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Manuel Capri seduce al poli Adam Tyrant con su potente culazo y acaban follándose a pelo en comisaría | MEN

The Broligarchy Part 2

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Una carrera contra el tiempo, sentir la respiración de alguien en la nuca, siempre observado, así es como se sentía Manuel Capri en su dura vida como informático para el gran jefe, siempre perseguido por la sombra de unos hackers a los que no conocía personalmente, a los que ni siquiera había visto la cara, siempre escondidos tras las cristaleras tintadas de sus automóviles. En su última huída de ellos acabó debajo de un puente y cuando trató de contar la verdad al poli Adam Tyrant, este no le creyó.

Joven e inteligente, si Manu no lograba convencer a un hombre con el don de la palabra, sabía perfectamente cómo podía hacerse entender, recurriendo a los instintos más básicos del sexo masculino, el fornicio. Igual que con un hetero no fallaban un buen par de tetas, un poli gay no podría resistirse a un buen refrote de un suculento culazo contra su paquete.

Bajo esas gafitas de Manuel, se ocultaba un atractivo Clark Kent y bajo su chupa de cuero un cuerpazo impresionante. A punto de ser cacheado por Adam, con las manos sobre el techo del coche, las retiró y se bajó los pantalones por la parte de atrás, echó el culete hacia afuera y lo empezó a restregar contra el bulto del frontal del poli. Podía sentir en las nalgas su pene y sus huevos, el rabo cada vez más durito y más grande cuando Adam miró hacia abajo y vio ese potente culazo frotándose contra sus partes nobles.

El poli miró hacia los lados y, al ver que se encontraban debajo de un puente poco transitado, se dio a sí mismo luz verde para propasarse con ese ciudadano que tenia ganas de marcha. Le dio la vuelta y esta vez fue él quien se encargó de bajarle los pantalones por delante. El chico, además de ser guapísimo, tener unos ojazos, estar buenorro y un buen trasero, tenía una excelente polla. Admiró su rabo colgando y morcillón, de unos quince centímetros y creciendo, se lo cogió con la mano y comenzó a hacerle una pajilla.

Se bajó la cremallera, sacó su polla dura y la acercó junto a la del chaval. Todavía con las esposas puestas, Manu cogió un rabo con cada mano y los masturbó, luego los puso juntitos, bien apretados, dándoles calor y mimos con las manos. El poli se puso cachondísimo sintiendo el calor y la dureza de un rabo jóven contra el suyo, miró a los ojos a Manu y le hizo agacharse para que le comiera la polla.

El informático le hizo una buena mamada, comiendo tranca hasta los huevos, sin dejar de pajearse su cola. La mantuvo bien dura hasta que Adam le empujó contra el coche y bajó a devolvérsela. Larga, encapuchadita, venosa. El poli no podía chuparla sin mirar al chico a los ojos de lo rico que estaba. Allí con tanta ropa y los putos nervios de que alguien les pillara haciéndolo, no eran una buena idea, así que se lo llevó a comisaría.

Día festivo, él estaba al cargo y tenía las llaves de la ofi. Junto a la mesa de interrogatorios, continuaron desde donde lo habían dejado, masturbándose y comiéndose las trancas. Las ganas de ver ese culo desnudo otra vez tenían al poli desarmado. Le quitó la chaqueta observando que llevaba una camiseta negra bien ceñida al cuerpo, marcando musculitos, le dio la vuelta empujándolo y haciendo que se inclinara sobre la mesa, le bajó los pantalones y se colocó en una posición perfecta para acariciar y admirar ese pedazo de culo de nalgas redondeadas y perfectas, musculoso y algo peludito.

Le dio unos pollazos en la raja, le escupió en ella y miró a Manu, que empezó a asentir, dando su consentimiento a la follada. Se la insertó sin condón, disfrutando de cada puto centímetro que quedaba apresado en ese ojete calentito y super apretado. Le penetró con fuerza y lujuria, hasta empastarle los huevos en la raja. Ese chaval era un puto vicio para los sentidos.

Le quitó los pantalones y le dejó con la camiseta y las deportivas blancas. Le alzó una pierna atlética, fuerte, varonil y peluda y continuó trincándoselo a pelo. Al sacársela, darle la vuelta y sentarlo en la mesa, se dio cuenta de que la tenía durísima y bien larga, irresistible. Le hizo tumbarse en la mesa y se agachó para chupársela. Vio su carita guapa, sus ojazos, el tamaño de su miembro, su prodigioso culazo y Adam acabó tirando la toalla, inclinado sobre la mesa dando culo a ese zagal.

La sintió hundiéndose durísima dentro de su ano. El chico ponía todo su empeño en penetrarle, mordiéndose el labio inferior, con un lindo hoyuelo dibujado en sus mofletes que, además de guapo, le hacían tremendamente achuchable. Adam volvió a follárselo sobre la mesa, esta vez frente a frente. Manu se cogió la polla y empezó a pajearse a la vez que Adam se lo follaba. Se levantó la camiseta para no ensuciársela y se corrió encima.

Poco podía hacer Adam para aguantar viendo a Manu correrse. Resistió hasta el último momento, sacó el rabo, se tiró un par de manoplas y comenzó a depositar su semen sobre el chico, corriéndose junto a sus pelotas, mojándole el trasero. Antes, cuando se encontraron bajo el puente, no creía que unos hackers le estuvieran persiguiendo, pero ahora después de follar juntos, quizá pudiera hacer algunas investigaciones para ver si el chaval estaba diciendo la verdad después de todo.

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