Bruno Max y Logan Moore se follan sin condones en el sofá | Men At Play

The Jealous Ex

Lo que queda cuando se acaba una relación es ir a casa de tu ex y reclamar tus pertenencias. Bruno Max estaba viendo un rato la tele por la mañana antes de irse al trabajo, cuando apareció por la puerta Logan Moore, el ex de su actual compañero de piso. Bruno jamás entendería cómo se había dejado ir una joyita como esa, pero así eran las cosas.

Os azules claros penetrantes que invitaban a soñar con las más perversas fantasías sexuales, una boquita en la que era imposible no reparar, una cara bonita. Pensó en lo bien que se lo deberían haber pasado en la cama mientras duró. Lo que no imaginaba era que una vez terminada la relación, Logan iba a tirarle los tejos reclamando de esa casa algo más que, aunque no le pertenecía, quería llevarse consigo antes de pasar por el dintel de la puerta de entrada.

Se acercó a Bruno, invadiendo su espacio personal, le puso una mano en el paquete y empezaron a darse el lote. Se agachó, le sacó la churra y se la mamó hasta dejársela durísima. No le costó mucho, porque al ver esa cabecita guapa tragándose su trompeta, Bruno izó la bandera en segundos. De poco le iba a servir, al menos de momento, porque Logan le dio la vuelta, le abrió las nalgas con los pulgares para comerle el ojete y cuando se puso de pie le dio por detrás sin avisar, metiéndole toda la polla por el culo sin condón.

Logan se levantó un poco la camisa blanca para ver su polla desfilar dentro de ese potente culazo grandote que le ponía perraco. Menudos balones tenía y con ese tatu numerado en uno de los cachetes, dejaba claro que su culo era propiedad del jugador que lo tomara entre sus manos. Bruno se asió a la mesa fuerte con las manos, aguantando las embestidas de ese ex cabrón, antes de tomarse la revancha.

Se dirigió al sofá donde momentos antes había estado viendo la tele, se sentó y Logan hizo lo mismo pero encima de sus piernas, hundiéndose la polla dentro del culo. Cuando se lo folló cara a cara machacándole desde arriba, viéndole entregado, gimiendo, con la mirada fija en sus ojos, tan guapo, aún comprendió menos por qué se habían dejado.

Los dos iban a llegar tarde al trabajo y ya no sólo por el rato que habían pasado follando, sino porque se dejaron las camisas y las corbatas llenas de lefa, así que iban a necesitar una buena ducha y un cambio de vestuario urgente. Lo mejor es que en la ducha no iban a poder resistirse a un segundo y definitivo asalto.

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