Apolo Adrii se goza a pelo en culazo de Dean Young con su enorme y guapo pollón | Falcon Studios

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Mientras que el resto de compañeros suyos de instituto se fueron a casa a disfrutar de su tiempo libre, a dar una vuelta o a clases extra tras terminar las clases, Dean Young avisó para decir que llegaría tarde porque se iba a quedar estudiando en la biblioteca, llamó a un taxi y se presentó en el chalet de Apolo Adrii. Le había conocido la noche anterior el fin de semana, cuando él y sus amigos fueron a uno de los muchos locales que regentaba. Le pareció que estaba buenísimo y como no paraba de mirarle, al final Apolo le pasó su dirección apuntada en una servilleta sin que sus colegas se dieran cuenta.

No sin nervios, Dean llamó a la puerta. Si esa noche ya le había parecido guapo, ahora estaba flipando. Apolo tenía todo aquello que era necesario para que un chavalito como él se enamorara al instante y se le abriera el ojete del culo. Guapo, atractivo, con una mirada penetrante y un cuerpazo que ya se adivinaba por debajo de ese porte que tenía con los vaqueros y el polo blanco puestos. Además una voz masculina, de tono grave que le ponía cachondísimo. Dean no quería adelantarse, pero estaba deseando verle la polla, porque como la tuviera igual de buena, aquello iba a ser ya la guinda del pastel.

Se tomó al pie de la letra eso de ponerse cómodo mientras Apolo tomaba una ducha. Se quitó la remera y se quedó en pantalones. Si el recibidor comedor ya era grande, flipó con la habitación. Una cama enorme rodeada por todas partes de espejos excepto por delante, donde había un ventanal que daba al jardín por el que se colaba toda la luz del día. Apolo salió del baño, se acercó a Dean y le dijo que podían hablar, que no había que hacer nada si él no estaba preparado.

Qué coño, Dean estaba preparado, o eso creía, para eso había ido allí, para montárselo con ese chulazo. Sus pulsaciones aumentaron al ver que acercaba la cara. Sintió por detrás del cuello la caricia de una mano grande y cálida. Eso ya le relajó. Luego otra posándose en su mejilla, dirigiendo la cara hacia la de Apolo para que le mirara a los ojos. Entonces sintió toda su lengua húmeda repasándole los labios y luego metiéndose dentro de su boca y Dean sintió que podía entregarse a ese tio todos los días de su vida.

Qué rico besaba y lo mejor es que se le estaba poniendo dura y estaba seguro de que a él también. Ese repaso de la lengua sobre sus labios no era gratuito. Se los estaba preparando para lo que quería que hiciera. Apolo se acomodó en el centro de la cama apoyando su espalda contra el respaldo y se retiró la toalla. Lo que le faltaba para completar el pack, un pedazo de pollón.

Lo tenía casi duro, larguísimo, bien gordo, apuntando hacia la izquierda, como apuntaban la de casi todos los hombres de este planeta. Dean no se lo pensó ni un segundo. Se subió a la cama a cuatro y se la metió dentro de la boca poniéndola del todo dura con sus labios, sintiendo que de verdad se estaba comiendo un señor pollón, porque le estaba dejando la boca llena y todavía se le quedaba casi la mitad de la polla fuera del alcance de los labios.

Qué buena, qué suave estaba la piel y cómo resbalaban sus labios por el tronco a medida que la iba llenando de saliva. Así que lo intentó. Tiró hacia abajo dejando caer el peso de su cabeza y se la coló por la garganta, quedándose a apenas un par de centímetros o menos de besarle las pelotas. Cada vez le gustaba más la forma de esa polla enorme, ligeramente curvada, más gruesa por la base y el centro y algo más fina por la punta. La tenía bien guapa. Hambre de polla que le entró al chaval.

Apolo le hizo colocarse de lado dándole la espalda. Dean miró hacia atrás. Vio la mirada de Apolo clavándose en su culo. Sí, Dean tenía el mejor culo de todos los chicos de su instituto y más de medio instituto se lo había follado de lo magnético que era. Nalgas redonditas y una buena raja abierta que dejaba expuesto su precioso y virginal agujerito. No lo era, pero lo parecía y eso era lo importante.

Con mucho tacto, Apolo fue besando sus muslos y acabó encerrado en la jaula de la raja de ese culazo metiendo todos los morros, sacando la lengua y metiéndosela por el ano. La misma pasión con la que Dean le había comido el rabo, era la que ahora él ponía devorando ese ojete del demonio. Menudo agujero tan suave, tan flexible, perfecto para su pene.

