El chulazo Aspen se folla sin condón al caminante Elliot Finn en el cobertizo | Next Door

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El único miedo que Aspen tenía después de haber comprado aquella casa era que se acercase el día de Halloween. Incapaz de conciliar el sueño, recién salido de la cama con sus pantalones cortos negros y una camiseta extremadamente ajustada que marcaba los musculazos que recordaban lo bueno que estaba, salió de su habitación y bajó hasta el cobertizo.

Según la leyenda, la casa se había construído encima de lo que antiguamente fue un cementerio. Encendió la luz, se rio de sí mismo al ver que todo lo malo que pudiera imaginar estaba dentro de su cabeza y jugó con las fuerzas sobrenaturales repitiendo tres veces un deseo: “Quiero polla, quiero polla, quiero polla“.

No necesitó estar delante de un espejo para que sus deseos fueran escuchados en el inframundo. Detrás de él apareció un chavalote guaperas aunque con la cara completamente blanca y unas ojeras de aúpa que se avalanzó hacia él como si fuera un caminante dispuesto a devorarle entero comenzando desde el cuello. Aunque lo que terminó devorándole fue la polla, porque con lo poco que le debía de quedar de cerebro, se agachó, le bajó los pantalones y le merendó el trabuco con todos sus huevos peludos de macho colgando.

A Aspen se le puso durísima, pasando de tener la polla morcillona a convertirse en un fusil tieso y empinado. Antes tenía miedo de las leyendas bajo el suelo de su nueva casa, pero ahora lo que le daba miedo era ensar que los no muertos comieran mejor el rabo que los vivos. Se agarró fuerte a un poste de madera, manteniendo el equilibrio y poniendo los ojos en blanco, sintiendo el gustito de la mamada que Elliot Finn le estaba metiendo.

Le devolvió la mamadita. Aspen no sabía que los caminantes pudieran trempar, pero ahí estaba, llenándose la boca con el pedazo cipote de ese chaval salido del averno. Y si había aparecido de la nada como resultado de pedir un deseo… quizá pudiera cumplir con él otro deseo. Se sentó en una escalera pequeña que había cerca en el cobertizo, se puso la verga recta y el chavalote se sentó encima metiéndosela por el culito sin condón.

No es que a Aspen le faltaran culos que follar, que con lo bueno que estaba, candidatos tenía por todas las esquinas, pero lo de follar a pelo se le resistía precisamente por tener esa fama de follador. Se zumbó a ese chulito metiéndole la zambomba hasta el fondo, cascándose las pelotas en los cachetes de su culo y terminó la faena en el suelo del cobertizo, sacando el rabo de ese culazo tragón y caliente y propinándole una lluvia de esperma en los muslos y la entrepierna.

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