[Lucio Saints] Scott Carter y Andrea Suarez mantienen una experiencia sexual en la peluquería en “Sexstylist”

Después de casi dos años yendo a la misma peluquería del padre de una antigua compañera de colegio, aquel día fue diferente. Como hacía un par de meses que no iba por allí, no sé en qué momento sucedió, pero el padre enseñó el negocio a su hijo, un chaval de mi edad, de unos 17 años, el hermano de mi compañera al que apenas sí había visto unas cuantas veces hacía tiempo. El tio estaba bien bueno y además guapísimo, la verdad es que los dos habíamos cambiado bastante al pasar de los 15 a los 17 y el padre me puso en sus manos para hacerme el corte de pelo.

Durante los primeros minutos estuvimos contándonos anécdotas desde que no nos veíamos. El padre mientras estaba ocupado colocando las revistas y las mesas de la sala de espera y de repente entró el de la cafetería de al lado dándole una revista que al parecer no era la que le había pedido y le había traído del kiosko. Le dijo “no, quería la Interviú pero con la película“. Lo recuerdo perfectamente porque me sorprendió que lo dijese así sin pelos en la lengua estando allí su hijo y yo, sabiendo como sabíamos todos que lo que traía la Interviú es una peli porno. Entonces empezó todo, cuando el padre salió por la puerta para ir a por lo que quería realmente y nos quedamos los dos chavales allí solos en la peluquería.

Después de contarnos algunas cosas, nos quedamos callados y siguió cortando el pelo a tijera, del lateral hacia arriba. Yo tenía los brazos apoyados en los reposabrazos de la silla y al principio pensé que había sido sin querer cuando me plantó todo el paquete rozando el brazo. Yo no sabía qué hacer, si bajarlos y ponerme las manos entre las piernas o qué, pero como pensé que había sido un descuido, ni me moví. Lo volvió a hacer y esta vez se quedó ahí un buen rato, rozándome con el paquete mientras seguía cortando el pelo. Otra vez me pregunté qué hacer, me estaban entrando los calores, sobre todo porque encima el tio tenía un buen armamento ahí apretado y me estaba dando un gusto tremendo sentirla toda gorda y grande rozándose contra mí.

Finalmente me dije “qué coño, si él no se quita yo tampoco“. Y ahí nos quedamos callados, yo disfrutando de la sensación y él rebozando toda su anatomía dándose el gustazo. Lo mejor era notar cómo se le iba poniendo más dura al cabrón. Así hasta que vino el padre y dejó de hacerlo, pero en las siguientes citas a la peluquería volvimos a repetir la experiencia. Siempre me quedé con ganas de follar con él, porque sólo se quedó en eso, pero por mi mente después de salir de allí y mientras estaba dentro, no paraba de imaginarme bajándole los pantalones y comiéndole todo el nabo gordo con el que me estaba poniendo cachondo.

Esta escena ha sido como un flashback en mi vida, como regresar a aquel momento exacto, casi calcada, con sus pequeñas diferencias, pero tan similar a lo que sentí. El llegar como Scott Carter y como tantos de nosotros hemos hecho, sin cita previa, esperar un hueco al final o a que alguien falte a su cita, entablar conversación y disfrutar de ese momento de silencio en el que te frota todo el paquete por el brazo. Pero lo mejor es que esta escena me muestra lo que pudo ser y nunca fue, una continuación a lo que deberíamos haber hecho si él como Andrea Suarez, hubiera echado el cierre a la puerta.

Así hubiera continuado todo, con mi mano agarrando la protuberancia bajo sus pantalones, sintiéndola cada vez más en carne viva cuando se los quita y se deja tocar por encima de los gayumbos, hasta finalmente desaparecer todo lo que me separa de ella y verla salir toda gorda y dura y poder llenarme la boca sintiendo todo su calorcito manando dentro de mi boca, con su capullo golpeando mi paladar e intentando colarse por mi garganta.

Joder macho! Hacía tanto tiempo que no veíamos a Scott Carter comer polla que el tio la coge con ganas y nosotros miramos de la misma forma. La forma enla que agarra los huevos y saca la manguera del chaval, cómo abre la boca con mucha hambre y se la empala hasta casi atragantarse, soltando un gemido gutural que es una puta delicia para los sentidos, con todos los labios ahí posados sobre los huevazos. No contaba con que Andrea está muy bien dotado, pero eso parece no importarle.

