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Lucio Saints y Klein Kerr se follan sin condones, hacen paja cruzada y se meten un besazo final con los morros llenos de lefa | Kristen Bjorn

Skin Flutes

El camino del gym a casa fue bastante jodido. Lucio Saints y Klein Kerr estaban tan cachondos que dejaron sus pertenencias en el vestuario, se pusieron las chanclas y salieron del local directos al apartamento. Apenas llevaban los boxer de entrenamiento encima, sin calzones debajo para dejar mayor libertad a los rabos y los huevos mientras ejercitaban. De haber sabido lo que ocurriría por el camino, los hubieran llevado puestos. Por lo menos con ellos se hubiera notado menos el estiramiento de sus pollas que empezaban a coger un grado considerable de empinamiento.

Tuvieron la suerte de que los boxer eran negros y disimulaban bastante bien, pero al ir con los torsos desnudos, dos tios tan buenos paseando por la calle no pasaban desapercibidos para miradas lascivas. Jurarían que a su paso, algún que otro chaval se metía la mano por debajo de los vaqueros. La paja con esas vistas merecía la pena, pillase donde pillase.

Ya en el apartamento dejaron de ocultar las evidencias. Las enormes pijas que apretaban la tela de los pantalones hacia adelante eran evidentes y ya se podía intuir de qué palo iban. La de Lucio tiraba hacia adelante y hacia arriba, a punto de romper la bragueta. Al acercarse a Klein para besarle, la forma de su rabo se topó con otro igual de grandote, aunque este formaba una deliciosa curva hacia abajo, haciendo que el tiro de los pantalones se elevase.

Mientras sus rabos se conocían mejor con ropa puesta, ellos intimaban por arriba comiéndose con las bocas y con los ojos. El guapísimo Klein no tardó en quitárselo todo, dejando a la vista un cuerpazo hermoso, varonil, musculado, con una larga y gigantesca polla colgando que marcaba el punto de perfección absoluto. Lucio se puso cachondísimo. Su mano corrió rauda a saludar a su polla. Se la palpó como pesándola encima de la palma, regodeándose en sus pelotas y él también se despojó de los boxer, dejando salir su enorme bicharraco morenote, gordo y potente que se dedicó a dar bandazos de arriba a abajo.

Las vistas previas de los paquetes no engañaban. Tal y como izaban las banderas, así eran. La de Lucio empinada hacia adelante y arriba, la de Klein majestuosa colgando hacia abajo. Klein le devolvió el sobe de polla y huevos e iniciaron unas caricias mano a mano.

La forma en la que se complementaban sus pollas por la forma, las hacía las perfectas aliadas para poner una sobre otra y deslizarlas piel sobre piel. Al hacerlo, el cipotón de Lucio chocaba con la parte baja del abdómen de Klein, mientras que Klein le estaba dando una buena mandanga a las pelotas de Lucio. Se sentaron en el sofá y comenzaron a intercambiar unos buenos pajotes cruzados, mirando sus fibrados cuerpos cultivados en el gym y la longitud y forma de sus rabos.

El placer incomparable de una paja cruzada. Poner tu mano sobre la polla de otro tio sin tener muy claro qué grado de fuerza aplicar para masturbarla, sin saber si le gustará la misma fuerza que aplicas a la tuya cuando te la pelas o si querrá que se la machaques a lo bestia. Son hombres, son pollas. Al final y de forma natural encuentran el camino de una forma u otra para hacer rendirse de placer el uno al otro.

Lucio posa sobre sus labios saliva húmeda y es el primero en invadir el terreno de Klein. Hace resbalar la larga polla entre sus labios y se la mete tan a fondo que Klein siente que le salen todos los espumarajos de lefa por los cojones. Coloca una mano en el cuello de Lucio, sorprendido de que se la esté colando hasta por la garganta, profunda, intentando hacer que pare antes de que le preñe la boca, pero el cabrón sigue masturbando la pija con los labios húmedos y comiéndosela hasta el gaznate.

