El día en el que el resto de los soldados se fueron a hacer instrucción, Maverick Sun aprovechó para quedarse a solas en el cuarto que compartía con Malik Delgaty y Kenzo Alvarez. Allí, entre los uniformes militares, el olor a macho y la energía que desprendía ese lugar en el que los tres se habían visto en pelotas tantas veces y en el que los muelles de las literas sonaban cada noche cuando uno se la cascaba bien a gusto, Kenzo sacó su dildo preferido, el grueso, venoso y con unas buenas pelotas, el que le rellenaba bien la boca, plantó la base en las taquillas y le pegó una buena mamada.
Creyó que después de tantos meses sin pillar un rabo tan grande, su técnica para chupar pijas y hacerles un hueco en su garganta habríamermado, pero qué va, cuando ese cipote se coló hasta el fondo y escuchó su propio sonido gutural, se puso cachondo y se echó mano al paquete porque se le estaba poniendo toda dura.
En el mejor momento, cuando se disponía a sacársela y hacerse una paja, sus compañeros aparecieron, Malik le cogió del cuello de la camisa, le estampó contra la taquilla y amenazó con reportarle al sargento. Maverick se derrumbó. Era tan difícil estar entre tantos tios y no poder dar rienda suelta a lo que le gustaba, que estaba frustrado. Ahora todos se enterarían de que era gay.
No era justo ir a acostarse cada noche, cuando los tres se desnudaban en el mismo espacio y tener que aguantarse las ganas al ver los abdominales morenitos de Kenzo bien marcados, sus calzoncillos blancos de pata corta ajustaditos remarcando su dote frontal. Así acababa, todas las noches, metido en la cama, sobándose el paquete, esperando a que se apagaran las luces para hacerse una gayola pensando en ellos.
El resto de soldados también tenían sus necesidades. Al final todos acababan dándole al manubrio, ya fueran tetas, coños, culos apretados, cojones o rabos en lo que pensaran. Aprovechando que se le había puesto dura, que el colchón que tenía encima tenía un buen agujero y el reciente descubrimiento de la homosexualidad de su colega, Kenzo metió la pirula por el hueco para ver si pescaba algo.
No tardó en sentir el contacto de los labios húmedos y calientes de Maverick atosigando su polla una y otra vez. Cada vez lo hacía mejor, pillando más cacho, tan dulce y tan bien que a Kenzo se le estaban poniendo los ojos en blanco. Maverick lo disfrutó, poniéndose a cuatro patas, bajándose los gayumbos y quedándose desnudito.
El soniquete de la chupadita despertó a Malik, que al mirar hacia el otro lado del cuarto se encontró ese culazo de frente con la raja abierta y los cojones colgando entre sus muslos. Joder, se le puso dura. Mira que no era de mariconadas, pero es que ese culo le excitaba. Se sacó la polla bien larga y gorda y se la peló a su salud. Algunos usaban papel higiénico para limpiarse la corrida, pero Malik era de los de calcetín. El tacto era suavecito y algo raspado, perfecto para meter el tronco y agitar y así una vez se corría no tenía que preocuparse por nada. Era casi como correrse en un condón, pero con coladeros por todas partes. Una forma de no mojarse demasiado las manos.
Cada vez le costaba más aguantarse el meterla en el agujero de ese cabrón, pero sabía que después de la paja, al menos disminuían un poco las ganas. Se corrió en el calcetín, se lo sacó de la polla, lo tiró al suelo e intentó dormir. Kenzo bajó de la litera y Maverick sonrió de vicio al ver que su compi estaba dispuesto a hacer otras guarradas. Enarboló el culete para él, se lo entregó y Kenzo le endiñó su pollón morenote por el culo sin condón.
Estaban a tope. La de tiempo que se habían pasado sin probar eso, Kenzo un agujero apretado y Maverick un rabaco duro penetrando su orificio. Maverick se dio la vuelta, se abrió de piernas y parpadeó varias veces para comprobar que no era un sueño, que de verdad Kenzo estaba empalmado delante de él, de pie, protegiendo su trasero.
Maverick ya estaba acostumbrado a esas cosas, a chicos hetero que ante la necesidad le usaban como agujero donde calmar su placer, que casi ni le miraban mientras se la metían por el ojete. Entonces llegó la sorpresa. Kenzo le agarró la polla mientras se lo follaba y se la empezó a masturbar. Qué brutal. Cuánto lo había deseado, que sus compañeros le usaran como a una puta cada día. Sólo le faltaba Malik, que todavía se le resistía.
Kenzo ya había caído y lo estaba dando todo. Se puso con los brazos en cruz, agarrándose fuerte a los barrotes de la litera superior y se folló ese culito que estaba deseando rabo. Luego se metieron los dos en la misma camita, primero Kenzo, recostándose de lado y luego Maverick, dándole la espalda, acercando sus nalgas hasta rozar el pene de su macho. Levantó una pierna y se dejó hacer la cucharita.
Por primera vez en muchos meses, Maverick mojó la cama con compañía. Mientras Kenzo se propasaba con él dándole por detrás, él se cogió el rabo y frotó hasta que la leche salió disparada mojando las sábanas. Después se arrodilló, abrió la boca y Kenzo ya supo lo que debía hacer. Se puso de pie masturbándose encima de la cara de Maverick, incapaz de resistirse a sus ojazos y, tras anunciar que se iba a correr, le soltó la lechada en la lengua y el bigote.
Maverick le cogió la polla y se la relamió. Miró ese falo recién corrido, todavía duro y empapado de semen, alucinando por tener delante de su jeta esa picha que antes sólo podía ver encerrada en la huevera de unos calzones y en modo flácido. Y ese regusto del saborcito a semen que tenía en la boca. De camino a las duchas, Maverick pisó un calcetín. Estaba sudado y sucio. También algo húmedo y creyó reconocer el olor. Miró a Malik que estaba durmiendo, pensando en si se habría hecho una paja mirando cómo follaban. Pero enseguida se le quitó la idea de la cabeza. Malik no era de esos.
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