge el rabo.

Durante un buen rato disfrutan del poder de otros cilindros en sus manos, del calor que desprenden y de su dureza. Entonces cada uno agarra la suya e inician un peligroso camino que sólo tiene una salida. Se abrazan como colegas, suben y bajan la piel de sus generosos rabos con una mano, admiran el bamboleo de sus pelotas entre las piernas mientras se masturban. Torsten se deja la leche encima y los demás se contagian de gusto al verle, siguiendo el mismo camino.

Ya no se menean las pollas con tanta rapidez. Se lo toman con calma. Miran la leche que se han dejado en el vientre, en los pelos de la base del rabo. Es entonces cuando, una vez recuperados de la corrida, se levantan y echan el ingrediente mágico al carbón, sacudiéndose las mingas mojadas sobre el fuego. Por eso mastica y saborea bien cada bocado del carbón que tienes en la boca, porque en su interior conserva el néctar especial de estos tres machos, fruto del esfuerzo y del placer de un intenso trabajo.

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