El super dotado Brad Hunter prueba rabo a pelo penetrando su apretado agujerito | Bentley Race

Tener a Brad Hunter en la habitación era como tener un pedazo del Reino Unido a su alcance, aunque el chaval fuera australiano, pero sus facciones angulosas, su cuerpo algo atlético y blanquito, hacian como si se sintiera de ese lugar de Europa. Esta vez no le pillaría por sorpresa como la primera vez, cuando se desnudó, se quitó los calzones y su verga comenzó a crecer de forma exponencial sin límite, a lo largo y a lo ancho.

Pues no hubo forma. Volvió a quedarse con la boca abierta a medida que se quitaba los gayumbos de Andrew Christian, mientras la goma de los calzones iba resbalando por una gigantesca y gordísima tranca. Delgadito y con semejante pollón. A Ben nunca dejaban de sorprenderle algunos chavalitos que se llevaba al hotel. Qué cojones les habían dado de comer para tener esas mazas colgando entre las piernas.

Le dejó que se pajeara un poquito. Ben tuvo dificultades para hacer las fotos desde ese momento, porque la polla estaba empezando a incomodarle en los calzones, mientras veía cómo al chavalín de apenas 21 años se le ponía todavía más grande, dura y tiesa. Al verle más desenvuelto que la última vez, Ben se acercó a comerle el trabuco.

Sintió los tropezones de sus gruesas y enormes venas en los labios, mientras una gordísima polla le obligaba a abrir la boca como nunca. Le subió las piernas hacia arriba para comerle el culito suave y blanco. Se dejó. Lo tenía super cerrado, como si nunca se la hubieran metido. No le preguntó por si acaso, le hizo darse la vuelta de rodillas mirando hacia el respaldo y se lo folló a pelo, imaginando que era el primero.

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