Luca Filipi y Sasha Hamilton muestran sus prodigiosos culazos y acaban a paja limpia sobre la cama del porche | Bel Ami Online
Los calzones de marca les sentaban de lujo a esos dos rubitos de cara a la sesión fotográfica. Se amoldaban a sus cinturas y a sus generosos paquetes como un calzador, qué digo, mejor que un calzador, porque además de calzar bien, realzaban lo que ya tenían por propia naturaleza en su código genético. El cuerpo de Luca Filipi era el de un Dios del mar, el de un surfista, atlético, cachitas pero no demasiado, con hombros redondeados, vientre plano marcando con suavidad sus pectorales y abdómen, también sus líneas inguinales que se perdían por debajo de los calzones.
Sus dos pezones quedaban divinos en sus pectorales planos y cuadrados, tatuados con un escorpión y una bandada de gaviotas. El chaval sabía destacar bien su potencial masculino, desatándolo con unas cadenitas al cuello y un pelazo de malote todo revuelto. Recién levantado, con el rabo morcillón, se las apañaba bien para domarlo dentro de la huevera.
Sasha Hamilton ya estaba preparado para las fotos en el exterior. Le encantaban sus nuevos calzoncillos azules y estaba bien orgulloso marcando el rabo en el frontal. A diferencia de Luca, Sasha tenía un cuerpo más musculadito, con buenos hombros y biceps, unos pectorales más prominentes y un lujurioso six-pack marcándose en todo su abdómen.
La idea era dejarles retozar juntos bajo el sol, a ver qué sucedía. La cámara captó momentos únicos que daban para paja. Se fueron quedando desnudos sobre el colchón bajo el porche. Luca dio la espalda a la cámara, se bajó los gayumbos y regaló uno de esos momentos, luciendo culazo, redondo y algo peludito, abriendo raja y mostrando la preciosa hendidura de su entreda, rosácea y con la forma del ojo de Sauron. Uno para poseerlos a todos.
Ciertamente Sasha cayó en su influjo, se acercó y rozó con sus manos y sus labios ese apetitoso almuerzo matutino. Siguió sus pasos, se bajó los calzones y puso su culo encima del de Luca. Los dos rubitos estaban de vicio, con las piernecitas abiertas, las pelotas y las colas colgando entre sus muslos, sus culazos potentes, redonditos y grandes uno sobre el otro. Barra libre.
Se tumbaron sobre la cama descubriendo la sensaualidad de sus cuerpos con las manos, mientras las pirulas les iban creciendo. No tardaron en ponérseles duras. Sasha se acercó para mirar de cerca la de Luca. Un puto monumento al falo. Dura, muy tiesa y empinada, cilíndrica, recta, venosa, coronada por un cipote descapullado del mismo grosor que la polla.
La de Sasha era harina de otro costal, ligeramente encapuchada, juvenil, tierna, agradable a la vista, durita colgando por su porpio peso, ligeramente colgando hacia abajo. Las acercaron para rozarlas juntas y sentir sus erecciones, se pajearon regalándose saliva y acabaron juntos como colegas en la cama, pasándose un brazo por detrás del hombro, cada uno con su polla en la mano, dando brío a la masturbación hasta entregarse al placer y acabar disparando leche sobre sus atléticos torsos.
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