
[Lucio Saints] Aaron Armada se pajea su enorme polla a dos manos
No sueles verlos a menudo, pero cuando ocurre te pones cachondo perdío. Tios a los que les cuelga la polla una barbaridad, tan larga que les llega hasta más allá de la mitad de la parte alta de la pierna, colgando como una puta diosa, brillante y algo torcida debido a su tamaño, tan gorda naciendo de la base entre la piel plegadita de la bolsa de los cojones que cuando se mece de lado a lado con el movimiento de los andares no puedes quitar ojo. Tan cachondo te pone que como te pille en el gimnasio a punto de meterte en la ducha, ya puedes correr de nuevo al banco a ponerte las bermudas de deporte y dejar la ducha para casa, a no ser que quieras que detecten que te has puesto demasiado «contento«, aunque siempre puedes dismularlo con una buena ducha fría.
Siempre he pensado que debería existir un oficio que se denominase «catador de pollas» o algo así, que en cualquier momento pudieses elegir a un tio de la calle que te mole, bajarle los pantalones, descubrirle la picha y recrearte en una buena y suculenta mamada con final feliz, comer todo tipo de rabos, algunos de tamaño medio tragándolos hasta la campanilla mientras no paras de mirar la cara guapa de su dueño, dejarse sorprender por pollazas gordas y grandes que te taponan la boca ya sólo con el grosor del cipote. Estaría de lujo eso de catar rabos.
Cuando empecé a pajearme, recuerdo que robaba del buzón de los vecinos algunas revistas de moda, arrancaba las páginas de la lencería masculina tan limpiamente que no se notaba ni que faltaban a no ser que contases las páginas numeradas (si me leen y se dieron cuenta les mando un saludo, sí era yo!) y la volvía soltar en el buzón como si nada. A veces mientras subía a casa me iba echando un ojo a los tios desnudos en calzones y me tocaba, hasta que llegaba, me metía en el baño y me regalaba un buen pajote dándole a la imaginación.
Había algo que siempre me confundía al ver el paquetón de un tio y que me ponía a doscientos, por la forma en que se marcaban el rabo y los huevos, dependiendo del tipo de gayumbos, no llegaba a distinguir si el bulto limpio que se dibujaba correspondía a las pelotas gordas o si es que tenían la polla tan larga que se la acoplaban asegurando los huevos, es decir, que en vez de cargarla hacia un lado, se la ponían hacia abajo y les daba la vuelta a los cojones. Eso me la ponía super dura. Ya con la experiencia y en vivo pude aprender que ese paquetón podía ser ambas cosas y las dos ideas me encantaban.
Con el agua empapándole los calzones blancos, Aaron Armada despierta esos recuerdos. Él es uno de esos de los que puede presumir de tenerla tan larga que puede dar la vuelta a sus pelotas con la longitud de su polla. Mojadito, refrescándose y huyendo del calor se define a sí mismo como un tio bisexual al que le encanta el sexo, así que ya podéis empezar a fantasear en qué boca y en qué culito os encantaría ver ese rabo enorme que se gasta entre las piernas, porque seguro que más de uno estará deseando volver a ser niño y sentarse en las pantorrillas de este rey mago para que le de muchos y buenos regalos, sobre todo uno gigante y gordo.
A tomar por culo la manguera y los slips, ya está desnudo por completo, ya no le aprieta más hacia afuera la polla por la tela mojada dejando al descubierto la piel de los cojones. Morenota, larga, morcillona, descapullada, ahí le cuelga enterita y se menea a este machote madrileño de casi treinta. Mmmm qué bien le sentaría ahora mismo una boquita que sacase la lengua y se hiciese con el control de su cipote, encaminando hacia la garganta toda su picha gorda y calentita, notando también el calor de los huevos al posarse sobre la barbilla. Cómo le cae dobladita y venosa. Le tiene que molar mirársela desde arriba y admirar esa longitud destinada a hacer felices a mujeres y hombres y viceversa.
Si quisiera, podría levantarse un poquito los huevos, ladearla y metérsela a sí mismo por el culo para pegarse una autofollada de lujo. Brazos fuertes y manazas grandes para agarrar buenos culos y empotrarlos como un potro. Ya me lo imagino con esas manos agarrando un buen par de globazos mientras endiña la polla en el centro y mete y saca sin control hasta hacer que rebose leche del agujero.
Con tanto tocamiento, casi sin darme cuenta, embelesado por todo el conjunto, me doy cuenta cómo se la empina y ya la tiene toda dura como una roca, enorme apuntando hacia arriba. Con una mano no es capaz de cubrir ni la mitad de la polla, el gustazo que daría plantarle las dos y tener sitio encima para la boca para pegarle una paja a dos manos con mamada incluída. A ver quién es el campeón que se atreve a deslizar su ojete por ese miembro largo y gigantesco.
Aunque disfruta con una paja diestra clásica con toda la mano a ritmo lento, de vez en cuando se ayuda con la otra zurda para darse gusto a todo el pollón. Con tios así se entiende a la perfección por qué el rabo de un hombre ha sido un símbolo de fuerza a lo largo de toda la historia de la humanidad. La polla le ha salido rebelde. Juega a ponérsela recta encima de los abdominales pero la muy puta regresa a su posición original, meciéndose hacia la izquierda resbalando por su torso hasta descansar dura cargando hacia la cadera.
Tan larga como un antebrazo entero desde la punta del dedo hasta el codo, el tio se la acicala con lubricante deslizando toda esa medida desde el capullo hasta el último centímetro de las pelotas, para perder la cabeza chuàndosela y no parar. Cada vez más dura, las venas se dibujas sobre el contorno del rabo invitando a posar los labios y deslizarlos por esos tropezones naturales notando algo tan caliente y grande entrando por la boca. El tipo de tio al que te encantaría que te bombease el culo hasta bañarte de leche o al que se la chuparías hasta dejar salir el semen rebosando por la comisura de los labios. Una buena polla para aprovechar al máximo.
Por cómo se la pajea a dos manos se nota que le gustan los culitos apretaditos y que se la abarquen entera hasta las pelotas. Entrelazando los dedos como si estuviera a punto de recepcionar una pelota del voley playa, deja en medio su polla y simula follarse uno de esos culitos. Está el tio tan caliente como para que justo en ese momento le entren un par de chavalitos, ¿sabes? Anda que iba a tardar en abrirles el culo y follárselos a los dos hasta dejarse la polla limpia. Cómo no la tendrá de gorda que cuando se la deja suelta cae hacia abajo como el badajo de una campana, pa pegarle un buen saludo a manos llenas.
Gemidos de voz ronca y de tio macho propulsan un buen chorro de lefa fresca deslizándose por su cadera. Me declaro fan de las pollas recién corridas, cuando se relajan mostrando su verdadera magnitud, adormiladas, perfectas para recoger con la boca y chupar saboreando lo que queda, llevándose esas últimas y dulces gotitas de leche que se han quedado rezagadas. Aaron se queda así un ratito dejando corretear el agua limpia, enseñando su poderoso rabo entre las piernas que ahora descansa todavía enorme sobre sus huevos.









