Apenas ataviados con sus calzones, Igor Lucios y Drew Dixon acercaron sus cuerpos. El roce de los paquetes hizo el resto. Imaginarse completamente desnudos había dado alas a lo que tenían entre las piernas para crecer sin medida, sobre todo Igor, cuya lanza se puso tan tiesa hacia un lado de la cadera, que al empujar la tela de los calzoncillos negros que llevaba puestos, esta cedió y se transparentaba, dejando ver la parte superior del rabaco en todo su esplendor.
El movimiento no pasó desapercibido para Drew, que mientras se derretía de gusto con el buen hacer de Igor besándole, permanecía atento a todo lo que pasaba por ahí abajo entre los dos. A pesar de ser unos centímetros más alto que Igor, este otro la tenía más larga y más gruesa. Drew se moría por verle la tranca. Se agachó. Nada le excitaba más que bajar los gayumbos a un tio y verlo de frente, ser el primero en admirar la forma en la que salía cada polla de la huevera, ese olorcito a rabo encerrado que salía de ahí y que se le metía por las napias como cuando hueles un libro recién salido de imprenta.
Se dio cuenta del tamaño de ese vergón a medida que fue bajándole los calzones y había picha de largo para parar un tren. Los pelos de la base y cuando le despojó de la prenda bajándosela por los muslos, escapó una polla borracha bien larga y gorda, con el capuchó puesto, una butifarra caliente que se apresuró a recoger con la lengua en toda su extensión desde la base a la punta hasta calzársela dentro de la boca.
Un pollón tan guapo de los que te la ponen dura, de los que te abren el apetito. Drew se la jaló a saco notando cómo su boca se llenaba de rabo sin dejar hueco. Le metió al mamada que la saliva no paraba de salir por su boca, babeando por su barbilla, chorreando por sus pectorales. Igor también atacó follándole la boquita, intentando metérsela por la garganta, logrando algunas arcadas que le hicieron bufar y soltar esa media sonrisa de satisfacción que le hacían el doble de guapo de lo que ya era.
Frente al sofá, Igor puso a Drew bocarriba con la cabeza y la parte alta de la espalda apoyadas en el suelo, alzó el culete hacia arriba para dejarlo listo, pero no necesitó darle mucha cera porque estaba preparadísimo. Se puso de pie doblando las rodillas para dejar el pollón a la altura del culo, plantó el rabo en la raja deslizándolo por encima, acariciando su ojete, apuntó al centro y se la metió sin condón por el agujero.
Se despachó a gusto pegándole una follada alucinante, de mete y saca constante, rápido, polla dentro entera, polla fuera y vuelta a empezar. El juego del traga pollas. Se la sacó sólo para darse el gusto de ver el hueco que le había dejado en el ano, uno bien grande y profundo. Le perforó el ojal saciando su apetito animal y luego se lo llevó al sofá para dejarlo a cuatro patas y darle por culo.
De perfil, Igor tenía una pintaca de empotrador alucinante, con esa carita tan guapa y atractiva, sus muecas de auténtica satisfacción personal, lo bien que se le daba eso de penetrar un agujero. Por detrás enamoraba la vista a cualquiera. Ese culito que tenía de futbolista, redondito y blanco, suave, de los que apetece tanto tocar, empotrando una y otra vez, las pelotas colgando entre sus muslos, cascándose sobre el pandero de otro tio.
Seguro que de haber habido un tercero en la sala, le habría agarrado el culete a dos manos, habría acercado la cara y le habría hecho una buena comida degustando su raja y sus apetitosas pelotas. Estaba de vicio. Dio la vuelta a Drew en el sofá y se folló por última vez a ese misionero. Drew no paró de cascársela todo el rato que Igor se la estaba metiendo, hasta que juró varias veces que se corría y cumplió lo prometido, mirando hacia abajo y viendo cómo su polla expulsaba todo el caldo.
Igor se encontraba demasiado a gusto dentro de ese culete como para salir. No necesitó que nadie le diera permiso. Ya era mayorcito para darse cuenta de lo que un tio necesitaba y estaba seguro de que Drew se lo agradecería. Se inclinó hacia Drew. Sus frentes y sus narices rozándose, bien cerquita. Igor empujó y gimió con fuerza. Drew no hizo ningún intento de apartarle, es más, le gustaba que un tio así le hiciera aquella guarrada. Sintió la preñada bañando el interior de su ano, luego Igor le sacó el rabo, chorreando lefa. Se quedaron un rato con las caras pegadas, Igor recomponiéndose del gustazo de meter una buena dósis de leche dentro del culo de un tio.
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@ fotos por Oscar Mishima
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