Niko Demon revienta el culazo de Rico Vega a pollazos con su enorme tranca y se corre en sus musculosos pectorales y dentro de su boca | Fucker Mate

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Más de veinte centímetros de separación, como cuando los profes les vigilaban en los bailes de fin de curso. Y, ¿por qué ponían esa distancia de seguridad entre las parejitas? Porque bien sabían los muy cabrones que había chicos como Niko Demon y Rico Vega que tenían la polla así de larga. Si querían evitar calentamientos y roces inesperados, con ellos no lo consiguieron.

Semidesnudos, gustándose demasiado el uno al otro, Niko se encargó de masturbar los dos pollones a la vez. El de Rico, gordito, blanco y embutido en su pellejo con el capullo encapuchado, lo sostuvo con cuatro dedos. El suyo, jodidamente duro y empinado, super gordo y con el cipote dispuesto a reventar culos, lo había puesto por encima, apretándolo firmemente con el pulgar para que ambos rabos se deslizaran el uno sobre el otro dándose placer.

Si Rico hubiera hecho en el baile lo mismo que hico en ese momento, a buen recaudo se hubiera formado un enorme grupo de mirones alrededor para ver el espectáculo antes de que lo disolvieran los puritanos profesores. Hincó las rodillas en el suelo y se metió esa polla dentro de la boca, jalándola cada vez más adentro, besando sus pelotas, con la cara roja, las venas hinchadas del cuello, quedándose sin respiración mientras esa enorme pija se colaba por el interior de su garganta.

No sólo le hubieran hecho un corro, sino que cuando se la hubiera sacado de la boca y con las babas colgando hubiera tomado una bocanada de aire, le hubieran aplaudido. A más de uno se le pondría el rabo tieso al ver a otro tio tragarse unos generosos veintidós centímetros de verga gruesa y viril. Rico tenía saliva de sobra, pero Niko prefería asegurarse y no paraba de inclinarse, relamer sus labios con la lengua para dejarlos húmedos y ponerle otra vez a comer nabo.

Dura como una roca, apuntando hacia el techo, agarró la cabeza de ese tio tan guapo por detrás y se la dio toda. No podía hacerle una mamadita normal, no, el tio se la tenía que tragar una y otra vez como si estuviera buceando, conteniendo la respiración cada vez que se la encajaba en todo lo profundo y saliendo a tomar aire. Ese aliento caliente, ese jadeo que se impregnaba en su polla mojada.

Esos ojazos que lo miraba fijamente y con vicio desde abajo, esa carita guapa, su barbita, el cuerpazo que tenía. La erección de Niko era imperturbable teniendo a ese chulo comiendo de su rabo. Le plantó la pirula en la carita para ver lo bien que le quedaba encima y le puso a comerle las bolas antes de follarle la boquita a toda hostia dejándole la cara roja como un tomate.

Adoraba cuando se la tragaba entera, cuando sentía el roce de los pelillos de su bigote contra los suyos de la base de la polla, cuando se la sacaba de la boca y entre su rabo y sus labios se formaba una telaraña de babas colgando. Mientras se hinchaba los carrillos con su cipote, Niko se aprovechó de su enorme culazo blanco y redondito. Hundió un par de dedos en su raja y los deslizó hacia arriba y abajo, gozándola.

Luego se dedicó de lleno a su trasero. Era precioso y lo atacó con sumo cuidado. Agarró la polla de Rico con una mano, ordeñándole a la vez que hundía sus morros en el culete y sacaba la lengua para horadarle el agujerito. Le escupió acertando en todo el ojete y dejó resbalar un par de dedos por su esfínter. Estaba caliente. Estaba blandito. Ya podía imaginar el apretujón que recibiría su enorme polla al hundirse ahí dentro.

No esperó más. Se puso de rodillas detrás de él, le dio unos ligeros toquecitos con el rabo en el hueco de entrada y se la metió directa y sin condón, enterita, hasta las pelotas. Se inclinó hacia adelante y empezaron a besarse, protegió ese culazo con su vida, cobijándolo entre sus muslos y penetrándole de fuera a adentro sin compasión.

Se quedaron un rato con las bocas pegadas, echándose el aliento, los gemidos, sintiéndose el uno al otro. De vez en cuando la polla se salía del encaje proporcionando a Rico un inmenso placer al sentirla rozando la parte baja de sus cojones. Rico se sentó sobre sus piernas y le cabalgó al trote dándole la espalda y un espectáculo por la parte delantera, donde su enorme pito de casi veinte centímetros y bien gordo, estaba suelto y se meneaba de un lado a otro, de arriba a abajo, encapuchado, morcillón, como una buena butifarra.

Niko atacó desde abajo metiéndole una vertiginosa enculada que Rico sintió hasta en el alma. La taladrada le dejó sin fuerzas y se dejó caer sobre el fornido y atlético torso de Niko, haciéndose a un lado para poder ver su cara de machote empotrador. Niko se tumbó en el suelo y le invitó a seguir cabalgando sobre su polla, pero esta vez cara a cara, para poder sentir el roce de su hermosa pirula sobre sus abdominales mientras se lo follaba.

Rico accedió, abrazó a Niko por el cuello, se empaló en el mástil y comenzó a masturbarlo con el culo. Niko se dejó hacer, admirando las vistas, el cuerpazo de ese chulo, el rabo rozándole el vientre, su cara, su mirada, intentando abarcarlo todo a la vez. Se enamoró tanto que le cogió las dos nalgas con las manos, las separó hacia afuera para dejarle el agujero del culo bien abierto y se lo folló salvajemente destrozándole el ojal.

Cuando Rico se puso de nuevo a cuatro patas, marcando musculitos, Niko acudió a joderle de nuevo como un perro, por detrás. Esperaba que los días siguientes, cuando notara que el agujero del culo no se le cerraba como debía, se acrodara de él. Rico se sentó en el sofá para cascársela y Niko se puso de rodillas a su lado, pajeándosela encima de sus pectorales, con los huevos sobre su hombro.

Niko le alentó la paja fostiándole uno de sus macizos pectorales con la palma de la mano y el resultado fue perfecto. Rico se corrió lanzando pequeños chorretes que se le quedaron alrededor del ombligo. Niko esperó unos segundos y dejó su sustancia blanca y pegajosa sobre sus musculosos pectorales, pero mientras se estaba corriendo, le dio tiempo a pensárselo mejor, agarró a Rico de la cabeza y le metió toda la polla dentro de la boca, haciéndole tragar como cuando se la mamó, hasta el fondo de la garganta, terminando de correrse dentro de ella, obligándole a tragar semen. Con sus largos dedos recogió los lefotes que le había dejado en el cuerpo y se los metió en la boca para alimentarle bien.

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