Arno Antino se vicia con el culazo de Seth Cain follándoselo sin condón junto al espejo | Cocky Boys
Iros a un hotel. Esa era la frase que más escuchaban Seth Cain y Arno Antino desde que se conocieron. Ellos no eran conscientes los pobres, encoñados como estaban el uno del otro, pero sus besos se la ponían dura al más pintado y parecían no darse cuenta de que se la tiraban todo el rato empalmados, mostrando sin pudor las tiendas de campaña elevándose en el frontal de sus vaqueros.
Decidieron hacer caso a la gente y se buscaron una habitación donde intimar. Que se gustaban estaba fuera de toda duda, ahora tocaba ver qué tal encajaban en la cama. Cuando Arno se quitó la camiseta y se quedó desnudo de cintura para arriba, mostrando su cuerpazo varonil de torso peludo, musculoso, llevándose las manos por detrás de la cabeza y dejando a la vista unas axilas peludas, Seth supo que la cosa iba por buen camino.
No sin nervios, con el pulso acelerado pero también con muchas ganas por descubrir el sexo de Arno, Seth le desabrochó los botones de la bragueta de los vaqueros y luego el de la cintura. Tiró hacia abajo llevándose pantalones y gayumbos y le desnudó las vergüenzas. Al verle la pija, tuvo que parpadear para ser consciente de que aquello no era un puto sueño.
Larguísima y bien tocha, de las que te hacían soltar improperios como la hostia puta, o menudo pollón. Seth la agarró y la miró de cerca. Era preciosa. Descapullada, con un cipote grande y suave, brillante, bien gruesa, mucho más a medida que se acercaba a la punta. Le gustaba tanto que no supo muy bien por dónde empezar a trabajársela. Se la llevó a la boca. Estaba muy caliente y tremendamente dura.
No iba a necesitar que le lubricaran mucho el ojete del culo, porque ya lo tenía chorrando, pero por si acaso le dolía, prefirió sentarse encima de la cara de Arno y que le babeara bien la entrada. Al sentarse sobre su enorme verga, entró limpia. Estaba dilatadísimo y cachondo. Se quedó quieto mientras Arno elevaba las caderas y le blandía el culete con la polla sin condón. La sensación de Seth fue la de estar cabalgando sobre un semental desbocado o sobre un toro de estos salvajes de los rodeos. Menudos pollazos potentes le propinaba desde abajo.
Tener un espejo justo al lado, hizo que Seth pudiera ver todo lo que sucedía mientras Arno, encima de él, le dominaba bocabajo sobre la cama. Pilló a Arno mirándose al espejo, disfrutando de lo que veía en él como si fuera una pareja que estuviera al lado, poniéndose fino cada vez que su flipante culazo redondito y blanco remataba al chaval clavándole toda la polla a pelo. Era realmente morboso verlo todo desde otro punto de vista. Arno empezó a follárselo cada vez más a saco, dejando caer el peso de su cuerpo encima de él perforándole el culo. Seth no le frenó, quería ver hasta dónde era capaz de llegar un tio tan apasionado con sus actos. Se agarró fuerte a las sábanas arrugándolas entre sus puños y resistió las embestidas como un hombre.









