Raphael Louis juega a solas y se masturba en la cama | MASQULIN

Moner

Desde hace semanas siempre tengo el mismo sueño húmedo del que necesito desquitarme de alguna manera. No se me va ni a pajas. En él me despierto, no sé muy bien donde, dentro de una habitación con una cama y cortinas blancas que se mecen con el viento y en la cama hay un tio guapo y cachas dormido, con el torso desnudo. Sé que está casi completamente desnudo, no me preguntes cómo, pero lo sé antes de que despierte.

Se despereza sobre las sábanas. No me ve, se cree que está solo y hace cosas de chicos, lo que cualquier tio suele hacer un sábado por la mañana con todo el tiempo del mundo por delante, pero yo estoy ahí, mirando, viendo cómo repara en lo bueno que está, acariciándose el cuerpo, el pectoral, la tetilla, el sobaco, retirando las sábanas hacia el pie de la cama y tocándose el paquete por encima.

Raphael Louis está empalmado. Veo cómo el lateral de los calzones hacia el que calza la polla se levanta un poco. Justo en el momento en el que me agacho para ver si acierto a verle la minga, se la saca, como si fuera a mear, solo que en vez de salir un rabo flácido, se saca un buen pollón largo y gordo cuyo destino no es ir a orinar precisamente, sino ser castigado en un cinco contra uno.

Sigue jugando a cosas de chicos. Se pone a cuatro patas sobre la cama y simula follarse al amigo invisible que tiene debajo. Yo no puedo hacer otra cosa que recrearme con su culazo blanquito y con todo lo que le cuelga entre las piernas. Francamente, me pone golfo. Entonces posa el pecho contra el colchón, se agarra una nalga con una mano y desenfunda la raja de su culo. Se pajea, esta vez simulando que otro tio le da por detrás.

Vuelve a ponerse de rodillas. Su picha está incluso más crecidita que antes de empezar a pelársela. Cuando creo que está a punto de mojar las sábanas con su semilla, se tumba y se la casca duro, con movimientos rápidos. Adivino el momento en el que está a punto de correrse porque gime y frena en seco dejando la polla tiesa. La leche empieza a salir del rabo mojando su escultural cuerpo. Entonces mira hacia donde yo estoy, con esos grandes ojazos verdes. Y me corro. No se me va ni a pajas.

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