Lucio puede sentir el saborcito del precum de ese machote y entonces para para darle cancha. Pasa un brazo por detrás de su espalda y le da la alternativa. La tiene tan gorda y larga que Klein se ve obligado a sujetarla por la base para gozarla de pleno. El grosor le hace abrir la boca de par en par. Cierra los ojos mientras se la come. A su mente le vienen recuerdos de cuando se ponía bien cerdo metiéndose una porra llena de chocolate por la boca. Aquí hay porra, mucho más dura. No hay chocolate, pero ya tiene los morros llenos de babas.

El baile parece no acabar nunca, no quieren que eso termine. Se otorgan turnos equitativos para doblegar la espalda al enemigo y blandirle el sable. Lucio descubre la mejor forma de no tener que estar perdiendo el tiempo de forma innecesaria. Coge a Klein por un lado de la cabeza y le obliga a tumbarse sobre el sofá. Lucio se pone sobre el chaval dirigiendo su cabeza directa a su polla, se agarra la suya y se la mete a Klein por la boca.

Un sesenta y nueve de mamones viciosos. Lucio confía en las tragaderas del chulazo. A posta le mete una buena enculada desde arriba haciendo que trague rabo. Escucha el soniquete gutural y la posterior exhalación que le hacen saber que las cosas van de puta madre al otro lado. Él sigue degustando la larga polla del chavalito, con su precioso capuchón de piel puesto.

Klein es el primero en querer jugar a los cuentos. Él será el ratón y Lucio le meterá el sonido de su flauta muy adentro. De pie al lado del sofá, Klein sube una pierna y apoya el pie en el reposabrazos, dejando una raja abierta para que Lucio pueda meterle todo. Lucio se agacha antes para disfrutar de las vistas y de la comilona que ofrece ese tiarrón. Raja del culo, pelotas y una larga polla que cuelga entre sus piernas, el tres en uno definitivo.

Le moja el ojete con saliva, se pone en pie y le mete toda la porra sin condón. Klein se pajea duro, gime y se descontrola. Flexiona una rodilla para anclarse bien al suelo. Cierra los ojos, se queda ciego de gusto. Lucio imprime ritmo y le pega duro, haciendo que Klein se queje y eleve la espalda, que su enorme rabo se balancee entre sus piernas todo empitonado.

Klein logra escapar del influjo del pollón moreno. Se muerde el labio y se dirige a sentarse en el sofá con la minga cogida en la mano. Coge asiento y pone el rabo en vertical. Lucio le da la espalda y se sienta en sus piernas clavándose la larga pija a pelo. Con su potente culazo le mete un pajote de altura, se tumba sobre ese cuerpazo musculoso y caliente y deja que Klein le lama el dorso y los sobacos.

Lucio no va a dejar pasar la oportunidad de ver a ese adonis tumbado y ensartado en su pollaza. Guapísimo, tremendamente buenorro, dan ganas de meterle una preñada, pero se aguanta y se lo zumba sin descanso porque bien merece la pena gozar de esas vistas en plena faena. Klein se coge la chorra y se la empieza a pelar. Está sudando, sus músculos se ponen al límite. Un gemido precede a unos chorrazos de lefa que caen sobre sus lustrosos abdominales. Dan ganas de lamerlos.

Lucio no aguanta más. Hay otra cosa que quiere hacer. Honor de caballero. Le saca la polla del culo y avanza hacia su cara masturbándose. Ese guaperas tiene la boca abierta. Es tan guapo que a Lucio se le abre la puerta que separa los huevos de la polla. Un chorrazo caliente y espeso de esperma sale de su rabo y le dibuja un señor bigote. Inunda de semen la boca de ese machote y le deja los restos sobre los morros.

Sí, es tan jodidamente guapo que sus pelotan no paran de brindar lefa para celebrar la corrida. Se sacude por última vez la polla y dibuja una hilera de semen en su barbita. Le cuelga lefa hasta por la barbilla. El muy cabronazo cierra la boca en torno a esa suerte de leche condensada y los espumarajos blancos salen hacia afuera, bien espesitos.

Ahogado en semen de macho, Lucio no puede resistirse más y acude a darle un morreo. Besos de leche. Tiene a Klein bañado en su salsa y lo disfruta a lametones, metiéndole la lengua, deslizándola por la suavidad de la lefa de sus huevos y por esa carita tan guapa. Entre los dos no paran de sorber leche para volver a sacarla hacia afuera. Morros blancos de puto vicio y cada vez más cantidad de semen colgando por la barbilla.

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