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Antony Lorca mete sus veintiún centímetros de rabo a Jacq Broyard por el culo sin condón | Bel Ami Online

Los días de estar solo en casa se acabaron cuando Antony Lorca se mudó a un piso que más de dos compañeros venía siendo de cuatro, porque los amiguetes parecían dos inquilinos más de tanto tiempo que se tiraban allí. Desde entonces, tener intimidad para hacerse una paja, para ver porno o llevar a alguna conquista para follársela cómodamente en el sofá de casa, pasó a convertirse en una utopía.

Todo se reducía a esperar a las noches para hacerse una gayola o aprovechar el tiempo de ducha en el baño, si querías ver porno tenía que ser en el móvil y lo de seducir a tus conquistas ni hablar. Aún así Antony se buscó las mañas para que los otros tres dejaran la casa libre inventándose una excusa y así poder camelarse a Jacq Broyard, el chaval al que se había pasado por la piedra medio equipo de fútbol en los vestuarios menos él.

A pesar de que daba la talla, por lo grandullón que era y por sus casi dos metros de altura, para ser uno de esos tiarrones que culo que pillan, culo que se follan allá donde sea, él prefería la comodidad de un sofá o una cama. A Jacq eso le traía sin cuidado. Su intención era poder disfrutar de su fantasía hecha realidad y aquel era el jugador número siete al que se follaba, el titular, además de verdad, porque de todos era hasta ahora el que tenía la polla más grande, así medida a ojo como unos veintiún centímetros de rabo.

Había conocido antes a otros tios altos que al finla tenían un cacahuete, pero Antony le sorprendió de verdad. Un pollón del mismo grosor de principio a fin y con unas buenas pelotas que podía ver rebotar de reojo cuando le follaba la boca. Cuando le metió toda esa vara sin condón, le miró a la cara de cerca. Si el tio era feliz arrastrando la pollaza por su interior, él también lo era.

Menuda verga tenía el cabrón, tan larga que tenía que dar unos buenos meneos de caderas para meterla entera. Cuando le vino en gana, sacó el rabo del interior de su pjete, se pajeó y le regó la raja del culo con la lefa. Todavía con el mono de la corrida encima, tuvo el detalle de acercarse a darle unos besitos, intentando mantener las distancias entre el rabo y la raja chorreante de sus nalgas, pero sin ser consciente de que la tenía tan grande que volvió a rozar el culete con el rabo y eso a Jacq le hizo ponerse muy cachondo.

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