Follando a pelo en el callejón y descargando los huevos sobre la barbita de un guaperas mochilero venezolano | Latin Leche

A quien madruga, Dios le ayuda. Y al cámara que iba buscando algún tiarrón buenorro que le mangoneara la polla, vaya que si le ayudó levantarse pronto, porque encontró a un mochilero venezolano muy guapete que estaba un poco desorientado por la ciudad de Buenos Aires. No pasa nada, él estaba dispuesto a ayudarle a encontrar el camino, el camino hacia su polla.

Llegar a tu destino y encima con más dinero en el bolsillo, una tentación irresistible para el venezolano. Pero a cambio tenía que hacer un trabajito. Primero fue tocarse. El chaval estaba fibradito. Pecho peludo y fuerte. Con cada botón de la camisa que se desabrochaba, al cámara se le ponía más dura y le echó una mano ayudándole a tocarse. Estaba bien caliente.

En el callejón en el que se habían metido apenas había espacio. El cazador agarró la mano del chaval y la condujo hasta su paquete. Después le hizo agacharse, sacarle la polla de los vaqueros y empezar a chupar. La polla fue cogiendo forma y tamaño dentro de su boca y era un placer ver a un tio tan guapo mamar rabo, todavía con su mochilita colgada de los hombros.

Le hizo quitársela y darse la vuelta. Tenía un culete igual de peludo. Le colocó en posición la punta del nabo y antes de meterla, el venezolano le pidió que tuviera cuidado. Se lo folló a pelo mientras el murmullo de los televisores sonaba por el patio de luces que quedaba sobre sus cabezas.

El cazador tenía pensado soltar todo el puto dinero que hiciera falta por estar más tiempo con ese chico, pero estaba tan bueno que, cuando se la estaba mamando por tercera vez, se le escaparon los chorrazos de lefa y le puso la cara fina. Un par de disparos se los metió dentro de la boca hasta el fondo de la garganta y cuando cerró la boca para degustarlos, el resto salieron disparados hacia su pelo, su ojo y por toda la barba y el bigote.

El cabrón siguió chupando, le dio más dinero para que le dejase el miembro limpio y preguntó si ese vídeo lo iba a colgar en internet. Parece que estaba interesado en si lo vería mucha gente. Con esa carita guapa seguro que sí que lo verá mucha gente y se harán pajas en tu honor, campeón. Todo orgulloso, con los morros llenos de lefa y algunos pegotes en el pelo, volvió a ponerse la mochila al hombro.

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