Gianni Maggio se folla el culazo de Peter Connor a pelo con su gigantesca polla | Fucker Mate

En la vida en pareja, se tenía en alta estima el que uno llevase el desayuno al otro a la cama. Despertar con el aroma del café y unas tostadas era como estar en el paraíso, toda una muestra de amor y dedicación. Gianni Maggio se levantaba todos los días con la cocina calentita y para cuando Peter Connor comenzaba a despegar los ojos, lo que se encontraba, en lugar de café y tostadas, era una buena butifarra colgando de más de veinticinco centímetros con sus huevos bien puestos. Vamos, lo que venía a llamarse un desayuno de campeones.

Más que nada, por respeto y por la educación que le habían dado, Peter prefería saludar con un buenos días y un beso, aunque lo que más le apetecía era que ese macho semental italiano le metiera el trabuco morcillón por la boca hasta dejarle sin respiración. Gianni también fue cortés y educado, metiendo su lengua en la boca de su colga de piso, mientras el rabo empezaba a empinársele, siendo evidente que su miembro estaba celoso y necesitaba atención urgente.

Mira que Peter tenía unas manazas grandes, pero fue posarla en la base de aquel gigantesco pollón y quedó reducida a la nada. Todavía quedaba espacio para cubrir ese rabo con otra mano más y aún así quedarían al descubierto el cipote y algunos centímetros, eso contando con que, una vez dentro de su boca, esa bicha no creciese más todavía.

Calentita, gorda, dura, Gianni le dio unos cachetitos en la cara con su gran herramienta y Peter cerró los ojos dejándose llevar por los sentidos, el placer de ese contacto durísimo, caliente y poderoso que olía a polla resbalando desde su oreja, pasando por su moflete hasta inundar de nuevo la cavidad de su boca. El italiano le animaba a comérsela toda, pero hasta él sabía que hacer eso era imposible.

Los labios sólo llegaban a alcanzar la mitad, justo por donde a ese cabrón se le doblaba el mango de tan largo que era. Peter le metió un agarrón pasando la mano por debajo de los huevos, subiéndolos para tener a la vista y a tiro de lengua todo el conjunto. La vista era maravillosa, casi parecía la exhibición de una polla de goma gigante como las de los sex shop, solo que esa era de verdad.

Dedicado y sumiso con su polla acicalándola bien, Peter dejó caer boca abajo sobre la cama su cuerpo negrazo y atlético, elevando una pierna cuando Gianni acudió como una bestia a meter los morros dentro de la raja de su culo. No siempre un tiarrón morenote como ese y con tan buena planta te dejaba comerle el postre de esa manera. Gianni le metió la lengua hasta lo más profundo, rugiendo de hambre como un león.

Encabronado total, Gianni se tumbó en la cama, puso su rabo tieso en vertical e invitó a Peter a sentarse encima. El pollón comenzó a resbalar por la raja del culo intentando buscar el hueco por donde meterse, la llamada de la naturaleza que lo invitaba a cumplir su cometido. Peter tuvo que agarrarla por detrás para ayudarlo en esa tarea y, una vez insertado el cipote, se dejó caer lentamente hasta que dos tercios del gigantesco trabuco se le metieron dentro del cuerpo.

Costaba entrar a fondo en ese culito, incluso en esa posición inicial en la que se suponía que debía entrar todo. Tener el rabo bien dotado de Peter resbalando por sus abdominales mientras se lo follaba era un plus, aunque más tarde decidió sacrificar ese gustazo para darse otro, el de ver su enorme polla penetrando ese culazo negro.

No le hicieron falta manos con la buena puntería. Se la metía hasta la mitad, la sacaba y observaba cómo el agujerito se cerraba y volvía a abrirse pidiéndole entrar de nuevo. Se lo folló a la parrilla, dándole la vuelta como si fuese un pollo en el asadero. Lo colocó primero de lado y le insertó el pollón, haciendo resbalar los huevos por su muslo. Después lo puso boca abajo y sumergió la polla dentro de su culo, aunque como no le cabía entera, pareció que se estaba follando un agujero imposible, algo que le ponía cachondo.

Gianni acercó su boca a la oreja de Peter y le susurró “prepárate que me voy a correr“. Unas últimas embestidas potentes precedieron a sus gemidos avisando de que se corría. Apuró hasta el último segundo para sacarse la polla y dejar embadurnado de leche blanquita el pandero negro de Peter, que no podía ver lo que pasaba ahí detrás, sólo imaginarlo y sentirlo.

Notó la polla caliente y dura de Gianni resbalando suavecita por la parte baja de su espalda, haciéndole cosquilla en la raja del culo y metiéndose dentro de su ojete. Ni descargada había perdido su enormidad y fortaleza. Gianni recogió el semen del culo de Peter y le acercó la mano a la boca para que lamiera su semen. Era lo mínimo que se podía hacer, terminar compartiendo si te llevaban el desayuno a la cama.

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