Cuántos chavales te lo habrán follado, pensó, pero ahora te lo va a follar un auténtico hombre. Se puso de rodillas y al hacerlo, la polla durísima brincó un poco por el movimiento, como si fuera una barra gruesa de alambre bien fijada por la base. Apuntó con el rabo hacia el agujero posando encima el pulgar para dirigirla bien y blandió ese ojete metiéndosela sin condón.

Ambos gimieron al unísono, Dean al sentir esa maravilla de pollaza rellenándole el culo y Apolo porque estaba apretadísimo. La polla entraba tan ajustada que a pesar de que la metía, no avanzaba, pero Apolo sabía que insistiendo y taladrando al final cavaría el agujero a su gusto. Qué culazo y qué bien quedaba su polla ahí dentro. Consiguió perforarle hasta el fondo gracias a que el chavalito cada vez estaba más abierto.

Le marcaba a fuego la palma de la mano en las nalgas palmeándole bien fuerte y Dean le hacía lo mismo mirando hacia atrás y alzando una mano para aferrarse a esos pectorales que tanto le gustaban. Toma rabo, cada vez más duro, más fuerte. A Dean le molaban los tios que iban a por todas, que se volvían locos follándole el culo. Había detectado desde el principio que Apolo era muy cuidadoso con sus movimientos para no hacer daño, demasiado respetuoso para con la propiedad ajena, pero Dean quería algo más salvaje y sabía que Apolo tenía el potencial para dárselo allí mismo y en ese momento.

Por eso se puso a cuatro y le regaló su culo. Joder, qué bueno fue sentir cada una de sus empotradas, metiendo y sacando toda esa pollaza sin control. Era alucinante lo que podía hacer un tio cuando daba por detrás teniendo para él solito un culito redondo y agradable a la vista.

A pesar de llevar ya un rato viéndole la polla, el tamaño volvió a impresionarle cuando Apolo se tumbó en la cama espatarrado y se a enderezó en vertical para que Dean tomara asiento sobre ella. Dean hizo una sentadilla, la agarró para conducirla hacia el interior de su ojete y dejó caer el peso de su cuerpo encima ensartándose en ella.

Saltó bien alto pajeándole el pollón, dejándole tieso. Luego Apolo dobló las rodillas y se hizo con el mando, culeándole desde abajo. Dean repitió la operación dándole la espalda, para que Apolo disfrutara de las vistas de su hermoso culo pelándole la polla. Sí, Apolo estaba bien pendiente de ese culazo con la mirada, alzando la cabeza para no perder detalle de cómo su rabo sufría de la mejor de las formas, bajo el yugo de un culo implacable.

Tras un buen rato disfrutando de esas vistas, cogió en volandas al chaval, lo echó hacia atrás, volvió a doblar las rodillas y se lo ventiló culeándole una vez más desde abajo. Le colocó bocarriba, con las piernas abiertas y le remató con una buena follada que llevó a Dean a un punto de no retorno, abrazándose la polla con la mano, haciéndose una pajilla y corriéndose encima.

Según iba soltando lefa, Apolo se la cogía con los dedos y se los llevaba a la boca. Estaba hecho todo un catador de semen. Convertido en un auténtico cerdaco, con el sabor del chico en su boca, le metió tres estocadas y se echó sobre la cama para cascársela, echando la cabeza hacia atrás, notando el gusto que le provocaba su mano zarandendo la pija.

Dean estaba entre sus piernas besándole las pelotas cuando él empezó a soltar la leche que se escurrió entre los dedos de su mano, colgando por el pulgar y depositándose sobre la base de su rabo, en todos los pelos. Dean se quedó bizco mirando de cerca ,a menos de un palmo de distancia, ese pollón cubierto de nata, echándole el aliento encima.

Se lo metió en la boca y saboreó toda la leche, también le recogió el lefote grande y espeso que se había dejado entre el pulgar y el índice y se lo llevó a la boca. Había tios que se merecían que les cataras el esperma y Apolo estaba tan bueno que era obligatorio hacerlo. A pesar de que se moría de ganas por tragárselo y que él lo viera, se puso en modo granuja y abría la boca, la cerraba soltando babas de leche, mirando a Apolo a los ojos para ver si le molaba.

Claro que le molaba ver a otro jugando con la leche en su boca. Dean sacó la lengua toda a rebosar de lefa blanca y le relamió el pene con ella. Luego fue avanzando paso a paso hacia la cara de Apolo y, manteniendo la dósis de morbo en todo lo alto, acercó los labios empapados de semen a los suyos y empezaron a besarse compatiendo la leche de sus cojones.

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