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“The Seed” Gaspar se va de cruising y encuentra al hombre perfecto que le mete una follada, con Yann André y Vic Valentine | Noel Alejandro

Dios, lo necesita tanto como el beber. Cada tarde a la salida del trabajo, Gaspar huye del mundanal ruido de la ciudad para sumergirse en un oasis que le llena de vida, un gran bosque con un lago en el que convertirse en otro hombre renovado, en el que conocer cada día a un nuevo chico y follar con él hasta que se pone el sol. La simple idea de esa via de escape, le hace estar feliz y mantener la esperanza durante todo el día.

Mochila al hombro, empieza a recorrer el sendero de su felicidad. Por el camino se le presentan muchas tentaciones. Un par de chicos le invitan a unirse a la fiesta. Pasa de largo pero se lo piensa. Agacharse entre los dos y comerles las pollas hasta quedar saciado de leche no es ni tan mala idea. No, hoy lo que necesita es algo de amor, algo que le impresione y le haga palpitar el corazón.

Parece que ha llegado a la zona habitada por un superviviente. Un tendedero con un palo y una cuerda le sorprenden. Parecen hechos por un tio que se lo curra. Ese hombre saca la cabeza de una zambullida en el agua. Poco a poco va dando zancadas. Su cuerpo musculoso y fornido va saliendo del agua, totalmente desnudo, con el pito meneándose entre las piernas.

La cosa más bella después de ver a un hombre desnudarse, es ver cómo se viste. Seguro que hay montones de mirones tras los troncos de los árboles mirando a ese espectacular tiarrón, pero Sebastian no sabe ni dónde se está pegando un baño. Gaspar le mira con ojos de deseo pero el tio pasa de él y sigue a lo suyo. Tiene que dar el primer paso.

La palabra es una buena herramienta para camelarse a un hombre si se sabe usar bien. Ya lo tiene de pie, con sus fuertes brazos y manos cogiéndole la carita mientras lo besa. Gaspar vuelve a dejar a ese hombretón desnudo. Una cosa es mirarlo de lejos y otra es tenerlo cerca. demasiado bueno como para ser verdad. Sebastian se relame unos dedos delante de su jeta y conduce su mano al trasero. Le hunde los dedos en la raja del culo. Tio cerdo, le encanta. Gaspar le responde metiéndole mano y tocándole el pene.

Ahora se alegra de no haberse atiborrado de pollas con aquellos dos tios. Este era su destino, conocer a un tio que no entendía ni papa del idioma y que tenía pinta de empotrador, dejar que se tumbase sobre la hierba, sentarse en su entrepierna y restregarle el culazo por todo el paquete con lentos y suaves movimientos de adelante hacia atrás.

Otra vez se chupa los dedos y otra vez se los mete por la raja. Esta vez le mira fijamente mientras lo hace. Gaspar se da por follado ya, y eso que aún no le ha metido la polla. Sebastian ya se ha quitado el bañador mojado y ahora está ronroneando sobre él como un gatito feroz. Y otra vez se moja los dedos, y otra vez se los mete por el culo. Solo que esta vez no es para jugar, es para engrasar el agujero porque le va a meter la polla sin el puto condón.

Se la mete profunda y empieza a bombear. Gaspar no puede dejar de mirar la cara de ese hombre entregado mientras se mete dentro de su cuerpo. Sabe que a partir de ese día volverá a buscarlo cada tarde y que si un día no lo encuentra se hundirá su felicidad para siempre. Por fin ha encontrado algo que es más que una cana al aire, está comenzando a amar a ese hombre en tan solo unos minutos de placer.

Gaspar está tumbado esperando ese rabo de nuevo hundiéndose entre sus piernas. No llega. Sebastian se la está pajeando duro y puede escuchar sus gemidos por detrás. El sonido de la corrida llega hasta sus oídos, entonces Sebastian se inclina con la polla apuntando hacia el ojete, le decora el culo con un rastro de lefa y se la vuelve a hundir para terminar de correrse en su interior.

Su cuerpo fuerte se rinde en espasmos sobre su espalda. Gaspar puede notar el semen corriendo por su interior. La semilla. Más vida. Se queda tumbado boca abajo, abierto de piernas con ese macho encima y disfruta de esos instantes de placer tras la preñada. Cierra los ojos y disfruta de cada segundo de su aliento en su oreja, del sudor de sus fuertes músculos sobre su espalda, de su polla metiéndole una buena propina, todavía dura y caliente dentro de él.

Cree haber encontrado al amor de su vida, porque tras follárselo, se visten y conversan, pero su mundo de fantasía se derrumba. Hubiera tenido sentido hasta un pitillo, pero cuando le ofrece droga todo acaba. Cuánto le hubiera gustado volver a recorrer ese sendero para volver a dejar que ese macho le preñara cuantas veces quisiera, para ver su cuerpo de adonis salir del agua y volverse loco, pero las drogas le asquean y siente que en ese punto hay algo que les separa para siempre.

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