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Bastian Karim regresa a por la pollaza a pelo y a por la leche de su vecino Koldo Goran | Fucker Mate

Cuando Bastian Karim cumplió los dieciocho, estuvo más pendiente de pensar en quién y cómo le desprendería de su virginidad que en los colegas y la fiesta de cumpleaños que le habían montado.

No quería perderla al uso ni de forma romántica, sino que quería que fuera algo casual y muy cerdo, alguna forma que recordase para toda la vida, así que se dirigió a la azotea, justo cuando sabía que su vecino Koldo Goran, del que tenía muy buenas y fiables referencias en cuanto al tamaño de su rabo, estaba tendiendo la ropa y allí se dejó desvirgar, al aire libre y con las sábanas y camisetas rozando su cuerpo suavemente, por la polla más grande y gorda que había visto en su vida.

Después de su dieciocho cumpleaños y de aprender tela sobre sexo tras aquella desvirgada, se marchó a estudiar y no volvieron a verse, hasta que acabados los estudios, Bastian regresó a casa y se propuso volver a encontrarse con el hombre que se metió dentro de su cuerpo por primera vez. Una vez más dejó que todo fuera premeditado pero casual, sentándose en las escaleras y esperando a que saliera por la puerta.

Koldo se encontró en ellas a un chaval todavía más mono que la última vez que le vio. Pantaloncitos vaqueros cortos y rotos, zapas deportivas, camiseta ajustada a un cuerpo más fibradito y esa gorrita con la visera hacia atrás que le daba un aire de cabroncete para petarle el culo día y noche sin parar. Nada más cruzar el dintel de la puerta, Bastian rodeó con sus piernas las caderas de Koldo y se colgó a él como un cariñoso koala para que volviera a hacerle suyo.

Ya no era el chavalito tímido a cuatro patas esperando rabo, ahora era todo un hombrecito con derechos, que ronroneaba como un gatito buscando su recompensa. Bastian se agachó poniendo la cabeza a la altura de la bragueta. Ya podía sentir la fuerza de ese rabo como un imán. A Koldo se le había puesto morcillona con el morreo previo y Bastian le pegó un mordisco a la polla por encima de la tela vaquera antes de bajarle los pantalones y descubrir la gigantesca anaconda que estaba sepultada y bien ajustada hacia un lado bajo el fondo de los calzones.

Mira que se había comido rabos en esos tres años, pero ninguno igual que ese, para él tan especial. Tan largo como su cabeza, tan gordo que le llenaba la boca entera tan solo con su cipote, con unos cojones tan grandes y colgantes que le decían “cómenos“. Koldo se pajeó sobre su bonita cara y pensó en dejarle todo el caldo para después follárselo mirándole con toda su lefa encima. Hubiera sido demasiado guarro y cerdo.

Se contuvo las ganas, que no le faltaron al ver cómo el chavalín zorreaba con su polla todo lo que quería y más. Por lo pronto ya tenía los morritos, las mejillas y hasta el cuello llenos de babas de las ganas que le estaba poniendo al asunto de la mamada. La última vez recordaba que se la chupó lo justo, porque su principal misión era perder el virgo y porque estando en la azotea, allí podía presentarse cualquier vecino, pero esta vez, a salvo y sin prisas, se la chupó de lujo.

Se paseó su cipote dentro de la boca tragando y notando cómo forzaba su garganta, poniéndola de lado y sintiendo sus suavidad y fuerza en los carrillos, mirándola bien de cerca mientras Koldo hacía un movimiento de caderas y le daba pollazos en toda la jeta. Más guapo, más hombre, todo un experto chupa pollas. Así de dura se le puso mientras le daba de comer.

Desvistió al chaval y le puso de espaldas contra el escritorio, con una pierna encima de la mesa para dejarle el culito abierto. Se agachó, le separó los cachetes y se imaginó la de chavales que le habrían petado ese precioso culo en la Universidad. Suave, con un buen ojete, buenas vistas con su rabo y los huevos colgando entre sus piernas, sintiendo el roce calentito y rugoso de las pelotas e la barbilla mientras la lengua se dedica al arduo trabajo de abrirse camino por lugares antiguamente explorados.

Se levantó, le dio un par de toquecitos con la gorda polla en la entrada dle agujero como si fuera el practicante a punto de poner una inyección y le coló dentro toda la picha a pelo. Escuchó ese gemido que ya había olvidado y que era gloria bendita, el gemido que sólo puede salir de la boca de un hombre cuando le están atravesando con una polla inmensa.

Le costó unos segundos acoplarse y atravesarle el jodido culazo con la barrena. Cuando lo logró, se subió a la mesa y empezó a meterle una endiablada tanda de pollazos y huevadas cargadas de lujuria. Ni capitanes de equipo que se las daban de machitos y después se pirriaban por el culito de un hombre, ni el equipo de fútbol al completo petándole el trasero en los vestuarios después de una victoria. Nadie la tanía más grande ni podía mejor el hueco que su vecino.

Debido al espacio donde lo hicieron la última vez, no pudieron hacer muchas cosas. Ahora sí. Bastian se fue sentando poco a poco sobre el rabo de Koldo, clavándoselo sin condón hasta que sólo dejó fuera a la vista las pelotas y provocando un gemido de gusto en Koldo cada vez que, después de unos saltitos masturbándole la polla, se contoneaba con toda dentro.

El chaval estaba buenísimo y daba gusto verlo saltar y a la vez sentir los rebotes de su largo pito en el estómago cada vez que lo hacía. Se lo puso frente a frente, le cogió con cariño de la carita, le enchufó el rabo y se quedó embobado mirándolo con cara de placer, una mirada fija pero a la vez perdida, la mirada de un animal que está mirando pero que a la vez está lejana. Mirada de corrida, la de que estás pero a la vez te has ido.

Follado sobre la mesa y con las piernas abiertas, Bastian culminó un pajote lechero echando unas miraditas rápidas y generales a la cara y el cuerpazo de aquel cabrón que le estaba metiendo el rabo. Ahora sí, Koldo no podía dejar que esa cara tan guapa saliera por la puerta de su casa tal como entró.

Se masturbó el rabo con energía mientras el chaval le comía los huevos, apuntó hacia su jeta y se la ensució con un chorrazo espeso y calentito de lefa que le llegó hasta el pelo. Dada la curvatura de la polla, el cabrón hasta adivinó hacia dónde saldría dirigido el lechazo, poniendo la cara ladeada y llevándose todo el premio. Se metió la polla engrasadita dentro de la boca y por la comisura de los labios le rebosaba la lefa. Se la sacaba y sonreía con toda su jodida guapísima cara llena de semen.

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