Rhyheim Shabazz rellena el culazo de Sean Zevran con su gigantesco rabo y se lo refolla después de dejarle un poso de lefa en el ojete | Cocky Boys

Redux

Su culo ya tenía dueño. Tener a un negrazo atractivo y musculoso como Rhyheim Shabazz sobre la cama, hacía que Sean Zevran se pusiera tan cachondo como para abrirle todos los agujeros de su cuerpo. El primero sería la boca. Sean se encargó de poner en vertical la larguísima picha de ese tiarrón morenote, descomunal, impresionante, interminable y se la pajeó entre los labios.

Tan larga que apenas le cabía en la boca ni un tercio. Se puso de rodillas a mamar como una buena puta, acoplando una mano a ese exagerado rabo y pelando de arriba a abajo, con un buen grado de libertad, todo el trabuco que su orificio no podía chupar. Lo jodido es que el cabrón todavía la tenía morcillona así que, pensando en las dimensiones que ese pollón podría llegar a adquirir, Sean se puso perraco y disfrutó como un cerdo de ese badajo, mamando y dándose unas buenas hostias con él en la jeta.

A medida que se iba poniendo dura, Sean vio ante sus ojos un gran reto que sólo pudo satisfacer con la boca y ahora dos manos, chupando la parte superior del rabo hasta que el cipote le tocaba la campanilla y las otras dos manos bien agarradas al gigantesco mango, una a continuación de la otra, sin dejar de masturbársela con todo lo que podía. Y ni por esas lograba abarcar lo larga que era.

El esfuerzo daba su recompensa. Nada le dio más placer que quedarse mirando la entrepierna de un macho negrazo con la polla bien empalmada, dispuesta a joderle el agujero del culo como nunca antes nadie lo había hecho. Nunca se había sentido tan realizado y tan relleno que cuando se la metió por detrás, a pelo, descubriendo nuevos placeres en el interior de su cuerpo a medida que le encajaba más y más centímetros de un rabaco que parecía no tener fin.

Su culazo ahora pertenecía a otro hombre. Ya no era suyo. Mientras la pija entraba y salía dándole un placer que no era normal, Rhyheim le agarró por la cabeza y el cuello, luego por las caderas, posadas en sus nalgas. Manos grandes, hábiles y calientes. Después un brazo apresándole por detrás, rodeando su cuello, el aliento de la follada en su oreja.

Se tumbó bocarriba en la cama y se abrió de piernas. Hasta ahora había comprobado la energía de ese cabrón por detrás, pero frente a frente era otra historia. Rhyheim le abrazó y se pusieron cabeza con cabeza, frente con frente, bien pegados, mirándose, echándose le aliento, escuchando de cerca sus gemidos. Sean acertó a mirar hacia abaho un poquito y lo que vio le dejó impresionado, Rhyheim machacándole el trasero, metiendo y sacando entera su larguísima verga desnuda de su culo. Y cada vez que se la metía hasta adentro, dándole un buen toque con las bolas en la raja.

Sean acabó con el culo hacia arriba, taladrado, dejando que ese machote se diera el lujo de penetrarle el ojal sin condón a placer. Vio cómo sacaba la polla y se la masturbaba encima. Vio cómo la lechecita empezaba a salir de la raja de su gordo cipote, como si echara agua de una botella en un vaso. La botella era su enorme polla cargada y el vaso era el ojete de su culo. Le rellenó el agujero de lefa y le volvió a meter la polla, dejándole un buen poso blanco alrededor.

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