Adam Awbride se lija la polla lanzándose nueve lefazos en toda la jeta mientras Cristiano se lo folla a pelo en el campus | MEN
Campus Cock Part 2
Hacer el tonto en las fiestas era una de las especialidades de Cristiano, que siempre arrastraba a su compañero Adam Awbride hacia sus fechorías. Esa noche escaparon de la fiesta del campus, se colaron en una de las habitaciones y espiaron la mesilla de noche de uno de los chicos. No sabían de quién era, pero se toparon en el cajón con unas esposas de tira de velcro para mantener manos y pies atados y a raya.
Tras pedir ayuda a Adam para que se las colocara, él y Cristiano regresaron a la fiesta, Cristiano dio dos volteretas en el suelo y con la fuerza de su culo rompió los pantalones por detrás, dejando su ojete a la vista de todos, teniendo que aguantar los dedos señalándolo y muchas risas. Por suerte en ese momento, recibieron un mensaje de copas gratis en un local cercano y salieron en masa, todos a los que ver el culo de un chico no les excitaba en absoluto, menos uno al que sí le molaban, Adam, que se encargó de ayudar a su colega, solo que al darle la vuelta descubrió que al cabrón se le había salido la polla por los pantalones y la tenía bien dura.
Ni siquiera preguntó cómo había llegado a eso, quizá sentir el fresquete en el agujero al desgarrarse los pantalones o puede que ya estuviera empalmando cuando le estaba colocando las esposas, imaginándose que Adam le empotraba en la camita. Sea como fuere, Adam no pudo resistirse a inclinarse hacia el pollón y metérselo en la boca.
Era bien larga, estaba dura como una roca, el cipote como una mecha encendida y daba gusto chupársela, relamerla desde la base hasta la punta y merendarse uno a uno sus huevazos. A medida que chupaba rabo, Adam iba entrando en calor, primero quedándose en camiseta de tirantes, luego semi desnudo de cintura para arriba y por fin los pantalones, demostrando a su colega que él también estaba fino y preparado para lo que sea que el final de esa fiesta, en la que les habían dejado solos, les tuviera preparado.
Podía haberle enchufado ahí mismo, sin embargo decidió hacer una sentadilla sobre Cristiano, cogerle el rabo, pasear su cipote como una bola alrededor de su ojete antes de metérsela dentro sin condón. Por la postura, empujando las piernas de Cris hacia afuera con sus muslos, si cualquiera hubiera entrado en ese momento, se diría que era Adam el que estaba dando duro, pero nada más lejos de la realidad.
Era Adam el que se estaba empalando firmemente sobre esa vergota rígida, sintiendo su dureza dentro de él, empujando con su culete a tope hacia abajo hasta toparse con las pelotas. Despojado de las esposas y de nuevo libre, Cristiano empujó a Adam hacia el suelo y se lo folló bocarriba. Adam abrazó a Cristiano, dándole alas para que le crujiera el culo cada vez más a fondo y fuerte.
Cristiano parecía una traca imparable, penetrando a placer, metiendo todo su largo pene a pelo dentro del culazo de Adam, cascándole las bolas, todavía con los pantalones rotos por detrás enseñando la raja el culo. Al levantarse, Adam fue en busca de nuevo de su pito para mamárselo, esta vez a fondo, hasta sentir la arcada mayor.
Continuaron la segunda ronda en el sofá, con Adam a cuatro y Cristiano detrás, plantando un pie con calcetín en el cuello de Adam, obligándole a besar el asiento y a mantener el culito en pompa. De ahí pasaron a la cucharita y se lo volvió a follar bocarriba.
Nueve lefazos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho y nueve chorrazos salieron de la polla de Adam disparados hacia su jeta y más allá, mojándole todo el cuerpo. Los tres primeros salieron escopetados con un margen ínfimo entre ellos, sin dar tregua, imposibles de dirigir. Los otros seis salieron uno a cada segundo, dando tiempo para disfrutarlos, viajando del pito a su cara.
Érase una vez un hombre empapado en su propia leche. Y por si no tenía suficiente, Cristiano le hizo poner la carita en el reposabrazos y se la cascó encima de su jeta, vertiendo sobre ella todo su semen. Así es como les gustaba a los chicos del campus acabar las fiestas, con una situación improvisada que luego pudieran contar al resto y una experiencia inolvidable que les acompañaría de por vida, mucho vicio y mucho guarreo entre los del mismo sexo.







