Ronny se come el pollón de Mario Galeno hasta los huevos | Fucker Mate

Desde que le vio la picha en el baño del pub, Mario Galeno tenía a Ronny persiguiéndole como un perrete callejero hambriento detrás de un buen filete de lomo. Y claro, cuando un chaval quería su salami con tanta insistencia, a él no le quedaba más remedio que dárselo. Se lo llevó a su casa y allí amanecieron, follando en lugar de dormir.

Si antes le había visto el rabo en la distancia, ahora flipaba al verlo tan de cerca. Mientras se estaban besando, a Mario se le salía la trompeta por el lateral de los calzoncillos, gorda, morcillona y con el capuchón puesto, una delicia, un manjar para los labios y paladares más exquisitos. Los dos se quitaron a la vez los gayumbos y se quedaron expuestos uno delante del otro. Ronny también tenía una buena verga, pero en ese amanecer no le echaría cuentas.

A Mario le salió del alma un “puto mamón” cuando el chaval se agachó para mamársela y el muy cabroncete aprovechó que la tenía todavía maleable para metérsela enterita dentro de la boca, plantándole la barbilla y los labios en la bolsa de los huevos. Mario replegó el culete hacia atrás por miedo a hacerle daño metiéndosela en lo profundo de la garganta. Pues ya la tenía dura y el cerdete volvió a hacerlo. Esta vez le costó un poquitín más, pero se la comió entera de nuevo.

Qué buena boca y qué buenos labios, la forma en la que giraba la cabeza para enroscarle la polla, cómo tragaba una y otra vez. Eso no había santo varón que lo aguantase. Mario ya podía notar los cojones bien cargados de leche que, de seguir así, no tardarían en liberarse. Más de una vez se pajeó con la intención, apuntando hacia su lengua, pero tenía que resistir si quería tener la cita de sexo más endiablada y salvaje de cuantas había experimentado en su vida.

Ronny ya tenía los morros mojados de tanto chupar y Mario la polla fina de babas. Le escupió al chaval a la cara dejándole el salivazo entre la frente y la nariz. Era como tener a sus pies un juguete sexual que cumplía todos tus caprichos. Ronny volvía a la carga una y otra vez tragando polla hasta los huevos y cada vez que eso sucedía dejaba a Mario a punto de caramelo.

Mario decidió hacerle un sesenta y nueve para centrar su atención en otro lugar y escapar de la repentina corrida que estaba a punto de sufrir. Se tumbó sobre la cama, cogió el culete del chaval y le comió la rajeta mientras el mamón seguía empeñado en devorarle la polla a toda costa.

Llegó un momento en que se acostumbró a que su minga entrase por una cavidad tan estrecha, cosa que aprovechó para follarle la jeta a Ronny, poniéndole la cabeza al borde de la cama y enchufándole la polla tiesa hasta el fondo, hasta aplastar los cojones contra su nariz. El primer agujero había sido la hostia, ahora tocaba explorar el segundo.

Le colocó a cuatro patas sobre la cama con las piernas abiertas, le preparó el culo, le metió unos chupinazos de alerta endiñándole la picha para abrir hueco y se lo empezó a follar sin condón. Un poco más apretado que su boca, Mario todo un experto en follar culos, detectó que ese se lo habían beneficiado grandes herramientas. Holgadito pero con la anchura justa para atrapar pollas tan gordas como la suya.

Mientras le empotraba, a Ronny empezó a crecerle la polla y ya le asomaba un buen trozo por el borde del colchón mojado. Una tercera boca no habría venido nada mal para comerle el cipote y para lamer como un cerdo la zona de contacto de la follada. De haberlo hecho, habría tenido que aguantar las embestidas y algún que otro hostiazo, porque Mario iba a toda hostia metiendo el rabo.

Menudo juguetito guapo. Le dio la vuelta sobre la cama con facilidad, le colocó boca arriba con el culete alzado sobre un cojín. Mario se subió a la cama, se puso en cuclillas dejando el trasero de chaval entre sus piernas y le metió una generosa taladrada poniéndole los huevos por corbata en la raja del culo.

De tanto sacar y meter el rabo de la base al cipote en cada pollazo, cuando se le agotaba el lubricante natural, acudía a la boca de Ronny y la mojaba en su boca como un tintero y con ella ensalivada, volvía de nuevo a la carga. Sudado y exhausto, se tumbó en la cama y dejó que Ronny le pajeara la polla con su trasero.

Joder con el chavalín cómo se la masturbaba. Menudo bailecito le estaba metiendo. Dejó que Ronny se desfogase él solito saltando sobre su rabo. Qué gemidos pegaba el mamón mientras se corría, con la cabeza de Mario pegadita a la suya y agarrada con su brazo para hacerle partícipe de lo mucho que le gustaba. Mario se pajeó duro mientras Ronny acudía a su polla dejando la boca a tiro. Cerró los ojos por si acaso salía un buen chorro. Lo que se llevó fueron los morros sucios y pringados de lefa, el saborcito de semen de macho.

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