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Andy Onassis machaca el culito de David Chacon con su gigantesca y gordísima pollaza | Fucker Mate

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Ese gigante descansaba totalmente desnudo sobre la cama, con su larga y gorda lanza entre las manos. Cómo iba David poder vencer a ese Goliat, intimidado cada vez que la bestia se agarraba el arma y se daba golpes de ánimo con ella sobre el estómago que resonaban por toda la habitación. Sólo tenía una opción para ganar esa batalla: desarmarle, coger su lanza e intentar domarla con su pequeña manita.

David Chacon se metió entre las grandes y fuertes piernas de Andy Onassis, se agarró la polla y se llenó la boca con ella. Era tan jodidamente gruesa que para tragarla tuvo que esforzarse abriendo la boca más de la cuenta, pero ni con esas. El pollón tiraba de los lados mientras se hundía en su cabeza, estirándole los labios. Comprendió que no podría tragársela entera cuando el cipote taponó su garganta, cuando abrió los ojos y vio que apenas se había comido un tercio de esa maza.

Tumbado a cuerpo de rey, con un brazo por detrás de la cabeza, Andy usó la otra mano para agarrarse el miembro y azotar la boca del chavalín, que solucionaba perfectamente la papeleta de no poder tragársela entera, empleando otras técnicas igual de convincentes, dando rápido lengüetazos sobre la raja del cipote y comiéndole todos los huevos.

Y a pesar de eso, lo intentaba. Se metía la pollaza dentro de la boca, arrastraba los labios por encima y se quedaba ahí un ratito largo, con la cara roja, la boca llena, exhalando sonidos guturales que obligaban a Andy a cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás de lo cachondo que le ponían. Posó una manaza en su cogote para insuflarle ánimos.

Después de un buen rato mamando, en el que Andy había pasado de estar tumbado a estar de pie, David se tomó un respiro sacándose el rabo de la boca. Miró ese gigantesco miembro masculino y lo flipó en colores. Larga, enorme y gordísima, naciendo de una buena mata de pelos negros, la pollaza apuntaba hacia su cara. Hizo un gesto con la cabeza dando a entender lo mucho que le gustaba, se envalentonó, posó sus dos manitas en el tronco, el cipote dentro de la boca y pajeó y chupó con rabia.

En los gestos y acciones, Andy podía sentir la admiración de David hacia su rabo, por eso aprovechaba de vez en cuando para darse almadas en la base de la polla, obligándola a menearse delante de su jeta, haciendo que deseara comérsela. Era tremendo ver cómo una mano que apenas podía abarcar el diámetro de su polla, se deslizaba hacia arriba y hacia abajo, arrastrando la piel en amplios movimientos.

Los gemiditos del chaval llegaban hasta sus oídos mientras le comía el culete, un trasero suavecito y redondo de una tonalidad algo menos morenita que su torso, lo que lo hacía destacar y ser más atractivo para Andy, que tenía la mitad de su cara metida en la raja, haciendo disfrutar a David con la lengua y el roce de su bigote y su barba.

El chaval, de rodillas a cuatro patas sobre la cama, meneanba el trasero hacia adelante y hacia atrás, diciéndole que ese culazo era suyo y sólo suyo. Andy lo hizo realidad, metiéndole un pollazo por el agujero a traición cuando menos lo esperaba y jodiéndole el culo por completo sin condón de una estocada. Ya se lo agradecería. Es lo que había aprendido desde que era peque cuando iba al doctor y le tenía que pinchar con aguja, que era mejor que te la metieran cuanto antes que estar pensando en cuándo ocurriría.

Sí, David gritó mucho y muy alto cuando ese miembro gigante le infló el culo. Elevó la espalda para mitigar el dolor, pero para entonces Andy ya le estaba dando por el culo, insertándole la polla una y otra vez sin descanso, mancillando ese culazo bien rico que no había conocido todavía algo tan grande.

Con el ojete abierto de par en par y sin parar de gritar del infinito gusto que sentía penetrándo por sus entrañas, David miró hacia atrás de reojo. Ese tiarrón enorme, tan grande como un armario empotrado, lo tenía bien empalado por detrás. Todo en él era grande y David se sintió encantado de ser la putita de un macho así, que no se frenaba ante nada y le empalaba como una bestia sin control.

Tocaba ver control de daños. Andy sacó el rabo del culo. Todavía quedaba margen para hacerle un buen agujero. Se la volvió a encasquetar, mirando cómo su cipote se hundía en la raja de ese culazo y se perdía dentro de él y el cabrón chilló como la primera vez, pero esta vez tampoco paró. Le metió y le sacó el miembro por completo en cada enculada.

Volvió a sacársela después de un rato para comprobar cómo iba por ahí abajo. Ahora sí parecía que el ojete iba tomando la forma del diámetro de su polla. Así le gustaba, taladrar culitos estrechos y hacerles un buen agujero a su antojo. Ahora David ya estaba preparado para montar encima, para sentarse sobre sus piernas, sobre sus fuertes y grandes muslos y saltar como un hombre libre.

Pegó pequeños saltitos, aunque más bien disfrutó pegándole un baile y un meneo con la polla dentro. Andy le cogió de los cachetes con ambas manos, dobló las rodillas apoyando los pies sobre la cama y se impulsó con el culo para empotrarle desde abajo. Después de eso, David se animó y comenzó a cabalgar como el vaquero que se esperaba de él, tragando polla gorda por el culo

El amor no entendía de tamaños. Andy agarró al chaval de lado y se lo folló de pleno. David elevaba una pierna en el aire para mantener abierto el culo. Podía sentir los embistes de ese macho por detrás, su cuerpazo enorme y caliente deslizándose por su espalda. Llegó la hora de mirar a la bestia cara a cara.

Cuando lo hizo, atravesado por esa enorme lanza, tumbado sobre la cama, David giró la cabeza hacia un lado, se mordió los dedos de la mano, negando la evidencia de lo mucho que le gustaba ver ese tiarrón tan atractivo y enorme penetrando su culo. Miró hacia abajo, dirigiendo la vista hacia esa enorme polla y se preguntó cómo hostias algo tan grande podía meterse por su estrecho agujero.

Andy lo arrastró por encima de la cama como si fuera un muñeco, atrayéndolo hacia su entrepierna, acomodándolo a su postura. Se la metió entera. David elevó un brazo y ahogó sus gritos contra el sobaco. Retiraba la vista pero volvía a acudir con ella a la entrepierna, cuando Andy se la sacaba y volvía a deslizar el cipote por su ojete antes de metérsela. Entonces el pollón volvía a hundirse dentro de su cuerpo y David se rendía sobre la cama sintiendo esa extraña combinación de dolor y placer.

Fue tocarse la polla un poquitín y la lefa concentrada a presión salió disparada sobre su torso. Cuando Andy le sacó el pito, él se revolvió sobre la cama, dejando la cabeza debajo de la polla y abriendo la boquita. Andy se metió un pajote y la leche empezó a brotar por la raja del capullo. Con el último apretón, un buen chorrazo grumoso salió de su rabo y se lo depositó encima de la lengua. David hizo pucheros, se mojó los labios con la lefa y dio besitos al cipote antes de llenarse la boca con esa delicia de leche.

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