Menudo zarandeo le mete con la cabeza y cómo aprovecha Andrea la oportunidad para agarrar la parte de atrás con las manos y apretar hasta tocar fondo. El chaval hasta se tiene que apoyar contra la pared mientras esa cabeza no para de subir y bajar. Se la está poniendo super dura. Todo un hombretón de pelo en pecho, Scott Carter empieza a desabrocharse el cinturón mientras conserva el saborcito de esa polla gigante y deja al descubierto la suya. Andrea está deseando meterle mano, pero Scott le para y no le deja tocar hasta tenerla toda fuera, momento en el que Andrea se la coge toda larga y gorda y le mete un buen pajeo antes de agacharse y llevársela a la boca.

Andrea chupa y por detrás no puede ocultar el gusto cuando las piernas se le van abriendo solas y con ellas el agujero de su precioso culo, dejando ver entre medias un par de pelotas que entran ganas de coger con la palma de la mano y pesar mientras le cimbrea el rabo todo duro un poco más allá. Mientras, por una esquinita de la pantalla, se ve cómo pasa la gente por el local. Me encanta lo ignorantes que somos como peatones paseando por las aceras, desconociendo lo que ocurre tras un cartel en el que pone “cerrado“. En este local de momento tenemos a dos tios guapísimos disfrutando de sus pollas.

Continuan en la planta de arriba frente a unos amplios ventanales para que les vean ojos indiscretos que miren en ese momento por casualidad, como esas veces en que sin querer vemos a nuestro vecino todo empalmado levantando la persiana de buena mañana y nos alegra el día. Andrea no para de emitir gemidos saboreando su polla y el vozarrón de Scott me la pone dura cuando le escucho con esa voz profunda decir “quieto ahí, quieto ahi” agarrando la cabeza y haciendo que se la trague entera, viendo después el chorrete de saliva que se le escapa al chaval de tanto chupar y que sabe a delicia pura. Es increíble el gusto que sentimos en la polla los tios, yo creo que por eso la tenemos en el centro del cuerpo.

Las pollas bien lubricaditas de saliva por una buena comida entran solas como la seda. Meterla en el culazo de Andrea debe ser una experiencia única, más sabiendo lo que ya nos comentó en su entrevista (ahhh, soy tan cabrón que no os voy a poner el enlace así que a buscarla dentro de la web, vagos) y viendo lo que hace en sus espectáculos en vivo únicos en el mundo. Contra la mesa del set de maquillaje, ese es el lugar elegido por Scott Carter para cogerle el culo en volandas y hacer penetrar su polla por ese culito suave y con un buen par de globazos. De lujo mirar por debajo cómo entra la polla abriéndose camino entre la raja apretadita.

El contraste entre los dos es bestial, la forma en la que le estampa los huevos peludos, las piernas con pelo imprimiendo fuerza para follarle, un tio con mucho pelo en el cuerpo y otro depiladito. Scott se tumba en el suelo y le suda los cojones que esté frío. Con un par eleva la polla y deja que Andrea se vaya clavando encima de ella. Entra perfecta y se la encaja hasta el mismísimo fondo, hasta sentarse encima de sus huevazos y sentir los pelos acariciarle los bordes del ojete. Impresionante tener enfrente de la cámara, como si realmente la tuviésemos frente a nuestra mismísima cara, la imponente polla de Andrea, la tiene enorme el cabronazo, durísima y larga.

Se la deja suelta y rebotando mientras Scott se lo folla elevando el culo y metiendo rabo descontrolado. Joder con el cliente de última hora, se ve que tenía hambre de culo el cabrón después de salir del trabajo. Andrea se saca esa polla de ensueño del culo, se da la vuelta y se pone frente a su cliente volviendo a encajarse el rabo dentro y apoyando una mano sobre su torso para no perder el control mientras salta. Con la otra aprovecha y se mete un pajeo de vicio hasta terminar explotando y escupiendo lefa hacia arriba que cae por todas partes, muslos, biceps, antebrazos, se pone perdido de leche. Scott lo pone con el culo en pompa apoyado contra la pila de lavar el pelo y se pajea a gusto haciendo rozar sus huevos por la raja del culazo del chaval hasta dejar salir su leche blanquita y pringarle uno de los cachetes.

Si pudiera tener una máquina del tiempo y volver atrás a los 17 años cuando me sucedió esto, con menos vergüenza que antes y más seguridad en mí mismo, sin duda echaría mano a ese paquete, saldría por la puerta tan contento con mi corte de pelo a medias, pero con un dulce sabor de boca…

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