El fontanero Viktor Rom desatasca la tubería de Miiothy Miio con su gordísima polla y se corre en su cara | Fucker Mate

Ride my pipe

Nada más levantarse el sábado por la mañana bien cachondo, Miiothy Miio empezó a buscar teléfonos de fontaneros. Primero barajó pintores de brocha gorda y electricistas, pero al fregar los platos del desayuno fue ver las cañerías largas y gordas de la cocina y se le puso morcillona al pensar en una buena polla gorda con la que atragantarse como un puto cerdo.

Tras varias llamadas infructuosas y un par de fontaneros que no le despertaban la lívido, al final llegó un hombretón de pura cepa con el que el ojete del culo se le abrió literalmente nada más verle entrar por la puerta. En la solapa del mono de trabajo llevaba puesto su nombre. Viktor Rom, servicio de fontanería a domicilio. Le recibió como se merecía, recién salido de la ducha con la toalla alrededor de la cintura, dispuesta a caerse cuando a él le apeteciera.

Cada vez que le hacían reparaciones, a Miio le gustaba estar presente y vigilando, esa vez no para que no le robasen nada, sino para ver a ese tiarrón a cuatro patas, rebozándose en las alcantarillas de su casa, admirando su enorme culazo bien marcado en el mono. La picha se le puso dura, la toalla cedió por detrás y  cayó sola dejando a la vista su precioso culazo morenote y suave. El fontanero al verlo, comprendió qué cañerías necesitaba reparar realmente y se puso a ello.

Tras confesar que le encantaba comer culos, hundió sus morros entre las nalgas de Miio y en segundos le dejó la raja llena de babas. Cuando Viktor se levantó y descorrió la cremallera del mono de trabajo hacia abajo, a Miio casi le da algo. Primero vio esos pectorales de lujo, el torso fuerte y después casi se mareó al ver la gigantesca polla gorda, mejor que en sus sueños. Acudió como una perra en celo a comérsela.

El fonatero no era un tio pasivo que se quedaba mirando cómo le chupaban la verga, que va, el tio animaba el cotarro desde arriba animándole a comer, a tragar, le lanzaba salivazos para que el pollón resbalase mejor entre sus labios. Cuando todavía la tenía morcillona, aún pudo casi comérsela entera, pero la cosa se complicó cuando el trabuco empezó a ponerse duro y más grande.

A los tres cuatros de rabo le entraron arcadas al sentirla colarse dentro de su garganta, pero con un poco de ayuda de la manaza de Viktor detrás de su cogote y algo más de saliva, terminó besando los cojones del fontanero aguantando la respiración varios segundos, con los morros llenos de babas espesas que le caían como colgajos de lefa por la barbilla.

Después de eso, se tomó un respiro que le supo a gloria, porque el cabrón le dio de hostias con el rabo en la jeta y la rebozó por su carita toda dura y caliente. Tios así le convencían día sí y día también, de por qué amaba las pollas. Miio se puso a cuatro patas para él, en el suelo, donde los fontaneros se manejaban mejor. Separó un poco las rodillas para dejar su culo abierto y le dejó pasar.

Viktor se hizo un hueco entre sus piernas, se acercó por detrás y la hundió dentro de su agujero sin condón. A pesar de lo gorda que la tenía, Miio estaba tan cachondo desde que le vio aparecer por la puerta que entró enterita, incluso se dio el gustazo de menearse hacia adelante y hacia atrás para hacerle una paja, dejando que viera sus nalgas meneándose como flanes tragándose su gordísima polla.

Que entrase entera no significaba que no doliera un poco, sobre todo cuando Viktor se tumbó encima de él haciéndole besar el suelo mientras se lo follaba a saco. Al ver al fontanero desnudo casi se enamora. Ese cuerpazo fornido, tatuado, esa cacho polla al alza con los cacho huevos en la base. Le hizo sentarse en el sofá y le cabalgó con gusto, sintiendo las manos calientes en sus cachas, sintiendo que le poseía por completo.

Volvió a darle la espalda, esta vez arrodillado en el sofá. Notó su enorme rabo entrando por el agujero y después el calor de su torso arropándole. Follado y protegido. El fontanero le había desatascado la tubería principal y ahora él se lo iba a pagar limpiándole la herramienta de trabajo. Encaró su pipa cara a cara y estuvo ahí cuando Viktor se pajeó la polla, se le hinchó el cipote y profirió un grito de gusto eterno.

La lefa empezó a manar de su polla, caliente, blanca, espesita, depositándose en su bigote, en su barbilla, sobre sus labios, colándose por su boca y por los orificios de la nariz, obligándole a saborearla y a escupirla. Viktor le rebozó una vez más la polla por toda la cara restregándole el semen por encima. Otro cliente satisfecho y que seguramente jodería de nuevo las cañerías a posta el próximo fin de semana.

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